"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



domingo, 24 de abril de 2011

El grano de trigo

"...y entonces, por vez primera, no supieron decirse una palabra. Porque pensaban: 'Ahora da flores la Muerte', y se inclinaron a un tiempo para apreciar el aroma de la joven floración."

Rainer Maria Rilke

Tras el ocultamiento de la Luz, y la victoria aparente de la muerte, el Sol de Justicia se eleva triunfante: ¡Christos anesti!

"El hombre verdadero no pudo ser sino mortal y no pudo elevar a la inmortalidad la naturaleza mortal más que expoliando la mortalidad por medio de la muerte. Oigamos cuan bellamente nos instruye la Verdad, hablando sobre esto, cuando dice: "Un grano de trigo que cayera en la tierra no estaría muerto si permaneciera él solo, pero si estuviera muerto produciría mucho fruto". Si Cristo hubiera permanecido siempre mortal, aunque nunca hubiera muerto ¿cómo hubiera dado la inmortalidad a la naturaleza humana un hombre mortal? Aunque no hubiera muerto, sólo habría permanecido mortal sin muerte. Era preciso por tanto que Él se liberara mediante la muerte de la posibilidad de morir, si había de producir mucho fruto, para que exaltado de esta forma, atrajera hacia sí todas las cosas, pues entonces su potestad no sólo se ejercería en el mundo y en la tierra corruptible, sino también en el cielo incorruptible."


Nicolás de Cusa, "La Docta Ignorancia"

He ahí que, en el recuerdo y actualización ritual de la Historia Sagrada, se encuentra, perfectamente señalado, el camino por el que cada hombre puede aspirar a su destino final: la vida verdadera que surge, glorificada e incorruptible, desde las oscuras entrañas de la muerte.

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"Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará." (Mateo 16: 25)

¡Felicidades!