"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



jueves, 11 de febrero de 2010

Detrás de la rosaleda

La Luna, Alphonse Mucha, 1902.


"Amargo fruto de naturaleza corruptible,
producto enfermo de la espantosa mutación,
triste cúmulo de huesos y de sangre,
átomos girando en el continuo devenir."
"Nada más que eso soy, -me repetía a cada hora-,
un títere del tiempo, engendro vil,
condenado a disolverse, corroido,
en la fosa inexpugnable de la muerte."

En una noche de niebla bajo la luz de la luna,
apareciste danzando detrás de la rosaleda,
tus ágiles pasos dejaban en el suelo
una estela luminosa de fuego dorado,
y el pasto que ardía con el calor de tus pies,
no se consumía con las llamas; parecía crecer.
"Recuerda ese lugar- me dijiste aquella vez-
oculto, pero no perdido, en el corazón del bosque:
encontrarás el árbol y la fuente,
protegidos por la muralla del eterno jardín,
donde todo permanece, donde todo es.
Allí estaremos juntos, tan cerca como quieras,
porque el tiempo y el espacio
serán el lenguaje de nuestro deseo"
-"Nada hay más allá -me apresuré a decir-
¿crees que la vida no acaba en este espantoso umbral?"
Con una tierna sonrisa respondiste:
-"Sé quién eres, pero tú no lo ves"
Y en ese instante esculpido por un artífice celeste,
tu mirada opacó las candelas del firmamento.

No estoy seguro de lo que ocurrió después.
Los días pasaban, marchitos,
hasta que,
en una madrugada de insomnes meditaciones,
al recordar tu rostro, dulce hada,
comprendí lo que tus ojos reflejaban:
en el lienzo de la Tierra tú veías,
una ventana abierta al Infinito.
Y ahora sé que aún aguardas en ese sagrado refugio,
regado por siempre
con las Aguas candorosas de la Eternidad.

2 comentarios:

juanarmas dijo...

Y tras la rosaleda encontró escritas las palabras del maestro: "Silencio y calma, calma y silencio".

Bello sentir el que despiertan tus palabras.

Gracias

Sahaquiel dijo...

Gracias a ti, estimado Juan. Me alegra que estas palabras sean de tu agrado.

Un abrazo.