"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



lunes, 24 de febrero de 2014

El aspecto diabólico de la revolución

"Las revoluciones, inevitables en la vida de las sociedades, inspiran a unos horror y disgusto, pero en otros despiertan la esperanza de una vida nueva y mejor. Un Príncipe de este mundo es el que gobierna la sociedad humana, y la gobierna en la injusticia. De modo que es natural que periódicamente estallen revueltas contra ese gobierno fundado en la injusticia. Pero el Príncipe del mundo no tarda en aprovechar esas revueltas para entregarse a nuevas injusticias, y eso es lo que confiere a la revolución un doble aspecto. Por la revolución se cumple el juicio de Dios. La revolución comporta un momento escatológico; diríase que anuncia la proximidad del fin de los tiempos. Pero la revolución es al mismo tiempo una enfermedad, pues muestra que no ha habido fuerzas creadoras para reformar la sociedad, que las fuerzas de inercia llevaron la ventaja. Hay un elemento demoníaco en la revolución: ésta constituye la explosión del espíritu de venganza, de odio, de muerte. El resentimiento acumulado obra a través de la revolución y rechaza o aniquila los sentimientos inherentes a la actividad creadora. Sólo puede desearse una revolución de la que esté ausente el elemento demoníaco, pero éste es el que en un momento determinado triunfa siempre. La revolución, cuando se mantiene dentro de ciertos límites, se efectúa bajo el signo de la libertad; pero al exceder esos límites, se coloca bajo el signo de la fatalidad. La revolución es el fatum de las sociedades humanas. Por la revolución, el hombre quiere librarse de la esclavitud con relación al Estado, a la aristocracia, a la burguesía, a los santuarios y a los ídolos corrompidos por la mentira, pero no tarda en hacerse esclavo de una nueva tiranía. Herzen era revolucionario y socialista. Pero estaba exento de ilusiones optimistas y tenía una penetrante visión del porvenir. Llamaba a la 'lucha de los hombres libres, contra los libertadores de la humanidad'. Decía que 'las masas entienden por igualdad una opresión igual, y que la verdad pertenece a la minoría'. Y agregaba: 'El hombre no conocerá la libertad hasta que todo lo político y religioso se haya vuelto humano y simple'; 'no basta con odiar a la corona, también hay que renunciar al respeto al gorro frigio; no basta con tachar de crimen la lesa majestad, sino que también debe verse un crimen en el salus populi'. Esto significa que Herzen era personalista y que su revolucionarismo era igualmente personalista, a pesar de la ingenuidad  y de la debilidad de la justificación filosófica de su personalismo. Esto significa igualmente que Herzen estaba libre del mito revolucionario. Quería ser revolucionario, pero preservando al mismo tiempo la libertad humana, sin abdicar su libertad de juicio. Tarea sumamente difícil. La más difícil de las revoluciones, la que todavía no se ha hecho, y que sería la más radical de todas las revoluciones, sería la revolución personalista, hecha en nombre del hombre, y no en nombre de tal o cual sociedad. La revolución verdadera, profunda, es la que tiene por meta el cambio de los principios en los cuales se asienta la sociedad, en vez de inscribirse en la historia por haberse señalado por una efusión de sangre que se produjo tal día a tal hora."

Nicolás Berdiaev, "Esclavitud y libertad del hombre".

2 comentarios:

Charlotte Eyre dijo...

He estado buen tiempo revisando tu blog, me encanta!, hay mucho para reflexionar, espero sigas actualizando.

Saludos!

Sahaquiel dijo...

Hola, Charlotte. Muchas gracias por tu comentario; me alegra saber que lo que aquí se publica te resulta interesante. Por el momento, tengo medio abandonado este sitio, en parte por falta de tiempo y de inspiración, pero también porque estoy publicando en otro blog con el objeto de explorar y profundizar en ciertos temas concretos, con una orientación más definida. Tal vez algún día lo retome en serio.

Saludos.