"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



domingo, 7 de marzo de 2010

Contra el laicismo

"La voluntad nos conduce hacia Dios o hacia el Diablo. Y no te sirve de nada que lleves el nombre de cristiano; la salvación no reside en eso."
Jacob Böhme







En una sociedad secularizada o, mejor dicho, desacralizada, como la nuestra donde carece de sentido cualquier intento voluntarista de retornar a una forma de organización tradicional, es evidente la importancia del papel mediador que podría desempeñar el laicismo, estableciendo la necesaria separación entre el estado y las instituciones religiosas a fin de garantizar el pluralismo y la libertad cívica de los habitantes en su conjunto; a pesar de que toda tentativa ecuménica y de aparente tolerancia cultural no va más allá de un conjunto de superfluas normas de convivencia teñidas del más perverso relativismo que jamás podrían llegar al meollo de una problemática social cuya profundidad generalmente se desconoce. De todos modos, lo que muchas veces ocurre, en unos países más que en otros, si bien la tendencia es global, es que bajo la cándida máscara del laicismo lo que se oculta es el más obstinado rechazo a cualquier expresión de una búsqueda espiritual auténtica, un anticlericalismo feroz en el que sus defensores parecen necesitar de la Iglesia para justificarse a sí mismos en esta dicotomía constante, una acusación y ataque permanente a todas las religiones que son vistas como un flagelo que socaba las libertades individuales, usadas comúnmente como instrumento de control de las masas o, simplemente, como "el origen de todo mal", como les gusta decir a Richard Dawkins y sus esbirros en esa mediocre proclama nihilista.

Que un estado sea laico, no implica que los individuos que conforman la sociedad también deban serlo.

Ahora bien, ¿qué es lo que entendemos aquí por "laico"? No nos referimos, claro está, a la denominación que la Iglesia Católica de Roma ha impuesto, desde el Concilio Vaticano II, a los fieles que no pertenecen al clero. Una definición muy contundente y desde una perspectiva tradicional es la que nos aporta René Guénon:

"...originariamente, «clérigo», no significa otra cosa que «hombre que sabe» , y se opone a «laico», que designa al hombre del pueblo, es decir del «vulgo», asimilado al ignorante o al «profano», a quien no puede pedírsele sino que crea lo que no es capaz de comprender, porque es ese el único medio de hacerle participar en la tradición en la medida de sus posibilidades. Es curioso notar que las gentes que, en nuestra época, se vanaglorian de llamarse «laicos», así como también los que se complacen en calificarse de «agnósticos», y, que por lo demás, son con frecuencia los mismos, con eso no hacen más que jactarse de su propia ignorancia; y, para que no se den cuenta de que tal es el sentido de las etiquetas de las que hacen gala, es menester que esta ignorancia sea en efecto bien grande y verdaderamente irremediable." [1]

No queremos decir con esto que uno no deba reconocer su propia ignorancia, porque eso sería una necedad, pero tampoco puede ser motivo para que nos regodeemos en ese estado lamentable creyendo, paradojalmente, haber alcanzado los límites del conocimiento. Ser "laico", no depende necesariamente de la no adscripción a una religión u organización tradicional, exotérica o esotérica, determinada; es un modo de pensar, un modo de ser, en definitiva, en el que, o no se reconoce la presencia de lo sagrado, o bien, admitiendo de forma abstracta la existencia de un Principio superior, la "ley de correspondencia" es completamente ignorada. Así, un supuesto religioso que repite las prácticas más básicas de su credo en forma mecánica, "sin ojos para ver ni oídos para comprender", llevando, además, un estilo de vida esencialmente profano, es tan laico como un "librepensador" agnóstico. Sorprende, de hecho, encontrar a algunos autores modernos hablando despreocupadamente de una pretendida "espiritualidad laica", a lo que añaden, para no dar lugar a equívocos, "sin creencias, sin religiones, sin dioses". No vamos a realizar un juicio de valor sobre el rigor intelectual de estos trabajos -que aún no hemos tenido oportunidad de leer- pero, partiendo de una subversión y de un contrasentido semejante, nos permitimos, cuando menos, sospechar de sus intenciones.

Alcanzar un estado diferente al del laico, es comprender que toda liturgia es también una teurgia, un acto divino, Dios actuando en y a través de nosotros. Los ritos producen un cambio cognitivo, perceptivo, ontológico, porque tienen una correspondencia anagógica con los estados superiores. En cada gesto, en cada palabra, en cada imagen, encontramos un espejo en el que podemos reconocer lo más íntimo de nosotros mismos, el alma desbordada vibrando al ritmo de la armonía universal en un tiempo cualificado en el que todos los acontecimientos de la historia sagrada que ritualmente se repite y se revive, ocurren de manera simultánea. Ya sea que se trate de las prácticas exotéricas de una religión o de los más secretos ritos iniciáticos, el verdadero sentido se perdería si no se buscara comprender los misterios de la fuente siempre viva e inagotable de donde nace toda tradición, que, por otra parte, es lo único que permitiría hallar algún tipo de unidad espiritual entre las diversas religiones externas. Esto es lo que el teósofo alemán del siglo XVIII, Karl von Eckartshausen, llamaba "Iglesia Interior":

"Todo lo que la Iglesia exterior posee, en símbolos, ceremonias y ritos, es la letra cuyo espíritu y verdad están en la Iglesia interior."

(...)

"Cuando se hizo necesario que las verdades interiores fueran envueltas en ceremonias exteriores y simbólicas, a causa de la debilidad de los hombres, que no eran capaces de soportar la unión de la luz, nació el culto exterior; pero se trata siempre de la representación y el símbolo del interior, o sea, el símbolo del verdadero homenaje rendido a Dios en espíritu y en verdad."

(...)

"De modo que los tipos exteriores de todas las religiones (...) tienen por objeto, mas o menos claramente, las verdades interiores del Santuario..."[2]

Y no olvidemos que la Naturaleza también puede ser un templo de la "Religión interior", porque, como en las criaturas de este mundo encontramos un recuerdo de lo divino, es decir, de nuestra perdida dignidad, "corriendo a través de la vista" en una contemplación amorosa de la belleza que a cada instante se manifiesta a nuestro alrededor, podremos "orientar" cada acto de la vida para participar plenamente en la liturgia cósmica de la renovación, con la esperanza de que algún día las influencias del rayo supraesencial desciendan en un súbito golpe hasta ese altar consagrado, receptáculo de lo infinito, que no se encuentra en otro lugar más que en nuestro propio corazón.


Notas:

[1] René Guénon, "Autoridad espiritual y poder temporal".
[2] Karl von Eckartshausen, "La nube sobre el Santuario"

20 comentarios:

Mahatma dijo...

Muchas gracias, Sahaquiel, por tus observaciones tan agudas. Nunca está de más hacer algunas precisiones, y devolverles a los términos el sentido que tuvieron en un principio y que luego, por el mal uso o la mala interpretación, o, por qué no, por alguna mala intención, fueron perdiendo, dejando al mismo tiempo con ello su "fuerza" transformadora de la psique como primer paso para cualquier realización posterior.
Me parecen también muy acertadas tus palabras finales acerca de la naturaleza como espejo de aquello que la trasciende. Es una verdadera reivindicación de esta naturaleza tantas veces violada, y caída tan sólo al rol de "almacén" del hombre, quien usa de ella como de mercancía propia. Lamentablemente, muchos se quedan atrapados en esa otra visión de la naturaleza como tope y límite para el hombre, sin tener en cuenta o ignorando llanamente que es el espejo, maravilloso, de Dios. Y también olvidamos muy a menudo que nosotros mismos somos parte de la naturaleza, y por eso mismo, espejo de Dios.
Un fuerte abrazo!
M.

Miserere mei Domine dijo...

Hola Sahaquiel.

Definir el laicismo no es fácil, aunque sus efectos sean evidentes.

En general, laicista es todo aquello que roba, cierra y obtura el sentido de trascendencia.

El laicismo es inmanencia y hermenéutica descarnada. Busca convertirnos en esqueletos desprovistos de cualquier músculo y órgano que nos permita percibir el universo como cosmos sagrado. Para el laicista, el universo es un todo relativo e inconexo, en donde solo podemos aspirar a tolerar a quienes tenemos enfrente.

La convivencia se entiende como tolerancia desafectada y soledad. Solo tiene sentido aquello que conlleve placer o interés egoista. Laicismo no es más materialismo revestido de elegante civismo.

Estupenda entrada. Gracias :)

Jan dijo...

Tengo un vínculo en mi blog Fragmentalia con el CETR, Centro de las Tradiciones de Sabiduría, con sede en la ciudad de Barcelona quien se presenta con el enunciado "Hacia una espiritualidad laica, sin creencias, sin religiones, sin dioses", a la que aquí se hace referencia. Sobre la interpretación que se pueda hacer de este enunciado, sería necesario conocer el contexto y la verdadera intencionalidad, y no quedarse solo con las palabras, que como sabemos se pueden entender de muchas maneras. He asistido en este centro a algún curso sobre sufismo, para adquirir conocimientos sobre esa tradición, de la mano de un especialista. Mi experiencia ha sido muy positiva, y me ha parecido un lugar interesante y con un profesorado de un gran rigor intelectual y grandes conocedores cada uno en su materia. Casi todos sus cursos se graban y se pueden encontrar en su web de forma gratuita y abierta, también a una gran cantidad de textos. La verdad, no he encontrado nada en este lugar que me hiciera sospechar no se que oscuras intenciones, ni actitudes sectarias, algo común en grupos que se sienten acosados. También he de decir que la dinámica de este lugar no es de caracter iniciático como pueden serlo otros, por lo que en ese sentido no cabrían comparaciones ni juzgarlo desde esa perspectiva. Cualquiera puede entrar en su web y hechar un vistazo o visitar su sede. Luego cada uno libremente podrá sentirse más o menos cercano a esa propuesta. Me declaro simplemente simpatizante con ese lugar, me parece un lugar bastante saludable. No quisiera que mis palabras se entendieran con un tono proselitista, pues no me mueve ningún interés a ello. El motivo de que comente todo esto unicamente ha sido por las alusiones de esta entrada, siendo justo que aparezaca la opinión de alguien que conoce el lugar de primera mano. Ruego que si alguien descubriera esa "oscura intención" me dijera de que se trata, pues puede que yo no haya caído en ello, aunque supongo que eso dependerá desde los ojos con que se observe.

Muchas gracias.

Sahaquiel dijo...

Querido M.: gracias a ti por tus amables palabras.

Es un tema que hace tiempo quería abordar, si bien ya lo había mencionado en otras oportunidades.

Considero importante, como tú dices, devolverle a las palabras su sentido original, y no se trata de un mero capricho, porque este sentido es el que le da al lenguaje, que no es sino otra de las modalidades del simbolismo, su fuerza como auténtico soporte para la comprensión.

Sobre la visión de la naturaleza como espejo del alma, me gustaría dejarte aquí un fragmento del Wether de Johann W. Goethe, donde esto expuesto de una forma muy bella:

"Cuando veo la bruma que se levanta del valle y el sol que llega hasta la impenetrable oscuridad del bosque, y tan solo unos pocos rayos se filtran al recinto sagrado, y yo acosatado entre el alto matorral al lado del arroyo, descubro a mi lado, en la tierra, la diversidad de mil hierbas; cuando veo la ebullición en el minúsculo mundo de la maleza, la inifinita e inmensa variedad de insectos, de mosquitos, y los siento cercanos a mi corazón, y siento la presencia del Todopoderoso, que nos creó según su imagen y semejanza, y siento el hálito del amor divino, el que con eterna fruición nos sostiene y mantiene flotando; entonces, mi amigo, cuando mis ojos se adormecen y el mundo a mi alrededor y el cielo entero descansan en mi alma como la figura de una amada, entonces me invade la nostalgia y pienso: ¡ay, si pudieras volver a expresar todo esto, si pudieras plasmar sobre papel todo esto que es tan pleno, que vive tan ardiente dentro de ti, que fuera el espejo de tu alma, como tu alma es el espejo de Dios infinito!"

Siempre me alegra tenerte por aquí.

Un fuerte abrazo.

V.

Sahaquiel dijo...

Miserere mei Domine: estoy completamente de acuerdo con tus palabras. Aquí no se está negando la importancia que debería tener como medio para establecer la concordia y garantizar la sana convivencia dentro de un estado, manteniendo a cada institución dentro de la esfera que directamente le compete. Pero es evidente que en muchos lugares acabó por convertirse en otra cosa, en algo dañino para las personas, pues la única alternativa que presenta como válida es la de un mundo que ha perdido su alma.

Muchas gracias por tu aporte.

¡Un abrazo!

Sahaquiel dijo...

Jan: no tengo idea de qué cosa pueda ser ese centro. Aquí sólo estoy hablando de un libro que lleva ese título y que, dicho sea de paso, no he encontrado en ninguna librería para ver más o menos de qué se trata, como fue también aclarado. Sólo digo que el título me parece sospechoso: es como decir "espiritualidad sin espíritu", o algo por el estilo. Y de lo que se habla en ese párrafo es justamente del uso inadecuado de ciertas expresiones.

Por otro lado, la idea de "espiritualidad laica" la he visto en otros lugares, que nada tienen que ver con ese autor ni con ese centro, y que son realmente poco serios.

No sé qué es lo que usted defiende con tanta pasión. En todo caso, lamento el malentendido, si es que lo hubo.

Saludos.

juanarmas dijo...

El problema de los conceptos y de cómo los prejuicios a veces ciegan el intento de acercamiento.

Vivimos en parte una sociedad que, como reflejo del predominio de la forma sobre el contenido, emplea términos como etiquetas, sin darse cuenta de su significado; y aún peor, sin ocuparse en indagar en su propio corazón, donde se encuentra únicamente la "certeza verdadera".

Gracias Sahaquiel

Desde mi ventana dijo...

Querido Sahaquiel:

Te felicito por la claridad en la exposición y la fuerza con que lo dices.

Así es, el mayor templo del mundo es la Naturaleza, incluyendo en ella al propio Hombre. Eso lo vieron quienes construyeron los edificios sagrados por lo que emplearon en ellos las mismas medidas del hombre. De acuerdo, igualmente, en ver el gesto ritual, o la íntima meditación u oración del corazón, como un acto de teúrgia.

Aunque lo debes conocer, transcribo aquí lo que Federico González en "Simbolismo y Arte" dice al respecto:

"Ejercer acción sobre una cosa es ejercer esa acción sobre un conjunto innumerable de cosas en un mundo concebido como concatenado; igualmente hacerlo sobre un ser humano implica realizarlo en toda la humanidad; la economía de la Teúrgia fija sus propios límites sin imponerlos. Sus fines son imprecisos, sus medios han de ser exactos, por paradigmáticos y míticos y perfectos, es decir, especialmente adecuados a la situación espacio-temporal que signa el rito aunque resulten totalmente paradójicos para el propio operador que en su gestión no sabe definir con claridad -y no lo necesita- dónde y cómo los distintos sucesos de su propia y divina comedia pudieran ser traducidos en medio de una Revelación Permanente"

Un fuerte abrazo
Núria

P.S.
Por cierto, recordé la Kore que tienes a la derecha de tu página, cuando escribía sobre ese mito.
Gracias por tu trabajo en general. Ahora estoy con mucho trabajo y no tengo el tiempo que me gustaría para comentar y estar a la altura de lo que se publica en los blogs amigos.

Un abrazo
N.

Johann dijo...

Hola Sahaquiel,

Una de tus mejores entradas. En pocas palabras resumes muy bien lo que algunos sentimos al respecto. Muy acertadas las referencias que utilizaste. Una sola observación, en alemán se escribe Böhme o Boehme, pero no las dos cosas Böehme. La "ö" se puede sustituir con "oe", pero no se usan juntas.
Si lees Böhme ya dices mucho sobre tí.

Saludos
J.S.

Máximo Lameiro dijo...

Estupendo Sahaquiel. No puedo menos que felicitarte por la claridad con que has expuesto un tema cuyas fronteras reales suelen estar encubiertas por ciertas convenciones terminológicas y hábitos mentales. Además, aunque no sea necesario decirlo, concuerdo contigo totalmente respecto a las ideas en juego.
Máximo

Sahaquiel dijo...

Estimado Juan: es cierto lo que dices, y justamente por ese "predominio de las formas", de formas que no son más que meras apariencias, cáscaras vacías, nunca se puede llegar a la raíz de ningún problema. Las aparentes soluciones sólo son máscaras superfluas que acaban ocultando algo peor.

Un abrazo.

Sahaquiel dijo...

Querida Núria: Muchas gracias por tus palabras y por ese precioso fragmento de Federico González. Es, ciertamente, una clave importante comprender que la operación teúrgica no es un rígido ceremonial que se repite mecánicamente, sino algo plenamente "vivo", ligado a la eternidad, en vibrante armonía con los ritmos arquetípicos del Cosmos.

Por cierto, aunque no he comentado aún, me ha encantado tu artículo sobre la Koré. :-)

Un fuerte abrazo.

Sahaquiel dijo...

Hola, Johann

Muchas gracias por tu comentario. Reconforta saber que no son pocos los que comparten este rechazo hacia el perverso modelo laicista que con tanta insistencia se quiere imponer.

Te agradezco también por la observación sobre Böhme, mi confusión se debió, por un lado a mi desconocimiento del idioma alemán y, por otro, a que en la edición que tengo del "Tratado sobre el Cielo y el Infierno", de editorial Indigo, aparece como Böehme.

Abrazos.

Sahaquiel dijo...

Querido Máximo: Me honran tus palabras y, realmente, no estoy seguro de merecerlas. Como siempre, es motivo de alegría saber que en este tema, como en tantos otros, compartimos pensamientos afines. Varios de tus escritos, corresponde decirlo, me han sido de gran inspirtación.

Un muy fuerte abrazo.

V.

Eques a Verbo et Spe dijo...

Querido Sahaquiel:
Te he cogido prestado el texto de Goethe. Es hermoso, muy hermoso.
Pido disculpas si te he molestado.
Eques a Verbo et Spe
C.B.C.S.
(Manuel)

Sahaquiel dijo...

Querido Manuel: Para nada podría molestarme; es un placer poder compartir estas perlas que generosamente han dejado en el camino aquellos que nos precedieron.

Abrazos.

V.

José Antonio Vázquez dijo...

Muy interesante su post, creo que refleja parte de la verdad, si bien no soy tan crítico con el laicismo.

Creo que hay una experiencia de secularidad sagrada, que puede vivirse como una espiritualidad laica. Naturalmente es un término paradójico, como cualquier término espiritual, ya que debe integrar los opuestos y superarlos.

Naturalmente no toda la espiritualidad laica es igual,pero en algunos casos puede ser un buen soporte para un experiencia auténtica. La espiritualidad no siempre tiene porque seguir moldes religiosos o esotéricos, quizá tenemos que estar abiertos a nuevas formas, asumiendo los riesgos que pueden suponer. (Como también supone un riesgo vivir la espiritualidad religiosa o iniciática)

Es curioso como en el cristianismo primitivo se utilizaban términos laicos para ámbitos (sacrales) por ejemplo episcopos es el nombre de un funcionario laico o presbitero (anciano), hay una experiencia que supera la división sagrado-profano, descubriendo quer también lo profano tiene su sacralidad. Cuando las religiones exageran y se sacralizan demasiado, la espiritualidad puede reaccionar promoviendo una visión más laica. El cristianismo primitivo es un buen ejemplo de ello. Diría que también el islam, en cierta medida.

No hay duda de que hay un laicismo antiespiritual y anticristiano, pero también hay un cristianismo intolerante y fundamentalista y no reducimos todo el cristianismo al fundamentalismo por ello.

Personalmente creo que Guenon es un gran autor pero matiza poco en relación con la modernidad y la secularidad, a la que condena en bloque y sin matices.

No reduciría todo el laicismo a su versión anticlerical, en algunos casos es por el contrario un buen marco de convivencia cuando no se absolutiza y, en otros casos, para muchos puede ser un camino espiritual, es desde ahí que se podría hablar de una espiritualidad laica. En cierto sentido el cristianismo lo fue en su momento, una espiritualidad laica y la corriente mayoritaria actual de la masonería también.

un saludo.

Sahaquiel dijo...

Hola, José Antonio: Espero que me disculpes por la demora en responder, pero surgieron algunos problemas.

Te agradezco por compartir tu punto de vista y por plantear el disenso dentro de un sano respeto -cosa que a algunos evidentemente les cuesta-, porque aquí nadie se cree dueño de ninguna verdad en un tema tan delicado. Estoy de acuerdo en que hay que matizar el laicismo y, de hecho, al comienzo hablo de su necesidad, pese a las falencias que pueda tener. Es cierto que hay casos diferentes, que merecen ser analizados por separado, pero estoy hablando de la mayoría, de la tendencia dominante.

Respecto de la masonería, esa corriente mayoritaria y laica a la que te refieres, de espiritualidad no tiene nada, salvo honrosas excepciones. En ese aspecto no podría hacer más que darle toda la razón a Guénon.

Gracias por tu visita.

Saludos!

Sahaquiel dijo...

Para evitar confusiones: en el último punto me refiero a la masonería de tipo laicista y antireligiosa, como se da en algunos lugares, y no a la masonería "no cristiana" en su totalidad.

José Antonio Vázquez dijo...

Gracias sahaquiel, no hay nada que disculpar dado que entiendo perfectamente que no siempre se puede atender al blog. A veces también me pasa.

La verdad es que estoy básicamente de acuerdo con todo lo que dices, y de hecho, aunque creo legítima y posible un espiritualidad laica, es verdad, que bajo ese término se esconde muchas veces una actitud de menosprecio de la religión o un gnosticismo, que nada tiene que ver con la auténtica gnosis.
También es verdad que dentro de las corrientes masónicas puede encontrarse un anticlericalismo, a veces muy extendido, que poco tiene que ver con la verdadera naturaleza iniciática y espiritual de esa institución.

un abrazo, en comunión.