"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



martes, 9 de agosto de 2011

Ascenso a la Verdad

"El hombre superior evita a los demás el mal que él ha vencido.

El hombre inferior inflige a todos el mal que le ha sometido"

Louis Cattiaux

Thomas Merton, monje de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, reconocido escritor de origen norteamericano que también incursionó en la poesía, publicó en 1951 un lúcido y esclarecedor ensayo sobre la enseñanza espiritual del célebre místico carmelita San Juan de la Cruz, bajo el título "Ascenso a la Verdad" (The ascent to Truth), obra de profunda inspiración tradicional que, más allá de los posteriores acercamientos del autor a los caminos espirituales de oriente, se enmarca rigurosamente dentro de la ortodoxia cristiana, más específicamente, en la Iglesia latina, pues toma como fundamento principal el corpus doctrinal de Santo Tomás de Aquino. Esto no impide, de más está decirlo, que gran parte de las observaciones tengan un alcance verdaderamente universal, pudiendo ser extrapoladas a tradiciones diferentes. La edición con la que contamos, y de la que hemos extraído todas las citas, es la publicada por Lumen en 2008.

Tal vez se podría objetar que en la poesía del santo español aparecen expresiones y símbolos que claramente exceden los esquemas de la escolástica latina, pero no hay que perder de vista que su formación académica, tal como se explica en el libro, era eminentemente tomista, y si bien, como en toda obra auténticamente "inspirada" los versos dicen más de lo que se ha querido decir expresamente desbordando a través del lenguaje mismo su propio discurso, es natural que en sus comentarios en prosa, donde busca explicar y sustentar doctrinalmente su poesía, estén en cierto modo condicionados por su instrucción teológica. Recordemos, además, que él mismo admitía sentir "alguna repugnancia" por tener que comentar su poema "Llama de amor viva", respondiendo al pedido de la noble Ana de Peñalosa, "por ser de cosas tan interiores y espirituales para las cuales comúnmente falta lenguaje; porque lo espiritual excede al sentido". [1] Por otro lado, Merton no deja de reconocer la influencia, directa o indirecta, de Gregorio de Nisa, el pseudo Dionisio y la Patrística griega en general, por lo que su tesis nos parece perfectamente válida.

Uno de los motivos principales por los que consideramos pertinente reseñar este libro es que a través de su claridad conceptual permite despejar un gran número de errores, confusiones y desviaciones concernientes al trabajo interior harto frecuentes no sólo en ambientes ocultistas y de corte new age, sino también en lugares donde cabría esperar, por lógica, una mayor seriedad.

Para empezar, deja en claro que, desde el punto de vista cristiano, el mundo en el que el individuo se desarrolla no podría ser tomado simplemente como una efímera ilusión, o como puramente ilusorio desde cualquier perspectiva en que se lo considere, aunque lo sea en efecto comprendido tal como es en sí mismo y como separado del Principio; pero si esto es afirmado literalmente, lo verdaderamente ilusorio no es la creación en sí, sino el modo en el que se la percibe. Por lo tanto, cuando el místico se refiere a ésta diciendo que es una "pura nada", debe entendérselo en un sentido figurado. "El mundo, nos dice Merton, es metafísicamente real. Las criaturas pueden llevarnos eficazmente al conocimiento y al amor de su Creador y del nuestro. Pero dado que el mundo creado está presente en nuestros sentidos, y Dios tal como es en sí mismo se halla infinitamente más allá del alcance de los sentidos y la inteligencia, y puesto que el desorden del pecado hace que tendamos a preferir los bienes sensibles antes que los otros, tendemos a procurar las cosas buenas de esta vida como si fueran nuestro fin último".

De esto se desprende que la theoria physica de los Padres griegos, que más que una ciencia especulativa es un soporte tendiente a la posesión desapegada de las cosas, no es un mero juego dialéctico entre "visión" e "ilusión", sino que "consiste en el don ascético del discernimiento que, con una mirada penetrante, capta lo que son y no son las criaturas. En esto consiste el contrapeso intelectual de la voluntad que se desapega. Discernimiento y desapego (krisis y apatheia) son dos características del alma cristiana madura." Es de esta manera como el mundo y sus criaturas pueden revelarse al santo como los caracteres epifánicos de su realidad interior, pues las conoce "de acuerdo con sus realidades" y "tal como ellas son", es decir, no como entidades contingentes y perecederas, sino tal como son eternamente en el seno de Dios.

Otro punto interesante para señalar es el papel que debe desempeñar la fe en la vía del místico y cómo es que ésta debe ser concebida, pues, como veremos, cuando es lo que debe ser, no se trata de un simple rechazo de la razón y de todo ejercicio intelectual para dar lugar a una ciega aceptación de un enunciado doctrinal cualquiera; es más bien la orientación inicial, necesaria para todo el trabajo posterior, que conduce al creyente que utiliza conjuntamente su entendimiento y su voluntad hacia la comprensión de una Verdad que trasciende infinitamente sus facultades individuales.


"En sí mismos, los misterios de la fe son supremamente inteligibles, pues están profundamente inmersos en la Verdad eterna y la infinita Inteligencia de Dios. Por esa misma razón somos incapaces de penetrar sus profundidades mediante la mera luz de nuestra razón."


Ahora bien, resulta evidente que el reconocimiento de la impotencia del razonamiento discursivo ante un tipo de conocimiento de orden suprarracional no debería implicar una consecuente negación del pensamiento ni mucho menos el abandono definitivo del individuo en una pasividad absoluta, pues, desarmado y encerrado entre las paredes del ego, no tendría manera de escapar a sus propias limitaciones, pero sabemos que vulgarizaciones simplistas de ese estilo son las que generalmente abundan.

Sería erróneo, pues, afirmar que la vía propuesta por San Juan de la Cruz, que no es en esencia diferente a la de otros tantos sabios cristianos, presupone necesariamente la ausencia de ascetismo, de método y de una preparación doctrinal adecuada, dejando al individuo librado a influencias de todo tipo sin que pueda establecer entre ellas una discriminación cualquiera, como sí ocurría de hecho en el quietismo de Miguel de Molinos, doctrina herética condenada oficialmente por la Iglesia.


"San Juan de la Cruz no exige que un hombre espiritual renuncie a toda actividad intelectual y afectiva desde el mismo comienzo de su vida espiritual. Ésta es una de las grandes diferencias que hay entre san Juan de la Cruz y el quietista Molinos. San Juan de la Cruz insiste en que el principiante debe meditar sobre las verdades espirituales. Debe mantener su mente activa a fin de entender los principios espirituales e incluso los filosóficos."


La pasividad, o mejor dicho "receptividad", debe entenderse en última instancia respecto del Principio supremo que infunde pasivamente la Verdad en el virginal receptáculo del alma purificada, pero no con respecto a los diferentes estados espirituales.

Justamente, una de las ideas fundamentales que recorren este libro de principio a fin es la revalorización, en su justa medida, de la razón y de la actividad del pensamiento en general como medio que conduce y predispone al hombre hacia la trascendencia y la comprensión de lo incomprehensible. Merton es contundente al hablar del conocimiento conceptual adquirido por el individuo según su modalidad humana, y declara sin titubear:


"No sólo podemos sino que debemos usar los medios ofrecidos por este conocimiento a fin de llegar a Dios. Veremos que hasta el oscuro conocimiento místico de Dios que está más allá de todo concepto depende, sin embargo, de la existencia de los conceptos. Ellos son su punto de partida, el trampolín desde donde se lanza hacia el abismo de Dios."


Ahí es donde caemos inevitablemente en el terreno de la paradoja, pues la inefabilidad del Absoluto, tal como es declarada desde la teología apofática, puede ser referida sin embargo de modo positivo, analógicamente y por medio de conceptos. Para explicar mejor este punto, señala:


"Todas las perfecciones de Dios son ilimitadas y por consiguiente constituyen una única realidad idéntica. Nos resulta imposible entender las nociones de justicia y de misericordia a menos que de alguna manera estén divididas entre sí y contrapuestas. En Dios, la justicia es misericordia, la misericordia es justicia, y ambas son sabiduría y poder y ser, pues todos Sus atributos convergen en una Realidad infinita que los eleva más allá de toda definición y comprensión.

Sin embargo, aunque todos los Nombres Divinos son objetivamente una realidad idéntica en Él, no deben ser entendidos como sinónimos por nosotros. Igual que la luz blanca, fraccionada en los distintos colores del espectro, la Realidad única de Dios sólo puede ser abordada por nosotros bajo muchos aspectos diferentes."


La afirmación y la negación no son entonces dos alternativas por las que se pueda optar arbitrariamente, sino dos aspectos complementarios de un único camino que se eleva por encima de toda contradicción aparente, pues "si afirmamos sin negar, terminaremos afirmando lo que hemos delimitado como el Ser de Dios en nuestros conceptos. Si negamos sin afirmar, acabaremos negando que nuestros conceptos puedan decir la verdad sobre Él en algún sentido."

Es imperante, entonces, recuperar esta perspectiva intelectual si es que el hombre quiere ponerse en guardia frente a dos graves peligros que el monje claramente advierte:


"Primero, no debemos tomar nuestro conocimiento conceptual por lo que no es. Segundo, tenemos que tomarlo al menos por lo que es. No debe ser subestimado ni sobreestimado. Estos dos excesos desembocan en el ateísmo prosaico. Si le atribuimos demasiado poder a nuestras 'claras ideas' sobre Dios, acabaremos por hacernos un Dios a nuestra propia imagen, a partir de esas claras ideas. Si no dotamos a los conceptos con alguna pujanza que exprese la verdad acerca de Dios, cortaremos todo contacto posible entre nuestras mentes y Él."


En otras palabras, para que la afirmación de un Dios personal no devenga una suerte de idolatría metafísica es necesaria la teología negativa, porque los atributos de la Persona divina, según la teología afirmativa son una sublimación de los atributos de la criatura; sin embargo, las consecuencias de una pura negación no son por eso mismo, a fin de cuentas, menos nefastas, puesto que el Dios personal sigue siendo necesario para poner al Absoluto en relación a las criaturas; de otro modo, no sólo se rechazarían todos los soportes de los que el individuo naturalmente podría servirse en su progreso espiritual, sino que incluso estaría negando su propia singularidad esencial como ser creado "a imagen y semejanza" de su Creador, y el "conocimiento de sí mismo" ya no tendría más alcance que el de un inocente juego introspectivo.

No estará de más traer a colación un sugerente pasaje de Henry Corbin que apunta también en esta misma dirección:


"Lo absolutamente indeterminado no deviene el Deus revelatus, determinado, que exige la via positionis, sino en relación a la criatura en tanto que ese Deus revelatus es su creador. Es preciso pues que el Absoluto salga de su condición de tal, establezca una criatura personal de la que es personalmente el Dios, de manera que el Dios personal no es en modo alguno la negatividad originaria que hemos visto denunciar (...) como la 'primera muerte de Dios'. Es, por el contrario, el 'nacimiento divino' que adviene en ese paso de lo Absoluto a la persona." [3]


En fin, éstos son sólo algunos de los temas que se abordan a lo largo de la obra, tan simple y bella como profunda y esclarecedora, y no creemos, por cierto, haberle hecho justicia con estas breves reflexiones. No podemos sino recomendar encarecidamente su lectura.

Para finalizar, dejamos unas palabras más del propio Merton que resumen a la perfección todo lo expuesto hasta aquí:


"Tan pronto como el mundo de los fenómenos cesa de ser una manifestación inteligible de lo Absoluto, y tan pronto como nuestros pensamientos y nuestras palabras dejan del todo de proporcionarnos un medio objetivamente válido de comunicarnos con Dios, caemos en el agnosticismo. Esto es cierto, incluso cuando le hayamos negado a las palabras y los conceptos su poder de mediación con Dios a fin de honrar la espiritualidad pura de la Naturaleza Divina. Y aun cuando este agnosticismo sea adoptado para garantizar la pureza de una experiencia interna, individual e incomunicable de Dios, siempre serán deplorables sus concecuencias intelectuales y morales."



[1] San Juan de la Cruz, "Poesía completa y comentarios en prosa", ed. Planeta, 2000, España.
[2] Henry Corbin, "La paradoja del monoteísmo", ed. Losada, 2003, Madrid, España.

22 comentarios:

Miserere mei Domine dijo...

Maravillosa entrada Sahaquiel.

He leído alguna obra de Meltón, pero por desgracia no ha sido "Ascenso a la Verdad". La pongo en la lista de "se busca".

La entrada merece ser releída y meditada con tranquilidad, ya que muestra una estupenda síntesis del problema del acceso a Dios que tiene el hombre contemporáneo.

Un abrazo en el Señor , :)

Máximo Lameiro dijo...

En principio me alegra que hayas vuelto a publicar, Sahaquiel :-)

Merton es un autor profundo, y creo que todos, cristianos o no, tenemos algo, sino mucho, para aprender de él.

Tu post toca cuestiones sumamente importantes y daría mucho que decir, pero prefiero abstenerme para no ser invasivo...

Un abrazo

carlos dijo...

Interesante el post, aún no he leído a Merton pero tengo pensado hacerlo.
¿Estaríamos hablando, entonces, de un misticismo activo?, ¿no sería acaso eso una contradicción?
¿No confunde Merton "fe" con "intuición intelectual", la que sí estaría “inmersa en la verdad eterna y la infinita inteligencia de dios”?
Y por último, ¿el método que mantendría activo al místico no supone necesariamente de ciertos medios otorgados por un “maestro” u “orden” como las que existieron durante la Edad Media o las que aún existen en la dimensión interna del Islam con las "tariqas"? Sería bueno enterarse sobre el estado actual y la naturaleza de la Orden Cisterciense, tal vez ahí se mantenga vigente una enseñanza metódica. ¿Conoce alguna obra al respecto?

Carlos

Sahaquiel dijo...

Miserere: Muchas gracias por tus palabras, me alegra tenerte por aquí.

Considero que el libro es un buen "antídoto", al menos como punto de partida, para evitar muchos de los típicos problemas que pueden presentarse por las malinterpretaciones, tan comunes en esta época, de ciertos aspectos básicos de la doctrina tradicional.

Un abrazo fraterno.

Sahaquiel dijo...

Máximo: ¡Muchas gracias! A mí me alegra volver a contar con tus comentarios.

Ciertamente, Merton es un contemplativo de quien hay mucho para aprender, y su enseñanza, de más está decirlo, tiene un alcance universal. Lo he descubierto hace poco tiempo y su lectura me ha resultado sumamente enriquecedora. Quizá en ciertos ambientes, pretendidamente tradicionales, no se le preste la atención que se merece.

Un fuerte abrazo.

Sahaquiel dijo...

Carlos: La vía seguida por San Juan de la Cruz, según se explica en este libro, para nada se contrapone al ascetismo, que requiere de una actitud eminentemente activa y del concurso de la voluntad del individuo, sino que lo incluye como un complemento necesario al trabajo intelectual y la adquisición de un sólido conocimiento teórico de la doctrina tradicional. Se lo diferencia, en varias oportunidades y muy claramente, de otras modalidades del misticismo, tales como el ya mencionado "quietismo" donde efectivamente el individuo queda librado a una casi completa pasividad, con todos los peligros que ello implica. No me parece que haya contradicción alguna, se trata simplemente de una discriminación necesaria para no englobar todos los caminos espirituales, o supuestamente espirituales, dentro del cristianismo en una generalización abstracta, como si tratara más o menos de la misma cosa, cuando salta a la vista que no es así.

Merton para nada confunde "fe" con "intuición intelectual"; siento que el post pueda haberse prestado a una confusión de ese tipo. En el texto citado al que está haciendo alusión no se habla propiamente de "fe", sino de los llamados "misterios de la fe", que incluso desde un punto de vista teológico, y más allá de que se pueda especular sobre ellos largamente a través de un razonamiento discursivo, son reconocidos como verdades esenciales cuya aprehensión más profunda escapa a las facultades individuales. Pero si decimos que son "supremamente intelegibles", es porque su realización plena depende propiamente del Intelecto, entendido en su acepción más elevada. La "fe" no es sino el punto de partida, una "orientación", si se quiere, hacia los misterios en principio inaccesibles.

Merton dice: "En la visión beatífica, Dios es formal e inmediatamente alcanzado y asumido por un acto del intelecto." Aquí sí hay que entender esto en el sentido de una "intuición intelectual".

En otra parte, se deja en claro que esto presupone la superación de todo conocimiento analógico, o por reflejo; es un conocimiento directo e inmediato de la verdad divina.

"La visión perfecta de Dios es una clara intuición que con una mirada capta y, en cierta medida, comprende todo lo oscuramente revelado, de manera fragmentada, por todos los separados artículos de fe, por todas las verdades que Dios reveló e incluso por aquellas verdades sobre Dios y su creación que la razón puede dominar, analógicamente, por medio de la filosofía."

Hablando en otros términos de la "visión beatífica", también dirá:

"No lo podemos ver con nuestra inteligencia, porque ninguna inteligencia que no sea Dios puede ver a Dios. Dios mismo debe convertirse en nuestra visión de Dios."

En fin, estimo que esto es una muestra suficiente de la perspectiva intelectual en la que se coloca el autor.

El libro no habla detalladamente de métodos o técnicas específicas de realización, que en todo caso serían las de la Orden Carmelita, por lo menos tal como era en esa época (desconozco la situación actual). De todos modos, no es la intención del post hacer una comparación entre la vía sugerida por San Juan de la Cruz y los métodos propios de una organización iniciática cualquiera, ni tampoco evaluar los diferentes alcances, si es que los hay, entre una vía y la otra, sino simple y modestamente dar a conocer algunas de las apreciaciones que Merton nos dejó acerca de la dimensión más profunda del camino tradicional, no aplicables, como ya se dijo, exclusivamente al cristianismo.

Sobre la Orden del Císter, no sabría decirle, y el libro en ningún momento habla de ella, pues está centrado principalmente en la obra del santo español. Eso debería responderlo, en todo caso, algún monje que pertenezca a la misma.

No estoy seguro de que el autor pueda llegar a interesarle, pero igualmente es un libro digno de ser recomendado.

Saludos.

Máximo Lameiro dijo...

Personalmente adhiero a esta precisión de Sahaquiel:

"La "fe" no es sino el punto de partida, una "orientación", si se quiere, hacia los misterios en principio inaccesibles"

Y a propósito del tema cabe recordar también aquello de 'credo ut intelligam'...

Pero si por la fe (el 'creer' en sentido religioso, que no es el simple creer mundano)se llega a inteligir, es claro que no se trata de dos realidades separadas y mucho menos antitéticas sino de dos instancias, dos grados si se quiere, del conocer.

Abrazos

carlos dijo...

Insisto en la contradicción de misticismo activo por lo que considero – siguiendo a Guenon – que la vía propiamente mística se caracteriza por la vaguedad y la confusión, limitándose el individuo a recibir pasivamente lo que se le presenta sin la capacidad de discriminar el tipo de influencias a las que se encuentra “abierto”. Me refiero al misticismo como se entiende hoy en día y no lo que implicaba originalmente, emparentada con los "misterios" antiguos. Ciertamente que dentro del exoterismo religioso podrán existir casos de ascetismo, como por ejemplo los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, pero estos se asemejarán más a los métodos propiamente iniciáticos que a un producto simplemente místico. En el fondo no serán más que una ascesis religiosa (y no necesariamente mística, pues no todo lo religioso es místico) y sus metas serán demasiado limitadas en relación a una ascesis y método de carácter iniciático. Ahora bien, más allá de estas diferenciaciones sutiles entre el ascetismo religioso, el iniciático y lo propiamente místico, éste último posee un valor relativo que no se puede negar tampoco, aunque el mismo implique más "austeridad" que "ascesis". “La vía iniciática y la vía mística pueden coexistir perfectamente, pero lo que queremos decir, es que es imposible que alguien siga a la vez la una y la otra, sin prejuzgar nada de la meta a la cual pueden conducir, aunque, por lo demás, ya se puede presentir, en razón de la diferenciación profunda de los dominios a los que cada una se refiere, que esa meta no podría ser la misma en realidad”. Está claro que en la práctica de realización espiritual la “vía bakhti” de la fe y devoción (y posible misticismo) se entrelaza con la “vía jnani” del conocimiento puro (iniciación), pero en el plano teórico doctrinal sí deben diferenciarse y distinguirse me parece, por el bien del entendimiento racional y la comprensión intelectual.

Entendería si es que no comparte esta explicación guenoniana sobre tema, pero personalmente no he encontrado ninguna otra explicación teórica doctrinal que explique mejor aquellas diferencias de estado o condición.Sé que su post, como dice, no tiene la intención de establecer las diferencia entre las vías iniciáticas y místicas, pero como afirmó en respuesta a mi comentario la posibilidad legítima de un misticismo activo eso me dio pie a centrarme en el tema. No es mi intención entrar en polémica ni mucho menos, simplemente me interesa comparar puntos de vista para ver en qué podría estar equivocándome. Estoy abierto a escuchar otras ideas. No me considero una especie de "guenólatra" y creo anteponer -en lo que respecta al conocimiento intelectual- la razón y la lógica a los apasionamientos de cualquier tipo.

Con respecto a las aclaraciones que hace sobre la fe y la intuición intelectual estoy completamente de acuerdo. Me pareció que las citas que utilizó de Merton confundían el papel de la fe con el de la intuición intelectual. También creo en la importancia de la fe como medio para acceder a la realización espiritual, pudiéndose entender hasta como dice Maximo Lemeiro, como dos grados complementarios del conocer. Aunque en el fondo consistan en dos facultados cognitivas diferentes, una psíquica y la otra intelectual. Estoy de acuerdo con lo que dice que la fe no es sino un “punto de partida” y una “orientación” necesaria hacia los misterios principales, siendo quizá la intuición intelectual el acto de realización de dichos misterios.

Tendré que leer alguna obra de Merton siquiera para sacarme de dudas.

saludos
carlos

Máximo Lameiro dijo...

"Tendré que leer alguna obra de Merton siquiera para sacarme de dudas"

Bueno, al menos para juzgar a Merton y para evaluar un post que trata, justamente, sobre Merton, parece aconsejable hacerlo...

:-)

Abrazos

Carlos dijo...

Maximo Lameiro:

En ningún momento he juzgado, simplemente he dado mi opinión sobre el post de Sahaquiel y sobre el tema tan complejo del misticismo que se desprende de él. Me generó dudas y lo único que he hecho ha sido exponerlas.

slaudos

Máximo Lameiro dijo...

Todo en orden, Carlos. Lo dije un poco en broma, por eso puse una 'sonrisa' al final de mis palabras.

Pero yendo al asunto de la fe, que es, en parte, lo que ha generado el debate, pienso que reducir la fe a lo 'psíquico' es, como mínimo, impreciso. Pues habría que ver qué sentido y alcance se le asigna a lo psíquico.

¿Se lo dice en el sentido neoplatónico, como cuando se habla del 'Alma del mundo', o en sentido moderno y mundano como se utiliza actualmente el término?

Como sea, respecto a la fe hay dos consideraciones que me gustaría hacer en 'voz alta':

Una es que los monoteísmos, y en este caso el cristianismo, asignan a la fe una dimensión sobrenatural.

Pues, la fe, a diferencia del razonamiento abstracto, no es una mera facultad humana sino una elevación del corazón a lo divino que no podría darse sino como respuesta a una llamada de lo divino mismo. Esa llamada a la cual los cristianos llaman la Gracia.

Por eso todos los hombres pueden razonar, no importa si superficial o profundamente, y no todos tienen la experiencia de la fe.

La segunda observación es es esta:

La tradición intelectual cristiana, como otras (y el propio Guenón ha insistido sobre esto) dice que el verdadero conocimiento (a diferencia de la mera manipulación exterior de informaciones y datos) es el que realiza lo que conoce.

Pues bien, si nos mantenemos dentro de ese horizonte de comprensión, es claro que la fe, en su propio grado y límites, realiza un conocimiento de lo divino; desde el momento en que pone al creyente en una relación viva con el mismo.

Así, mientras que se puede hablar abstractamente de 'intuición intelectual' sin haber sobrepasado nunca el nivel de entendimiento propio de la razón, en cambio, no se puede tener fe sin haber trascendido dicho nivel.

Esas dos consideraciones bastan, me parece, no para identificarla a la intuición intelectual, pero sí para situar a la fe en el campo del conocimiento (en algún grado del mismo) y en un orden de realidad distinto tanto al de la razón como al del psiquismo en el sentido ordinario del término.

En fin, lo comento por si aporta algo a la comprension del tema, no para polemizar. Realmente.

Abrazos

carlos dijo...

Todo bien Maximo Lameiro, me vengo a enterar recién el significado de esos signos que los había visto varias veces pero que ignoraba sus significados. Ahora sé que corresponden a una sonrisa!

Me parece que discrepamos en la manera cómo entendemos el papel cognitivo de la fe. Bienvenida sean las sanas discrepancias! Cuando identifico a la fe como de naturaleza psíquica ciertamente lo hago considerándola en su sentido superior, en su aspecto más noble y puro por decirlo de alguna manera. No sabría decirle si como algo supra-racional o no, pero me inclino a pensar que no. La ubico, creo, en un nivel intermedio entre la razón y los sentimientos más nobles y elevados, dado que los sentimientos son también un modo de conocimiento. Tengo un gran aprecio por el aspecto devocional y de fe en el proceso de realización espiritual, pero por fe entiendo más una creencia que está sujeta a simpatías o antipatías sentimentales y que va des-graciadamente de la mano con la duda. En cambio por intuición intelectual entiendo una certeza supra-racional y en ese sentido supra-psíquica.

No creo que la fe realice el conocimiento como lo plantea Guenon, pues entiendo que esta realización es más de carácter intuitivo-intelectual, en el sentido de una identificación entre el sujeto cognoscente y el objeto conocido. Esta identificación, me parece, ocurre únicamente a través de una “metamorfosis intelectual” y no producto de una “relación viva” entre el creyente y el conocimiento divino como ud. sugiere. Considero que la fe está más ligada - como complemento - al aspecto de intensidad devota, y que desde esa ubicación jerárquica (la jerarquía de las facultades cognitivas) actúa como un modo de conocimiento complementario al conocimiento intuitivo intelectual. Ciertamente se puede hablar abstractamente de la intuición intelectual sin haber trascendido el nivel de entendimiento racional, del mismo modo en que se puede hablar abstractamente también de la fe sin haber tampoco superado ese nivel, de lo que se trata creo es de separar lo teórico doctrinal del método de realización.

¿Cuando se refiere a los monoteísmos semitas se refiere a su dimensión exotérica o esotérica? Pues quizá desde el exoterismo se considere a la fe como una facultad sobrenatural, pero desde un punto de vista esotérico no lo creo. La única facultad sobrenatural y, por ende supra-psíquica, que considera la perspectiva esotérica es la del intelecto intuitivo. Aunque en la practica, como dije en mi comentario anterior, todos los aspectos intelectuales y sentimentales se unan.

En conclusión entiendo la fe como una facultad cognitiva de naturaleza psíquica en su sentido superior, es decir no como un psiquismo ordinario sino como una psiquis refinada, pero no creo que ella realiza el conocimiento divino en el sentido de actualización e identificación. Tal vez la acompaña pero no la realiza.

Saludos

Sahaquiel dijo...

Merton es tan crítico con el "quietismo", movimiento heterodoxo surgido en el siglo XVII, como lo es el propio Guénon (cf. "Iniciación y realización espiritual", cap. XXVI: "Contra el quietismo"), sólo que éste último lo atribuye como característica propia de todo "misticismo", sin distinción. Ahora bien, si Merton se esfuerza en diferenciarlo claramente del camino seguido por San Juan de la Cruz, que en rigor es una de las modalidades de la vía comtemplativa cristiana y no un invento tardío, "por el bien del entendimiento racional", tal vez debamos admitir que se trata de otra cosa, o bien tratar de superar las construcciones racionales de alguna manera. Es decir, tal vez, y entiéndase bien que no pretendo caer en un relativismo en el que todo tendría más o menos el mismo valor, no siempre se puedan extrapolar integralmente las mismas categorías abstractas de una forma tradicional a otra, pues podrían responder a realidades internas en principio diferentes, independientemente de que, en última instancia, las diferencias aparentes deban ser superadas.

El camino del que se está hablando, no sería ciertamente compatible con una pura pasividad: "Sin ascetismo, la vida mística es prácticamente impensable."

Quizá debamos usar otros términos y no hablar ya de "mística", pero no dejaría de ser un poco forzado tratándose de un calificativo habitual que, por otro lado, utiliza el mismo autor.

No he hablado del "alcance" teórico de esta vía, tampoco tengo intenciones de meterme en eso; simplemente me limitaré a decir que, en lo personal, no me parece del todo prudente cuestionar externamente, como si tratara de un objeto cualquiera, una vía legítimamente tradicional (y no un invento ocultista o new age), de la tradición que sea, que no haya recorrido ni siquiera parcialmente, no soy quién para hacerlo... Después de todo, "el Espíritu sopla donde quiere".

O, como diría Merton, "la puerta del Cielo está en todas partes"

Abrazos.

carlos dijo...

Me ha causado gracia, se escucha gracioso por “el bien del entendimiento racional”, pero me refería a una precisión y exactitud lógico-conceptual en relación al contenido de las ideas que se intentan expresar. La rigurosidad conceptual y etimológica que tanto aprecio en la obra de Rene Guenon.

Me queda claro ahora su punto de vista. Nuevamente, tengo que leer a Merton, pero por lo que ud. dice la vía seguida por San Juan de la Cruz sería - según Merton - algo distinto del quietismo místico sin ser tampoco una vía iniciática. Podría ser una ascesis simplemente religiosa como la de San Ignacio de Loyola! O un misticismo superior, aunque personalmente no estaría de acuerdo con ese planteamiento. Una persona que no comparta los argumentos guenonianos sobre el particular lo calificaría sin ningún problema como misticismo a secas.

En fin, el tema de la mística es complejo, sutil y de los más polémicos. Hace un tiempo me enteré de un filósofo “guenoniano”, Patrick Geay, que sostenía en su tesis de doctorado que los españoles del siglo XVI, en particular Santa Teresa de Avila y San Juan de la Cruz, sí fueron místicos (en el sentido guenoniano) que manifestaron la ruptura definitiva con las doctrinas medievales de carácter metafísico de la tradición cristiana representadas por el maestro Eckhart o Alberto el Grande. Dejaron de comprender la más profunda iconografía medieval, a la que acusaban de “culto a las imágenes”, y promovieron la idea que los mitos y símbolos tradicionales no eran más que representaciones empíricas e imaginarias de la realidad, lo que inauguró la negación de la existencia de una dimensión esotérica al interior de la tradición cristiana. Creo que podría ser una alternativa interesante que intentaré indagar más profundamente. Aunque estría en desacuerdo con lo planteado por Merton.

Bueno, lo dejo ahí, leeré de todas maneras a Merton. Espero no haberlo disgustado con mis dudas e interrogantes.

saludos

Máximo Lameiro dijo...

Vuelvo a la sentencia latina 'credo ut intelligam' (aproximadamente: porque creo, comprendo); pues no pienso que la fe, tal como la entiende el cristianismo, que era el contexto de sentido original del post, no se reduce al nivel en que la sitúa Carlos.

Pero no voy a llevar adelante la discusión, no por falta de interés, ni por desprecio de sus argumentos, sino porque habría que dedicarle un espacio mayor; y creo que seguir aquí sólo serviría para distraer del sentido esencial y el valor del post de Sahaquiel.

Por lo demás, suscribo a esta otra precisión:

"tal vez, y entiéndase bien que no pretendo caer en un relativismo en el que todo tendría más o menos el mismo valor, no siempre se puedan extrapolar integralmente las mismas categorías abstractas de una forma tradicional a otra, pues podrían responder a realidades internas en principio diferentes"

En fin, te agradezco por el post, Sahaquiel, pues se trata de un comentario interesante (cosa que confirma, indirectamente, el intercambio que generó).

Abrazo

Sahaquiel dijo...

Carlos: Descuida, no me han molestado tus comentarios.

No conozco nada de Patrick Geay, así que no podría juzgar su tesis bajo ningún aspecto, aunque sería interesante saber qué es lo que tiene para decir. Como diría el Apóstol: "Probadlo todo y quedaos con lo bueno".

Saludos.


Querido Máximo: Gracias nuevamente por tus palabras.

Abrazos.

Heinrich dijo...

Hola,

Nuevamente un hermosa entrada para para nuestro Gozo. Ciertamente Guénon cometió el error de generalizar y pretendió que el quietismo era sinónimo de misticismo. De hecho, en "Apercepciones (o consideraciones) sobre la Iniciación" opone claramente la Vía Iniciática en contra de la Vía Mística.
A estas alturas de mi vida tengo claro que son complementarios y en mi propia experiencia la primera antecedió a la segunda. Pero sobre lo que no tengo dudas es sobre el carácter "activo" del misticismo, a diferencia de aquellos que creen que la contemplación en silencio implica una pasividad y entrega. Como cita Sahaquiel "...Como diría el Apóstol: "Probadlo todo y quedaos con lo bueno", no significa pasividad, sino apertura, "receptividad" y claro, discernimiento.
El místico y sacerdote católico indio-catalán Raimon Panikkar, en su obra "De la Mística, Experiencia plena de la Vida" dice: "...la experiencia mística es fruto del 'ser' antes que del 'hacer', es la conciencia del ser como acto más que de los resultados de la acción".
Si visitáis alguna vez la ermita excavada en la montaña en Segovia, donde San Juan de la Cruz solía meditar, veréis un paisaje hermoso, con el sonido del rio Eresma, el canto de las aves y el susurro del aire pasando entre las ramas. Imposible que el Santo místico lograra abstraerse del todo sin acudir a una celda cerrada. Impresiona que se dejaba embriagar por la Creación, y desde su pequeña y modesta atalaya, con su enjuto tamaño, se inspiraba para dejarnos sus versos.
El apellido Merton lo había visto como referencia en alguna publicación, pero no me había llamado la atención hasta ahora. Gracias por el dato.

Saludos Fraternales

Sahaquiel dijo...

Heinrich: Te agradezco el comentario y que hayas compartido parte de tu experiencia en el camino.

Me parece muy oportuno que hables de la "receptividad". Thomas Keating, otro cisterciense contemplativo contemporáneo, lo describe con gran sencillez:

"Receptividad no significa inactividad. Es actividad real, pero no esfuerzo en el sentido común de la palabra. Si lo queremos llamar esfuerzo, tengamos en mente que es por completo diferente a cualquier clase de esfuerzo. Simplemente es una actitud de espera por el Misterio esencial."

También es importante, como bien dices, el "discernimiento"; Merton, de hecho, siguiendo en todo a San Juan de la Cruz, pone mucho énfasis en ello. De más está decir que todo "discernimiento", según entiendo, implicará necesariamente preparación y una actitud "activa".

Por cierto, no conozco la obra de Panikkar, ¿qué título podrías recomendar?

Un abrazo fraterno

Heinrich dijo...

Hola Sahaquiel,

No he leido todo de Panikkar, este mismo libro "De la mística, experiencia plena de la vida" me parece magnífico. El trabajaba mucho en el diálogo interreligioso, como Indio (por su padre) y a la vez Occidental (madre catalana), le permitía estar en esos dos mundos de manera privilegiada: Oriente-Occidente.
Ciertamente conocía la vía mística de primera mano. Aquí te dejo su página, con sus publicaciones: http://www.raimonpanikkar.org/

Saludos

La Anacoreta dijo...

Le hice a otra a persona las siguientes preguntas, que también se las hago a usted:

¿Cuál es la relevancia de las vigilias dentro de la tradición católica? y, además, ¿de que forma las vigilias contribuyen a aproximarse a Dios? Sucede que grandes santos y místicos dentro del catolicismo, así como dentro de otras tradiciones religiosas, las practicaban como medios de aproximarse a Dios. Lo que no logro comprender es de qué manera esas prácticas realizan su cometido.

Espero su respuesta.

Sahaquiel dijo...

Hola Anacoreta. La verdad es que no podría precisarlo con seguridad, pues no conozco demasiado del tema; siento no poder ayudarte.

Saludos.

La Anacoreta dijo...

Tengo otra duda. Quisiera saber exactamente qué es el Espíritu Santo. ¿Qué es el Espíritu Santo?