"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



miércoles, 1 de abril de 2009

Parzival. El comienzo del peregrinaje


Esto también es para ella, preciosa hada del jardín de los misterios,
porque mis palabras le pertenecen.

"Él derramó lágrimas de sangre, '¡Oh, sí, ese soy yo! Durante treinta años me he separado del mundo y ocupado mi tiempo en adoración ¡pero mi corazón todavía le pertenece al mundo! Mi maestro vive rodeado de riquezas, pero no tiene ni una gota de éste mundo en su corazón: ni sus amores ni sus preocupaciones. ¡Oh Muhyiddin, esa es la diferencia entre él y yo!'"
Muhyiddin Ibn 'Arabi

Para seguir penetrando en el esoterismo de la gesta del Grial, en esta ocasión, nos referiremos a la primera etapa de la vida de Parzival, concretamente, a los años vividos junto a su madre, la bella reina Herzeloyde, hasta el acontecimiento clave que propiciará el alejamiento de su hogar, el comienzo del peregrinaje impulsado por la añoranza de su origen.

La dama, terriblemente apenada por la muerte en batalla de su esposo, el rey Gahmuret de Anjou, descendiente del rey Mazadan y el hada Terdelaschoye, decidió abandonar sus tres reinos y retirarse al bosque, para vivir en un lugar solitario llamado Soltane junto a su pequeño hijo y un grupo de sirvientes que se encargarían de cultivar la tierra y roturar el bosque. Su objetivo era proteger al niño de los peligros del mundo, alejándolo del modo de vida de la corte real y brindándole una educación elemental, propia del campesino mentalmente más limitado, a fin de evitar que corra la misma suerte de su padre, entregado a las exigencias y desventuras de la caballería. Sus esfuerzos por retenerlo serán finalmente vanos, como lo veremos más adelante.
Sólo aprendió a cazar con arco y flecha y luego a lanzar un venablo. La instrucción religiosa brilló por su ausencia, pues recordemos que, en principio, ni siquiera había oído hablar de Dios. Las condiciones estaban dadas para que el muchacho se desarrolle condicionado por los estrechos márgenes impuestos por su castradora madre, para que jamás entre en contacto con una armadura y no pueda vislumbrar siquiera un ápice de la gloria que alcanzaron sus heroicos antecesores.

Algunos rasgos de esta historia nos pueden resultar familiares, pues nos recuerda, hasta un cierto punto y salvando grandes distancias, el relato biográfico espiritual del príncipe Siddhârta incluido en el Barlaam y Josafat, que mencionaremos brevemente.

Siddhârtha, también nació en una familia de nobles, fue hijo de un Rajá del clan de los Sâkya, por lo que más tarde sería conocido como Sâkyamuni. Poco después de su nacimiento, un brahmán vaticinó que podría convertirse tanto en un gran gobernante como en un eminente maestro espiritual. Su padre, que deseaba verlo ascender al trono, hizo todo lo que estuvo a su alcance para aislarlo de los hechos desagradables de la existencia que podrían inclinarlo a optar por el sendero de la espiritualidad, dándole una educación elevada, rodeándolo de riquezas y colmándolo placeres mundanos, aislándolo, en definitiva, de la dura realidad del mundo que lo rodeaba, prefigurando así, el destino del joven príncipe. Al igual que en el caso de la reina Herzeloyde, los esfuerzos del padre resultarán infructuosos.

Notaremos, como ya puede preverse, que si bien existe una sugerente similitud en la estructura, hay una diferencia radical en la perspectiva de ambos relatos; diferencia que no implica en absoluto, digámoslo de paso, la negación de las innumerables correspondencias que podremos encontrar conforme vayamos profundizando en el conocimiento de estas doctrinas, como es natural, dada la unidad esencial de todas las tradiciones -lo que no tiene por qué conllevar una rígida uniformidad entre ellas-, ni, mucho menos, poner una tradición por encima de la otra.

Un día, Siddhârta decide dar un paseo para satisfacer su avidez por conocer los alrededores del palacio y, pese a los artificios tendidos por su familia, a lo largo del trayecto se cruza con un enfermo, un anciano y un cadáver transportado en su cortejo fúnebre. Acaba de descubrir el sufrimiento, la enfermedad, la vejez y la muerte; estos son los signos que despertarán su experiencia, la revelación que cambiará súbitamente su percepción de las cosas.
No entraremos en detalles sobre el intricado curso que tomó su vida de aquí en más, porque excedería el alcance de este artículo.
Para el Budismo hinayana, lo que descubre en su vivencia, es que es el ser, el existir lo que en sí mismo es sufrimiento. Esto lo llevaría, luego de recorrer un arduo camino, a enunciar las Cuatro Nobles Verdades:

-La verdad del sufrimiento.
-La verdad del origen del sufrimiento.
-La verdad de la cesación del sufrimiento.
-La senda que conduce al fin del sufrimiento: el óctuple sendero.

En Parzival, por el contrario, el comienzo de su aventura tiene lugar cuando descubre repentinamente la belleza del mundo, belleza que su madre le había vedado y entonces, siguiendo el anhelo por reencontrar su verdadera naturaleza, decide romper definitivamente los lazos que lo aferraban a su limitada vida profana, intuyó en lo íntimo de su corazón, y más allá de su rudimentario conocimiento, que el mundo clamaba ser restituido a su majestuosidad sempiterna y que él, al igual que su padre, podría ser parte de esta misión.
Durante la niñez se presentaron las primeras señales que despertarían el temor de la reina; se sintió conmovido, embelesado y embargado por una emoción desbordante al escuchar el canto de los pájaros, lo cual nos da pie para hacer algunas consideraciones.
Citando el relato de Wolfram von Eschenbach [1], sabemos que

...con sus propias manos se hizo un arco y unas pequeñas flechas, con los que abatía a los muchos pájaros que encontraba. Pero siempre que acertaba a un pájaro que antes había cantado muy fuerte, lloraba y se mesaba el cabello, y se vengaba con su pelo. El joven era bello y extraordinario. Todas las mañanas se lavaba en el río del prado. No conocía la tristeza, a no ser por el canto de los pájaros, cuya dulzura penetraba en su corazón y le agrandaba su pequeño pecho. Bañado en lágrimas corría hacia la reina, quien le preguntaba: «¿Quién te ha hecho algo? ¡Ya estuviste allí, en el prado!». Y él no sabía contestar, como sucede a menudo a los niños.
La reina trató de desentrañar durante mucho tiempo este enigma, hasta que un día lo vio mirar fijamente a lo alto de los árboles y oír el canto de los pájaros. Observó que el pecho de su hijo se hinchaba al escuchar sus trinos. Se debía a la naturaleza que había heredado y a la añoranza. Sin saber por qué, doña Herzeloyde empezó a sentir odio por las aves y quiso enmudecer su canto. Mandó a sus labradores y a sus criados que se apresuraran a capturarlas y estrangularlas. Pero los pájaros fueron más rápidos y no todos murieron. Algunos quedaron con vida y siguieron cantando felices.
El joven preguntó a la reina: «¿Qué tienen contra los pajarillos?». Quería que los dejaran en paz enseguida. Su madre lo besó en la boca y dijo: «¿Por qué quebranto el mandamiento de Dios Todopoderoso? ¿Deben perder los pájaros por mi causa su alegría?».


Consideramos que esto bien podría ser una clara alusión al sublime "Lenguaje de los Pájaros", ese lenguaje cuya antigüedad, según Fulcanelli, se remontaría a Adán, que lo habría utilizado para imponer, según el mandato de Dios, los nombres convenientes, capaces de definir las características de los seres y de las cosas creadas. [1]
Leemos en el Corán: “Y Salomón fue el heredero de David; y dijo: ¡Oh, hombres!, hemos sido instruidos en el lenguaje de los pájaros y colmados de todo bien…” (XXVII, 15). [2]
Los pájaros, en diversas tradiciones, son tomados generalmente como símbolo de los ángeles. En efecto, el término árabe es-saffât designa literalmente a los pájaros, pero a la vez se aplica simbólicamente a los ángeles (el-malá'-ikah)[3].
Parzival se sobrecoge al percibir lejanos pero poderosos vestigios de la lengua angélica cuya dulzura penetraba en su corazón, alcanzaba, quizá sin comprenderlo, el medio por el que podría entrar en comunicación con las formas epifánicas del mundo sutil.

A pesar de lo que pudiera parecer, debido las condiciones en las que estamos inmersos en la actualidad, que no están demasiado lejos de ese exilio degradante al que fue llevado nuestro héroe, donde las facultades de percepción están atrofiadas y toda vía de acceso a lo sagrado parece haber sido ocultada y restringida, donde la ruta que conduce hacia el Centro del Mundo fue perdida totalmente de vista entre las ominosas ruinas de un pasado remoto, no debemos olvidar que "algunos pájaros siguen cantando felices", el espíritu sopla donde quiere y cuando quiere; siempre tendremos la posibilidad de restituir los símbolos a su verdadero valor, la posibilidad siempre es ahora, la puerta hacia esa otra visión del mundo puede ser abierta en cualquier momento por el buscador sincero que sepa cómo y dónde golpear.

Después de oír el amargo lamento de su madre, cuando ésta se cuestionó por qué debía quebrantar el mandamiento de Dios, el niño preguntó: «¡Ay, madre! ¿Qué es esto, Dios?» Entonces ella, por fin decide darle una somera explicación sobre la divinidad y algunas instrucciones para el comportamiento religioso, que no fueron ciertamente comprendidas por el rústico muchacho.

Pasaron los años, Parzival se había convertido un hábil cazador, y llegó el momento en que se operaría el comienzo de su transformación. Ese día fue a cazar, como de costumbre, y se cruzó con un grupo caballeros con relucientes armaduras ante los que quedó fuertemente deslumbrado, confundiéndolos con dioses.
Uno de ellos, el príncipe Karnachkarnanz, tomó la palabra para sacarlo de su error:
«No soy Dios, pero cumplo gustoso sus mandamientos. Si miras bien, verás aquí a cuatro caballeros».

El joven le preguntó: «Dijiste caballero. ¿Qué es eso? Si no tienes la fuerza de Dios, dime: ¿quién hace caballero?». «El rey Arturo. Doncel, si vais a su castillo, os otorgará el título de caballero y nunca os avergonzaréis de ello. Tenéis el aspecto de proceder de caballeros.»

El diálogo continuó hasta que los caballeros decidieron seguir su camino. Ya nada volvería a ser igual, algo se movía dentro de Parzival, algo que brotaba de su sangre. Por línea paterna estaba vinculado con el rey Arturo y, por añadidura, con los caballeros de la Tabla Redonda; por línea materna formaba parte del linaje del Grial, la jerarquía espiritual por excelencia, a la que finalmente accederá ocupando la posición más elevada. Era parte de su naturaleza, por derecho de nacimiento merecía formar parte de la caballería espiritual destinada a luchar por la regeneración cósmica. Aquí encontramos una afinidad evidente con el término árabe fotowwat o con el persa javânmardi, que implica a la vez las ideas de juventud y caballería. Designa a la juventud mística, juventud que escapa a los dominios del tiempo y en la que están actualizadas las perfecciones humanas y las energías espirituales. Quienes permanecen en contacto con el Grial, alcanzan efectivamente este estado, no envejecen jamás y, a través de este objeto, entran en comunicación con el Ser Divino, son los "Amigos de Dios", por medio de los cuales el mundo de la humanidad terrestre se comunica con el mundo superior invisible.
Henry Corbin explica, al comparar el ethos shiíta y zoroastriano con el ethos del Budismo y del exoterismo cristiano en general que

...para le ética zoroastriana ni el ser ni la manifestación del ser son una herida; más bien, el ser y la manifestación del ser han sufrido una herida; esta herida es la invasión de Ahrimán, invasión que se produce, en el zoroastrismo, cuando aparece la creación luminosa de Ohrmuzd y, en la gnosis shiíta, con la epifanía del Imam, en el origen de los mundos. [5]

No se trata de vivir el sufrimiento, la vejez y la muerte como pruebas con las que Dios somete al hombre; son derrotas que el Dios de la luz sufre en cada uno de sus miembros de luz y a las que se deberá hacer frente, sin resignación, siguiendo el ideal de la caballería.

Parzival, como los javânmardân, no buscará la reabsorción del mundo, sino de conducirlo a su transfiguración o rejuvenecimiento, al frashkart, en la terminología zoroastriana [6], luchará por restaurar su pureza primordial; lo que conseguirá luego de formular la "pregunta fatídica" a su tío, el rey Pescador, que le valdrá su coronación como nuevo rey del Grial. La regeneración no sólo tiene lugar en Munsalwäsche y a partir de ahí hacia el resto del Cosmos, sino que se realiza al mismo tiempo en el interior del propio caballero que se colocará en el Centro del Mundo, que es también el Centro del estado humano, la recuperación de la integridad edénica.

En un último intento por frustrar las aspiraciones de su hijo, Herzeloyde tratará de convertirlo en un objeto de burla vistiéndolo como a un bufón

La dama no sabía bien qué ardid emplear para apartarle de ese deseo. El joven, noble e inexperto, pidió insistentemente a su madre un caballo, de modo que el corazón de ésta se llenó de tristeza. Ella pensaba: «No se lo voy a negar, pero tiene que ser un rocín muy malo». Y la reina siguió meditando: «A la gente le gusta mofarse. Mi hijo llevara sobre su bello cuerpo vestidos de bufón. Cuando le tiren de los pelos y le den palos, seguro que volverá a mí». ¡Ay! ¡Cómo sufría!
La dama tomó tela de saco y le hizo una camisa y unos pantalones, ambos en una pieza, que le cubría hasta la mitad de la blanca pierna. Así se vestían los bufones. Arriba iba la capucha. De piel de becerro sin curtir le hizo dos botas de campesino, a la medida de sus pies.

Al bufón también se lo llamaba loco, aunque no lo fuera realmente; las vestimentas y el aspecto de "locura" presentan un doble simbolismo, como en el Arcano sin número del Tarot. Por un lado podría referirse a la sabiduría oculta bajo un disfraz que servía, en todas las formas tradicionales, a iniciados de alto rango cuando tenían que desempeñar en el exterior alguna "misión" especial [7]; pero, en este caso, sin perder de vista el contexto en el que es utilizado, nos contentaremos con decir que es representativo de su estado profano, de aquel que aún no sabe de dónde viene ni a dónde va, y marcha ciegamente sin conciencia del abismo al cual se podría precipitar. [8]

Ahora, deberá cruzar el bosque, el pasaje hacia otro mundo, el lugar de lo eterno, atestado de prodigios y seres maravillosos, de misterios y revelaciones, el lugar donde ocurrirán sus experiencias más significativas, el lugar donde iniciará su valeroso viaje a la estación del corazón...


[1] Wolfram von Eschenbach, Parzival.
[2] Fulcanelli, Las moradas filosofales,
[3] Citado por René Guénon en Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada.
[4] René Guénon, op. cit.
[5] Henry Corbin, El hombre y su Ángel.
[6] Ibíd.
[7] Ver René Guénon, Iniciación y Realización Espiritual.
[8] René Guénon, Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada.

10 comentarios:

joaquín huertas dijo...

Apreciado Sahaquiel:

Solo felicitarte por tu nueva entrada en la labor que has emprendido en torno al simbolismo de las leyendas artúricas en las que Parzival es un héroe destacado, siendo su finalidad iniciarnos en el conocimiento esotérico del Grial, difundiendolas como muy bién haces a la luz del simbolismo universal del que participan las tradiciones esprituales auténticas, como a las que haces referencia.

Quisiera también dejar nota, como ampliación bibliográfica, de un libro que creo es muy ilustrativo para el tema que aquí nos ocupa, siendo también un estudio de la obra de Wolfran von Eschenbach.
Está escrito por Pierre Ponsoye, y tiene por título "El islam y el Grial", del que dejo un texto de presentación.

"El tema del Grial no ha dejado de interesar e intrigar al hombre europeo desde la edad media.
Junto a la fascinación poética que han ejercido los relatos que cuentan las aventuras de los caballeros de la Tabla redonda,el Santo Grial ha constituido en sí un enigma, del que se han propuesto las más variadas interpretaciones, aunque ninguna de ellas ha logrado agotar todo su significado. Su misterio, en efecto, no se deja encerrar en fórmulas de carácter filosófico o teológico, y menos literario.
Pierre Ponsoye realiza en este libro un estudio del significado profundo del Grial desde la perspectiva del esoterismo universal y demuestra que la enseñanza del Grial constituye un magisterio esotérico. Se nos revela, de este modo, la existencia en la edad media de un esoterismo cristiano vivo, en contacto estrecho, por lo demás, con los esoterismos islámico y judaico, cuyos principios fundamentales comparte. Este hecho permite entender la presencia en muchos textos -por ejemplo, en el Parzival de Wolfram von Eschenbach- de elementos islámicos que de otra forma resultan inexplicables. El estudio de Pierre Ponsoye abre perspectivas insólitas sobre, por una parte, la verdadera dimensión del mito del Grial y, por otra, sobre las relaciones de los esoterismos cristiano y oriental en un época crucial de la historia de occidente."

Espero que la referencia a este título, pueda ser un aporte enriquecedor en la ampliación de conocimientos sobre este tema, a todo aquel que le despertara el interés; mas allá, de que comparta totalmente lo que en el se expone.

Un abrazo atodos, y gracias Sahaquiel.
Joaquín.

Sahaquiel dijo...

Querido Joaquín: ¡Muchas gracias por tus palabras!
Te agradezco también por la recomendación de ese tan interesante libro, del que ya tomé nota y espero estar leyendo en algunos días...

Henry Corbin explica:

"Hay una estrecha relación entre el desarrollo de la filosofía profética y el desarrollo de la epopeya mística. De su convergencia nace una caballeríaespiritual que avanza desde los diversos horizontes del "fenómeno del Libro santo" y cuyo servicio divino, gracias al cual la humanidad persevera todavía en el ser, no puede expresarse más que en relatos visionarios y en epopeyas del alma, no en teoría generales y menos todavía en ideologías abstractas.
Es por eso por lo que las visiones de los profetas y las epopeyas místicas exigen la misma hermenéutica espiritual que el Libro. Es de esta forma como debe leerse nuestra epopeya mística medieval en Occidente, a saber, todo el ciclo del santo Graal, pues sólo a condición de ser entendida de esta forma nuestra epopeya del Graal podrá revelar el secreto de su caballería espiritual"

Los relatos del Grial constituyen una fuente inagotable de sabiduría para quien no se conforme sólo con la estéril "letra"; es un soporte maravilloso para el estudio, la reflexión y la meditación de los símbolos. Es un legado tradicional, iniciático, sumamente valioso, repleto de claves, enseñanzas y misterios que esperan ser develados.

Un fuerte abrazo.

joaquín huertas dijo...

Sahaquiel, el otro dia me olvidé de comentarte algo con respecto al simbolismo del arcano "El loco" y su sabiduria oculta, que tu recordaste
cotejándolo con el pasaje de la infancia de Parzival, por lo que nuevamente te escrivo; creo que puede ser interesante y revelador.

En la lengua árabe, Wali quiere decir Sabio, entendiendose como cercano a Dios, Balid, también en árabe, seria el idiota, el que solo habla de cosas sin sentido e insustanciales, que podria traducirse también como Loco.
El alfabeto árabe al igual que el hebreo, son considerados sagrados, encontrándose una correspondencia numérica en cada letra, siendo el número la esencia de esta, lo que se conoce como Gematria en la Kábala.
En árabe el valor numérico de Wali es 46, y el de Balid 46 también, y si hacemos la reducción según la ciencia de los números:

46 = 4+6 = 10 = 1+0 = 1

Llegamos a la unidad.

También a tener en cuenta, que el arcano número 1 del Tarot de Marsella y el Visconti es el Mago, y como todos sabemos, los magos heran los Sabios de oriente.

Un abrazo, Sahaquiel, espero te puedan aportar algo estos datos.

Joaquín.

Sahaquiel dijo...

Querido Joaquín,

¡Muchas gracias por esos datos! Quisiera hacer algunas consideraciones sobre el simbolismo de "El Loco", el Arcano sin número del Tarot, pero en este momento no logro ordenar completamente las ideas y no dispongo del tiempo suficiente...
Quizá escriba algo al respecto en el futuro, teniendo en cuenta los datos que aportaste.

Un fuerte abrazo.

El Hortulano dijo...

Felicitaciones por tu hermoso trabajo sobre el Grial, ese que tantos buscan sin saberlo y que tantos otros saben sin encontrarlo.

Espero que tenga su continuidad para poder seguir deléitándonos con su nectar. Al fin y al cabo la hidromiel es un alimento puro ¿verdad?.

Un abrazo.

Sahaquiel dijo...

Hortulano: Muchas gracias por tan amables palabras. Es grato poder compartir en este espacio algunas disquisiciones sobre un tema tan interesante y muchas veces bastardeado.
Trataré, en lo posible, de darle continuidad, ahora que tengo más material para estudiar e investigar.

Un abrazo

Alchemy dijo...

Hola Sahaquiel, agradezco esta bello y conmovedora exposición de diferentes fuentes, revelando verdad y dando pistas en el camino.
La imagen escogida para el post, es bellísma y muy significativa.
Un abrazo!
BeT

Anonymous dijo...

Hola Sahaquiel, recién hoy pude leer tu sengunda entrega del Parzival. Yo también agradezco tu trabajo, el cual, además del claro tratamiento del tema central, interesantes sugerencias laterales.
Por otra parte, me llamó la atención la correspondencia de 'estructura' con otros relatos del retorno al Origen que, sin embargo, no tienen la forma 'heroica' propia de una saga de caballería. Por ejemplo, para poner el ejemplo culturalmente más cercano, en la 'parábola' del hijo pródigo, el hijo ignorante de la dignidad de su origen llega a tocar el punto más bajo de la condición humana. Representado en esa parábola por el trabajo en el chiquero (con los cerdos, animal impuro en el judaísmo). Del mismo modo Parzival es vestido, por su madre, de Bufón y según tu interpretación alcanza ahí su punto más bajo, el punto de mayor alejamiento de su origen, antes de emprender el gran viaje..
En fin, a escala individual ese 'punto más bajo' es personal de cada uno, pero a escala general pienso que está representado por la ciencia secular y sus derivados ideológicos. Esa concepción que hace descender al hombre de las formas animales y que obtura toda perspectiva de trascendencia.
Bueno, me fuí por las ramas.. como siempre.. Nuevamente gracias.
Abrazo
Máximo

Sahaquiel dijo...

Bet: Muchas gracias por tu comentario.
El manuscrito de donde fue tomada esa imagen puedes encontrarlo aquí:

http://diglit.ub.uni-heidelberg.de/diglit/cpg339i/0004/thumb?sid=3c4e4f325cbf6373073f30efd8f69078

Un abrazo!

Sahaquiel dijo...

Máximo: Te agradezco una vez más por tus siempre interesantes comentarios. Coincido completamente con lo que dices. La perspectiva reduccionista instaurada por la ciencia secular y sus derivados, jugaría en estos tiempos el papel que ocupó la madre de Parzival, creando un estado de parálisis y atrofia de nuestra percepción que, en primera instancia, nos impide emprender el camino de retorno o el simple reconocimiento de nuestro origen celeste. No todo puede estar perdido mientras "algunos pájaros sigan cantando" y nos permitan sentir esa profunda "nostalgia por las formas trascendentes" de la que nos hablaba Eliade.

Un fuerte abrazo.