"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



sábado, 31 de enero de 2009

La llama del Conocimiento

En el post anterior hicimos una crítica tanto al pueril sentimentalismo, simple exaltación de lo infrarracional que ve al sentimiento como lo más profundo y elevado que hay en el ser y, por otro lado, del frío racionalismo que coloca a la razón en la cúspide de las facultades intelectuales renegando de todo otro posible modo de acceder al Conocimiento (es decir, la Intuición Intelectual o el conocimiento directo del Corazón), lo cual constituye una verdadera desviación de la esencial naturaleza del hombre, desviación que se vio cristalizada fundamentalmente con el cartesianismo y las subsecuentes falacias de las filosofía moderna. No obstante, fuimos más condescendientes con la primera de estas posiciones por ocupar un lugar más legítimo, si se quiere, en el angustioso recuerdo de nuestro Origen.
Si el auténtico sentido de las religiones, como soporte mediante el cual los individuos pueden dotar cada acto de su vida de una dimensión ritualística en conformidad con los ritmos arquetípicos del Cosmos, es perdido de vista por los creyentes que sólo tratan de aferrarse a una religiosidad de escasa penetración espiritual, no se encuentran en mejor posición quienes hacen gala de un pensamiento reduccionista incapaz de traspasar su propio horizonte.

Para ilustrar con más claridad lo dicho hasta aquí, dejo un breve pero revelador texto de René Guénon tomado de la altamente recomendable compilación póstuma intitulada "Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada"

Ahora bien; si, aparte de la desviación moderna de que acabamos de hablar, se quiere establecer dentro de límites legítimos cierta relación entre el corazón y la afectividad, se deberá considerar esa relación como resultado directo del papel del corazón en cuanto “centro vital” y sede del “calor vivificante”, pues vida y afectividad son dos cosas muy próximas entre sí, e inclusive muy conexas, mientras que la relación con la inteligencia es, evidentemente, de otro orden. Por lo demás, esa relación estrecha entre vida y afectividad está netamente expresada en el propio simbolismo, ya que ambas se representan igualmente bajo el aspecto de “calor”[1]; y en virtud de esta misma asimilación, pero realizada entonces de modo muy poco consciente, en el lenguaje ordinario se habla corrientemente de la “calidez” de la afección o del sentimiento[2]. A este respecto, debe observarse también que cuando el fuego se polariza en esos dos aspectos complementarios que son el calor y la luz, éstos, en su manifestación, se hallan, por así decirlo, en razón mutuamente inversa; y sabido es que, inclusive desde el simple punto de vista de la física, una llama es, en efecto, tanto más cálida cuanto menos ilumina. De igual modo, el sentimiento no es verdaderamente sino un calor sin luz[3], y también puede encontrarse en el hombre una llama sin calor, la de la razón, que no es sino una luz refleja, fría como la luz lunar que la simboliza. En el orden de los principios, al contrario, los dos aspectos, como todos los complementarios, convergen y se unen:indisolublemente, pues son constitutivos de una misma naturaleza esencial; así ocurre, pues, en lo que respecta a la inteligencia pura, que pertenece propiamente a ese orden principial, y esto es una nueva confirmación de que, según indicábamos poco antes, la irradiación simbólica en su doble forma puede serle integralmente referida. El fuego que reside en el centro del ser es a la vez luz y calor; pero, si se quiere traducir estos dos términos por inteligencia y amor, respectivamente, aunque no sean en el fondo sino dos aspectos inseparables de una cosa única, será menester, para que tal traducción sea aceptable y legítima, agregar que el amor de que se trata entonces difiere tanto del sentimiento al cual se da el mismo nombre como la inteligencia pura difiere de la razón.

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[1] Naturalmente, se trata aquí de la vida orgánica en su acepción más literal, y no del sentido superior en el cual la “vida” está, al contrario, puesta en relación con la luz, como se ve particularmente al comienzo del Evangelio de San Juan (cf. Aperçus sur l’Initiation, cap. XLVII).

[2] Entre los modernos, el corazón en llamas suele tomarse, por lo demás, como representación del amor, no solamente en sentido religioso sino también en sentido puramente humano; esta representación era de lo más corriente sobre todo en el siglo XVIII.

[3] Por eso los antiguos representaban ciego al amo

2 comentarios:

José Manuel dijo...

Muy bien traída, Sahaquiel, esta cita de Guénon que da más "luz" hablando precisamente de ello a la entrada anterior.
¡Qué bueno ese "calor sin luz" o esa "llama sin calor"! Todo queda perfectamente claro cuando se tienen en cuenta los múltiples significados del simbolismo sin tener de él esa lectura literal que comentábamos por el tema de "Zeigeist". Por cierto, Sahaquiel, en mi anterior comentario ahora veo que quizá se pudo entender que te decía a ti "que esperaba más de él". No, al contrario, te agradezco de veras tu sugerencia y tu petición de mi opinión. Siempre es muy instructivo ver esa mentalidad profana, que es la del mundo en que nos movemos, y aunque haya que aceptarla, ¡qué remedio!, haces muy bien en señalarla y exponer este otro punto de vista que aunque ya sólo nos guíe a una minoría no por eso deja de tener su importancia, a parte del hecho de la importancia que tiene en sí mismo como fiel reflejo de la Realidad. Bueno, Sahaquiel, que me extiendo demasiado. Un fuerte abrazo y hasta pronto.

Sahaquiel dijo...

Ciertamente, querido José Manuel, ese texto del genial metafísico francés es candente y luminoso, como la llama del conocimiento metafísico.
Te agradezco por tu comentario sobre Zeitgeis y por haber hecho el esfuerzo de soportar semejante engendro. Parece ser que tanto la new age como esa forma de ocultismo y pseudoespiritualidad que Guénon combatía siguen mutando, como es de esperarse por su carácter contingente, para amoldarse a los nuevos esquemas de la mentalidad profana.
En este lugar siéntete libre de extenderte tanto como quieras, es un placer leerte.
Un fuerte abrazo!