"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



sábado, 26 de septiembre de 2009

Daênâ

Una pérfida daga se hunde en mi pecho;
noche sin luna, infierno sin fuego.
En la oscuridad mis sentidos amainan.
En vano, agonizando,
estiro mis brazos anhelando tocarte.
Un abismo sin fondo se cierne entre nosotros:
infame distancia que nuestros cuerpos separa.
Oh, eterna religión, paredro celestial,
¿cuántas lágrimas deberán verter mis ojos
para tu gracia implorar?
En sueños te me acercas,
compasiva,
para entregarme una rosa y susurrar un enigma.
Por la mañana,
la Tierra se desnuda para hablarme de Ti,
entre el murmullo de los pájaros
y las melodías del viento.
Amor terreno,
¡préstame alas para surcar el cielo!
dame tus ojos para leer las estrellas,
y recuérdame, con tus labios,
el camino secreto hacia los jardines sin tiempo.