"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



lunes, 22 de febrero de 2010

A la Luna

"A la luz de la Luna se revela
la cara brillante del cielo.
Yo soy la luz y Tú la Luna:
No salgas sin mí."

Rûmî


Halo lunar.


Es posible que ningún poeta que se precie de tal haya olvidado alguna vez dedicarte un par de versos, majestuosa señora, diosa vestida de plata. Tu luz, providencial y divina, puede guiarnos como una antorcha celeste a través de los senderos de la noche, mostrándonos en el camino la magia que se esconde debajo de una roca, el movimiento casi imperceptible de las hojas de los árboles acariciadas por una afable brisa de primavera o la algarabía de los seres feéricos que danzan extasiados por el rumor de los pájaros en su liturgia nocturna. Ningún secreto te es ajeno; los ancestrales misterios con sus ritos han sido resguardados por ti de la corrupción de este mundo, ocultos por siempre entre los cuentos, las canciones y los juegos inocentes de los niños.

Con suplicante fervor me inclino a tus pies y, en esta humilde plegaria, sólo una cosa quisiera pedirte: cuando hacia ti dirija la mirada en una noche solitaria, nunca apartes de mis ojos el esplendoroso reflejo de mi amada.

A ti te cantaré, adorada Selene, con la misma veneración con que lo hacían los antiguos:

"Celebrad a la eterna Luna de extensas alas, Musas de dulce voz, hijas de Zeus Crónida, versadas en el canto.
De ella, de su cabeza inmortal, emana envolviendo a la tierra su resplandor, recogido en el cielo, y mucha es la belleza que surge al resplandor de su luz. Se ilumina el aire sin luces con una corona de oro, y sus rayos brillan como la luz del día cuando, tras haber bañado su hermoso cuerpo en el Océano, ataviada con vestes que brillan en la lejanía, la divina Luna, una vez que ha uncido sus espléndidos potros de poderosos cuellos, impulsa raudamente hacia adelante sus corceles de hermosas crines al atardecer, mediado el mes. Su gran círculo se llena. Es entonces cuando surgen los más brillantes rayos del creciente, y constituye la referencia y señal para los mortales.
Con ella en tiempos se unió el Crónida en amor y en lecho. Y ella embarazada, parió una hija, Pandía, poseedora de una belleza que destaca entre las diosas inmortales.
¡Salve, soberana, diosa de níveos brazos, divina Luna, benévola, de hermosos bucles! Comenzando por ti, cantaré las hazañas de los semidioses, cuyos hechos celebran con bocas amables los aedos, servidores de las Musas"

("Himnos Homéricos - La Batracomiomaquia", ed. Gredos, Madrid, 2001)


(Hace exactamente un año, también escribía unas palabras dedicadas a la Luna...)

3 comentarios:

Pola dijo...

Al ojo del muchacho vuelto hacia los sueños le fue mostrado el esplendor de la corona del Rey, y el firmamento de la vigilia dibujó en la noche la brumosa corona de la Reina.
"Cuando ambos puedan verse juntos en el cielo -le fue revelado-, el soberano reencontrará el camino hacia su tierra", y sonaba a augurio o profecía.
Pero lo que en realidad se hizo fue anunciarle lo que ya había ocurrido -lo que siempre está ocurriendo-: pues si el cielo puede hallarse en todas partes, pocos lugares fueron más apropiados para acogerlo que el brillante lienzo de su alma.

Mahatma dijo...

¿Qué más se puede decir? Tengo miedo de estropear este hermoso momento, esta magia tan maravillosa.
Abrazos, Sahaquiel!
M.

Anónimo dijo...

Hermoso Sahaquiel. Yo tampoco quiero estropear esas palabras con mis observaciones. Sólo mencionar, para agregar algo más en favor de nuestra amada Luna, que Macedonio Fernández, ese hombre 'mágico' como lo llamó alguna vez Borges, decía que la Luna es el astro de la memoria. De una vivencia cotidiana y simple Macedonio extrajo un gran misterio: en la oscuridad de la noche la Luna nos recuerda la luz. Por eso también la llamó 'luz recuerdo'. Ahí hay un matiz para quien quiera saborearlo...
Abrazo
Máximo