"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



lunes, 23 de febrero de 2009

Arcano XVIII: La Luna


Para Pola

Diosa de la imaginación, señora del intermundo. Rodeada de su celestial cohorte de innumerables estrellas iridiscentes, brilla en lo alto del firmamento guiando los pasos del incansable peregrino solitario que busca encontrar reveladoras respuestas en los profundos abismos de la Noche. Se acerca, misteriosa, al caminante de los sueños, al poeta, al enamorado de su belleza sempiterna, al explorador de otros mundos a quien le entrega, bondadosa, el destello de su semblante incorruptible. Espejo prístino de la Luz del Sol, símbolo de los ciclos cósmicos, vía de sublimación. Quien hacia ella dirige su mirada, con sinceridad y devoción, abre las puertas del corazón, preparando los ojos para la contemplación directa de los rayos incandescentes del Astro Rey, el majestuoso soberano, que se elevará victorioso cuando Ella decida retirarse. Emblema espagírico de la plata y sello del color blanco [1]. Madre y matriz universal que controla el movimiento de las aguas; determina las mareas, la circulación de la sangre, la savia de las plantas y los ciclos femeninos [2].
Dos lobos, solemnes, le dedican penetrantes y angustiosas melodías; seres intermediarios, oscuros y luminosos, guías de las almas, reintegradores de los ciclos, protectores de secretos ancestrales.
Mientras tanto, incólume y deslumbrante, proyecta su luz sobre las aguas primordiales, calmas y profundas, bajo las que descansa el Cangrejo, aquel prodigioso animal que puede pisar el firme suelo de la playa y volver a su mundo acuático, sutil y cambiante, a voluntad. Nuevamente, un ser de doble naturaleza, un psicopompo, cuyo singular desplazamiento imita la trayectoria aparente del Sol. Es por eso que Cáncer, signo de agua regido por la Luna, está asociado al principio femenino, a la esencia vegetal y la leche materna y presenta las características del mediador, de aquel que posee aptitudes maravillosas para visitar los reinos imaginales y viajar libremente por los caminos de ese mundo, oculto a los sentidos de la carne, que es este mismo mundo, iluminado y transfigurado por la visión del Alma que se reconoce a sí misma.

(Y así, el acertijo fue resuelto)

[1] Para más detalles sobre esta interpretación alquímica, ver Fulcanelli, Las moradas filosofales.
[2] Ver Federico González, El Tarot de los Cabalistas..

miércoles, 18 de febrero de 2009

Sobre la Idolatría

Volvamos ahora a lo tratado en posts anteriores, sobre todo en lo que respecta al breve análisis que pretendimos esbozar sobre el desdibujado comportamiento religioso que, pese a las tentativas secularistas de diversos sectores de la sociedad, a duras penas, ha logrado sobrevivir aún a costa de su inevitable y funesta desviación. De aquí se desprende casi inmediatamente un tema que debe ser replanteado. Estamos hablando, desde luego, de la cuestión de la idolatría, esa forma de adoración de lo divino tan atacada, repudiada, vilipendiada y maldecida, incluso desde el advenimiento del Monoteísmo profético pero que, no obstante, desde un determinado punto de vista y establecidas ciertas pautas y condiciones culturales propias de una sociedad tradicional, no carece de autenticidad y plena validez como soporte externo para entrar en comunicación, de modo indirecto, con la divinidad, en función de la capacidad de penetración espiritual de los fieles.
Compartimos a continuación el extracto de un artículo del historiador de las Religiones, Mircea Eliade, publicado en la Revista Janus Nº 4 de enero-marzo de 1966, donde se cita a las voces siempre cualificadas y autorizadas de los grandes maestros de la Tradición.
El gran metafísico y teólogo indio Shankara escribía que "el Señor Supremo puede asumir, si quiere, una forma corpórea constituida por Maya (es decir por la ilusión cósmica), a fin de recompensar a sus piadosos adoradores". Los teólogos vishnuítas han ido más lejos aún. Han intepretado la veneración popular de los objetos materiales del culto (los ídolos de Vishnú, las piedras y las plantas "sagradas", etc) no como una prueba de la incapacidad del espíritu humano de elevarse a la altura de Dios, sino, al contrario, como la prueba a la vez de la libertad de Vishnú de mostrarse bajo cualquier forma, y de su compasión respecto a los hombres. Como lo escribe Lokâcharyâ: "Aunque omnisciente, Vishnú se muestra en los objetos materiales del culto (arcâ) como si estuviera desprovisto de conocimiento; aunque espíritu, se muestra como si fuese material; aunque el verdadero Dios se muestra como si estuviera a disposición de los hombres; aunque todopoderoso, se muestra como si fuera débil; aunque sin preocupaciones, se muestra como si necesitara ser cuidado; aunque inaccesible (a los sentidos), se muestra como tangible." El culto popular de las imágenes y objetos materiales es interpretado por los teólogos vishnuítas como una prueba de la condescendencia divina en mostrarse a los hombres, en dejarse captar por los sentidos, y ello con el riesgo, por parte de Dios, de ser transformado en "ídolo", de ser confundido con los objetos materiales que él había santificado con su presencia.

(Mircea Eliade, "Los mitos que se tornan ídolos", publicado en Janus Nº 4, "El hombre y sus ídolos", Ed. Librería Hachette S. A., Buenos Aires, 1966)



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La llama del Conocimiento


.·.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Conjunctio


Sol de medianoche,
luna del amanecer,
a las esferas celestes
dirijo mi oración.
Agua seca,
fuego húmedo,
negro sobre blanco,
lo denso
cubre lo sutil.
El rey y la reina,
el anciano y la niña,
el caballero y su doncella;
como amantes sin tiempo,
tendidos en el lecho,
sus cuerpos se funden
en idílica unión.

Azufre y Mercurio,
Sal de los Sabios,
Divina Trinidad.
Al Uno sin Nombre,
agradezco la visión.

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martes, 10 de febrero de 2009

¿Dónde estás?



¿Dónde estás,
Mensajera de la Noche?
¿dónde están las huellas
que ya no puedo seguir?
En vano te busqué
por aviesos caminos;
en vano adoré
ídolos de fango
clamando tu perdón.
Sólo puedo gritar,
gritar desesperado,
en la amarga
melancolía del exilio.
Quiero volver a tí,
quiero inmolarme
en el altar de tu templo
quiero sentir
el filo de la espada
traspasando mi cuerpo.
De mil proezas
puedo ser capaz
si me dejas ver,
Señora de la Oscuridad,
tu rostro sagrado
despojado del Velo,
si puedo arder
con el calor penetrante
de tu ígnea mirada
y beber extasiado
de la Fuente preeterna
que brota a tus pies.

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