"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



lunes, 30 de junio de 2008

Naturaleza al desnudo.

La Naturaleza servida por las tres Gracias. Pedro Pablo Rubens

Mientras continúo inmerso en algunas ocupaciones y distracciones que me dificultan seguir adelante con este blog cuyas actualizaciones, no hace falta decirlo, son cada vez menos frecuentes, voy a transcribir parte de un texto que me ha acompañado en estos días en los que inevitablemente tuve que caer en el confuso remolino de las ilusorias contingencias profanas. Las palabras nunca alcanzan para agradecer a estos autores preclaros por tan magníficos textos.


"Apenas terminó dicha Procesión, Salomón me mostraba el único centro en el Trígono del Centro y me refirió el sentido: me di cuenta luego de que una mujer estaba parada ante mí. Tenía al descubierto su pecho herido y sangriento y de la herida manaban al mismo tiempo agua y sangre. Sus hombros, cual dos cuartos de luna, hechos por un Maestro, estaban unidos. Su ombligo era redondo como una bella copa, su vientre como una pequeña rueda de molino rodeada de rosas; sus pechos como dos cervatillos gemelos, su cuello parecía una torre de marfil, sus ojos, los viveros de Hesbón, a la puerta de los Bathrabbim, su nariz a la torre del Líbano que mira hacia Damasco; de su cabeza, admirable como el Carmelo, en mantel de púrpura Real, hacia su espalda, caía su cabellera, pero infectos, fétidos y venenosos, sus vestidos yacían a sus pies.
Y me habló de este modo:
"Me he quitado mi estola, ¿cómo me la volveré a poner ahora? He lavado mis pies, ¿cómo los ensuciaré de nuevo? Los vigías, que recorren ahora las calles de la ciudad, me encontraron, hirieron y arrancaron violentamente mi peplo."
Hecho esto, fui cogido por el temor y no comprendí. Caí por tierra. Salomón ordenó que me levantara enseguida y me dijo: "No temas. La Naturaleza se ha puesto al desnudo ante ti y ahora vez el arcano de los arcanos, el mayor bajo el cielo y sobre la tierra. Elegante es, como Thirtza: suave, como Jerusalem, terrible, como los soldados fronterizos y de todos modos es una pura y casta virgen de la cual fue creado y formado Adán.
"Prohibida está la entrada a su tabernáculo. Aunque ella habita los jardines y duerme en la deliciosa cueva de Abraham en el campo de Hebrón, y su palacio, aunque de aspecto inaparente, está en las profundidades del Mar Rojo. Ha tomado nacimiento del aire y el fuego la ha educado. Por ello es la reina de la Tierra. Tiene leche y miel en sus pechos. Sus labios distilan exquisitas dulzuras, miel y leche están bajo su lengua y el olor de sus vestidos, que es una abominación para el ignorante, recuerda a aquellos que saben el perfume del incienso."

(Hinricus Madanthanus, "El Renacimiento del Siglo de Oro").

-"Cuatro tratados de Alquimia, presentados y traducidos por Julio Peradehordi", Editado por Visión Libros, España, 1979