"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



miércoles, 18 de febrero de 2009

Sobre la Idolatría

Volvamos ahora a lo tratado en posts anteriores, sobre todo en lo que respecta al breve análisis que pretendimos esbozar sobre el desdibujado comportamiento religioso que, pese a las tentativas secularistas de diversos sectores de la sociedad, a duras penas, ha logrado sobrevivir aún a costa de su inevitable y funesta desviación. De aquí se desprende casi inmediatamente un tema que debe ser replanteado. Estamos hablando, desde luego, de la cuestión de la idolatría, esa forma de adoración de lo divino tan atacada, repudiada, vilipendiada y maldecida, incluso desde el advenimiento del Monoteísmo profético pero que, no obstante, desde un determinado punto de vista y establecidas ciertas pautas y condiciones culturales propias de una sociedad tradicional, no carece de autenticidad y plena validez como soporte externo para entrar en comunicación, de modo indirecto, con la divinidad, en función de la capacidad de penetración espiritual de los fieles.
Compartimos a continuación el extracto de un artículo del historiador de las Religiones, Mircea Eliade, publicado en la Revista Janus Nº 4 de enero-marzo de 1966, donde se cita a las voces siempre cualificadas y autorizadas de los grandes maestros de la Tradición.
El gran metafísico y teólogo indio Shankara escribía que "el Señor Supremo puede asumir, si quiere, una forma corpórea constituida por Maya (es decir por la ilusión cósmica), a fin de recompensar a sus piadosos adoradores". Los teólogos vishnuítas han ido más lejos aún. Han intepretado la veneración popular de los objetos materiales del culto (los ídolos de Vishnú, las piedras y las plantas "sagradas", etc) no como una prueba de la incapacidad del espíritu humano de elevarse a la altura de Dios, sino, al contrario, como la prueba a la vez de la libertad de Vishnú de mostrarse bajo cualquier forma, y de su compasión respecto a los hombres. Como lo escribe Lokâcharyâ: "Aunque omnisciente, Vishnú se muestra en los objetos materiales del culto (arcâ) como si estuviera desprovisto de conocimiento; aunque espíritu, se muestra como si fuese material; aunque el verdadero Dios se muestra como si estuviera a disposición de los hombres; aunque todopoderoso, se muestra como si fuera débil; aunque sin preocupaciones, se muestra como si necesitara ser cuidado; aunque inaccesible (a los sentidos), se muestra como tangible." El culto popular de las imágenes y objetos materiales es interpretado por los teólogos vishnuítas como una prueba de la condescendencia divina en mostrarse a los hombres, en dejarse captar por los sentidos, y ello con el riesgo, por parte de Dios, de ser transformado en "ídolo", de ser confundido con los objetos materiales que él había santificado con su presencia.

(Mircea Eliade, "Los mitos que se tornan ídolos", publicado en Janus Nº 4, "El hombre y sus ídolos", Ed. Librería Hachette S. A., Buenos Aires, 1966)



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La llama del Conocimiento


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6 comentarios:

José Manuel dijo...

Amigo Sahaquiel, te mando una doble felicitación, por el nuevo "aspecto" del blog y por la siempre acertada selección de tus textos.
En relación a estos últimos post me ha venido a la mente, aunque no tenga una relación directa, una respuesta que Sri Ramana dio a la pregunta de si Dios tenía cabeza, brazos y pies como nosotros. Sri Bhagavan, con su perenne buen humor, dijo, más o menos: "Claro que sí. No tienes tú nariz, orejas, manos, pies... ¿Por qué no los va a tener Dios?"
La sana ironía ante la tremenda paradoja de la manifestación siempre es un buen antídoto para la mente racionalista y, por naturaleza, dualista.
Un fuerte abrazo.

Pola dijo...

Querido Sahaquiel,

hace poco me recomendaron un libro fantástico ("El rosa Tiepolo" de Roberto Calasso), y al leer tu post y tus reflexiones sobre el tema, he recordado una de las cosas que se comentan en él y los pensamientos que me ha inducido.

En el libro el autor explora, entre otros temas, el simbolismo de la serpiente. Para ello profundiza en el episodio de la Biblia que narra el éxodo de los judios desde Egipto y su travesía por el desierto.

Durante ésta -y a causa de las quejas contra Elohím y contra Moisés por las penurias continuas-, Yahvé envío serpientes que mordían a su pueblo. Cuando Moisés intercedió por ellos ante Yahvé, éste le dijo:

"Hazte una serpiente abrasadora y ponla sobre un mástil. Todo el que haya sido mordido y lo mire, vivirá".

Entonces Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un mástil, de forma que todo aquel que había sido mordido y la miraba seguía con vida.

El autor plantea el hecho, aparentemente paradójico, de que precisamente Moisés, aquel que había combatido la idolatría y destruido el becerro de oro, fabricara ahora una imagen, un ídolo hacia el que había que levantar la mirada. Pero la imagen de la serpiente así investida, alzada en el mástil y cuya visión podía evitar la muerte, no era un mero ídolo, sino una imagen metafísica, un símbolo. Aquel que puede "levantar la mirada" y experimentar la visión de la imagen como una epifanía, aquel que espiritualiza su forma material, pasa a percibirla con los "ojos de fuego", con el órgano de conocimiento del alma que es la Imaginación teofánica, instrumento de transmutación de lo sensible capaz de hacernos intuir la esencia oculta en la Imagen. Así, aquel que habiendo recibido el veneno alza los ojos y "ve" la serpiente es "curado", "salvado".

La Imagen no es ni un concepto abstracto ni un ser material, es un símbolo, y como tal implica el acceso a otro plano del ser: "es la "cifra" de un misterio, el único medio de expresar lo que no puede ser aprehendido de otra forma; nunca es "explicado" de una vez por todas, sino que debe ser continuamente descifrado", comenta Corbin en uno de sus libros.

Roberto Calasso también nos cuenta que siglos después, cuando Ezequías (hijo del rey David), se convierte en rey de judea, vuelve a nombrarse la serpiente de bronce en la Biblia:

"Hizo lo recto a los ojos de Yahvé enteramente como había hecho David, su padre. Fue él quien quitó los altos, derribó las estelas, cortó las Asherah y rompió la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque los israelitas le habían quemado incienso hasta aquellos días: la llamaban Nehustán".

Ezequías destruyó la serpiente de bronce al igual que había hecho con las Asherah (imágenes de Astarté) debido probablemente a que había terminado convirtiéndose en un mero ídolo, un objeto adorado en sí mismo.

Y como explica Calasso, la serpiente de bronce aparece por último en el Evangelio de Juan. Allí Jesucristo dice:

"Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el hijo del hombre".

(Espero que disculpes la extensión).

Un fuerte abrazo.

Fedonte dijo...

Don Sahaquiel:

Primero, me alegro muchisimo de que haya vuelto el blog.

Segundo: me alegro tambien de que cite a uno de mis autores favoritos, Mircea Eliade es un verdadero icono de la historia de las religiones, y cuando veo tanta gente ignorante simplificando estas cuestiones me lo imagino al pobre rumano revolcandose en la tumba. Lastima que tenga el primero de los tres libros "historia de las creencias y las ideas religiosas" (tan como 100 mangos cada uno).

Tercero: interesantísimo artículo, la idolatría estaba presente desde las primeras civilizaciones e incluso antes, desde las figuras femeninas talladas en piedra hasta la estatua de Marduk en Babilonia .Yo creo que el límite entre lo sagrado y su simbolización es tan estrecho que es casi inevitable que el símbolo se transforme también en sagrado, y lo sagrado digamos que está fuera de cualquier categorización, osea que es sagrado? lo que un grupo de personas considera que lo es. Los que critican no se dan cuenta que la idolatría está en todos los aspectos de la vida igual que en el pasado, solo que en la sociedad moderna se lo hace con cosas mas estúpidas y superficiales de lo que lo hacían los antiguos, que tenía que ver con la espiritualidad humana misma.

Cuarto: ya actualicé el link.

Por ultimo ayer casi destruyo mi blog sin querer queriendo (?) por andar tocando cosas de la plantilla, por suerte lo arregle. No sabes el cagaso que me pegue.
Ando haciendo unos laburitos y se me complica, pero cuando vuelva a utilizar las neuronas (?) hago un post nuevo. Un abrazo!!

juan de armas dijo...

Idolatrar forma parte del maya de la dualidad por cuanto exige un ídolo y un idolatrador que se cree ajeno a lo idolatrado.

Un abrazo,

juan

Luna dijo...

No he leido casi nada sobre estoos temas tan interesantes y quizas mis comentarios sean de poco interes pero siento que DIOS y yo somos uno,como el mar y la ola el cantante y su cancion, es mi humilde idea.Aunque estas metaforas no son mias ayudan a describir aquello que emana de nosotros.Gracias Saraquiel por tu blog.Luna

Sahaquiel dijo...

Les agradezco a todos por sus geniales aportes.
Pido disculpas por no responder a cada uno por separado pero ando algo ajustado de tiempo.

Abrazos para todos.

PS: Pola, no vuelvas a disculparte por la extensión; tu presencia y tus comentarios siempre enriquecen este blog.