"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



martes, 19 de febrero de 2008

Dionisio Areopagita: En qué consiste la divina tiniebla.

Mientras sigo ocupando mi tiempo en asuntos laborales y académicos dejando sólo un reducido espacio del día para la reflexión, la meditación y la lectura de textos tradicionales -con el consiguiente bloqueo que esto implica- debo reconocer, sin más, que no me encuentro en condiciones de hacer grandes aportes al blog. ¡Ay! ¡a veces cuesta tanto escapar a los avatares del mundo moderno con su fría ilusión de progreso!
Así que me limitaré a transcribir ciertos textos que en estos días me mantuvieron despierto, al menos por unos instantes, ante la soporífera e inhumana carga de las obligaciones cotidianas. Y no digo "inhumano" por el relativo esfuerzo propio de estas actividades, sino por su carácter de "anormalidad" que nos aleja del centro y nos impide reconocer aquello que realmente somos.
En esta ocasión, transcribo el primer capítulo de la Teología Mística de Dionisio Areopagita, un texto sublime, un mensaje de prístina sabiduría que inspiró a los grandes maestros de la Tradición Cristiana.

EN QUÉ CONSISTE LA DIVINA TINIEBLA


1. Trinidad supraesencial y más que divina y más que buena, maestra de la divina sabiduría cristiana, guíanos más allá del no saber y de la luz, hasta la cima más alta de las Escrituras místicas. Allí donde los misterios simples, absolutos e inmutables de la teología se revelan en las tinieblas más que luminosas del silencio. En medio de las más negras tinieblas fulgurantes de luz desbordan, absolutamente intangibles e invisibles, los misterios de hermosísimos fulgores que inundan nuestras inteligencias, que saben cerrar los ojos.
Ésta es mi oración. Timoteo, amigo mío, entregado por completo a la contemplación mística, renuncia a los sentidos, a las operaciones intelectuales, a todo lo sensible y a lo inteligible. Despójate de todas las cosas que son y aun de las que no son y elévate así, cuanto puedas, hasta unirte en el no saber con aquel que está más allá de todo ser y de todo saber. Porque por el libre, absoluto y puro apartamiento de ti mismo y de todas las cosas, arrojándolo todo y del todo, serás elevado en puro éxtasis hasta el Rayo de tinieblas de la divina Supraesencia.
2. Pero ten cuidado de que nada de esto llegue a oídos de no iniciados, aquellos que se apegan a los seres, que se imaginan que no hay nada más allá de lo que existe en la naturaleza física, individual. Piensan, además, que con su mística razón pueden conocer a aquel que "puso su tienda en las tinieblas". Y si esos no alcanzan a comprender la iniciación a los divinos misterios, ¿qué decir de quienes son verdaderos profanos, de aquellos que describen la Causa suprema de todas las cosas por medio de los seres más bajos de la naturaleza y proclaman que nada es superior a los múltiples ídolos impíos que ellos mismos se fabrican?
En realidad, debemos afirmar que siendo Causa de todos los seres habrá de atribuírsele todo cuanto se diga de los seres, porque es supraesencial a todos. Esto no quiere decir que la negación contradiga a las afirmaciones, sino que por sí misma aquella Causa trasciende y es supraesencial a todas las cosas, anterior y superior a las privaciones, pues está más allá de cualquier afirmación o negación.
3. En ese sentido, pues, dice el divino Bartolomé que la teología es al mismo tiempo abundante y mínima, y que si el Evangelio es amplio y copioso, es también conciso. A mi parecer, ha comprendido perfectamente que la misericordiosa Causa de todas las cosas es elocuente y silenciosa, en realidad callada. No es racional ni inteligible, pues es supraesencial a todo ser. Verdaderamente se manifiesta sin velos sólo a aquellos que dejan a un lado los ritualismos de las cosas impuras y de las que son puras, a quienes sobrepasan las cimas de las más santas montañas. A los desprendidos de luces divinas, voces y palabras celestiales, y que se abisman en las Tinieblas donde, como dice la Escritura, tiene realmente su morada aquel que está más allá de todo ser.
No en vano el divino Moisés recibió órdenes de purifícarse primero y luego apartarse de los no purificados. Acabada la purificación, oyó las trompetas de múltiples sonidos y vio muchas luces de rayos fulgurantes. Ya separado de la muchedumbre y acompañado de los sacerdotes escogidos, llega a la cumbre de las ascensiones divinas. Pero todavía no encuentra al mismo Dios. Contempla no al Invisible, sino el lugar donde Él mora. Esto significa, creo yo, que las cosas más santas y sublimes percibidas por nuestros ojos e inteligencia no son las razones hipostáticas de los atributos que verdaderamente convienen a la presencia de aquel que todo lo trasciende. A través de ellas, sin embargo, se hace manifiesta su inimaginable presencia, al andar sobre las alturas de aquellas cúspides inteligibles de sus más santos lugares. Entonces, es cuando libre el espíritu, y despojado de todo cuanto ve y es visto, penetra (Moisés) en las misteriosas Tinieblas del no-saber. Allí, renunciado a todo lo que pueda la mente concebir, abismado totalmente en lo que no percibe ni comprende, se abandona por completo en aquel que está más allá de todo ser. Allí, sin pertenecerse a sí mismo ni a nadie, renunciando a todo conocimiento, queda unido por lo más noble de su ser con Aquel que escapa a todo conocimiento. Por lo mismo que nada conoce, entiende sobre toda inteligencia.


viernes, 15 de febrero de 2008

Entrevista a Raimon Arola

Les dejo esta interesantísima entrevista a Raimon Arola publicada en el número 39 de la Revista Hermética, correspondiente a Enero del corriente año.
Para un mayor acercamiento al trabajo de Arola y de sus colaboradores en lo que respecta a Ciencia Sagrada y Tradición Hermética, pueden visitar las páginas web de ArsGravis y de la revista La Puerta, que seguramente varios de ustedes ya conocen.

Raimon Arola (Tarragona, 1956), Doctor en Filosofía y Letras, es profesor titular en la Universitat de Barcelona, donde imparte la asignatura de Simbolismo y, regularmente, profesor invitado en otras universidades. En el campo de la historia de la religión y del estudio del significado simbólico de las obras de arte ha publicado: Simbolismo del templo (Barcelona, 1986), Las estatuas vivas. Ensayo sobre arte y simbolismo (Barcelona, 1995), El tarot de Mantegna (Barcelona, 1997), Los amores de los dioses. Mitología y alquimia (Barcelona, 1999), La cábala y la alquimia en la tradición espiritual de occidente, siglos XV-XVII (Palma de Mallorca, 2002), El buscador del orden (Barcelona, 2003), Images cabalistiques et alchimiques (Paris, 2003), Alquimia y religión (Madrid, 2008)



REVISTA HERMÉTICA.- Usted desarrolla una gran actividad editorial y docente donde el Simbolismo y el Hermetismo son el medio de retornar a una cierta Sabiduría Tradicional. ¿Qué son el Simbolismo y el Hermetismo?

RAIMÓN AROLA.- Me parece muy acertado plantear mi actividad profesional como un medio para reencontrar la Sabiduría Tradicional, el problema está en poder definir estos nombres, simbolismo y hermetismo, y su relación con la Sabiduría en el marco de esta entrevista. Podría decirse que ambas disciplinas la consideran su objetivo final pero que los caminos que siguen son distintos y eso hay que tenerlo en cuenta si no se quiere caer en la trampa de que todo es todo. Una indeterminación bastante actual, por cierto, que puede destruir la vida interior de la Sabiduría Tradicional que al fin y al cabo es lo que importa descubrir.

R.H.- ¿Podemos hablar de Hermetismo sin hablar de Alquimia?

R.A.- Podría hacerse, como pasó, por ejemplo, en Italia durante la segunda mitad del siglo XV, cuando se estudió el hermetismo como si fuera una filosofía, la del Corpus Hermético. Pero en un sentido más universal, y a mi entender más profundo, Hermetismo y Alquimia son sinónimos. Entienden y explican la Sabiduría Tradicional como un conocimiento experimental transmitido a través de los tiempos y cuyo origen se remontaría a Hermes Trimegisto, el “legendario” fundador de la civilización egipcia.

R.H.- ¿Qué sentido tienen en el siglo XXI estas disciplinas y que pueden aportar al hombre moderno?

R.A.- No soy muy optimista en relación a este tema, pues si bien el hombre moderno está sediento de alimento espiritual, el “reino de la cantidad” descrito por René Guénon se impone sin remedio con su mediocridad e hipocresía. Sin embargo, también creo que la búsqueda de la Sabiduría Tradicional es el mejor camino para reencontrar la dignidad del hombre, su “cualidad” más vital y esencial.

R.H.- Usted mantiene una estupenda web sobre la asignatura de simbolismo en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona. ¿Se valoran como tales los temas Tradicionales en el ámbito universitario más allá de su discurso conceptual?

R.A.- Desgraciadamente, la academia, como entidad, ignora o desprecia los temas Tradicionales, pero existen muchas mentes despiertas y buscadoras que han acogido muy favorablemente la web de Arsgravis y la utilizan para sus estudios. Sin embargo a nivel institucional sólo tiene valor aquello que se relaciona con la técnica y el progreso. ¡Incluso las humanidades se están abandonando!

R.H.- ¿Se puede considerar a la Simbología como una disciplina autónoma o solamente como un instrumento para la captación intelectual de ciertas concepciones metafísicas propias del sufismo o el hinduismo, entre otras?

R.A.- El simbolismo, tal como lo concibo, sería un nexo entre el mundo del espíritu y la naturaleza. O entre la física y la metafísica. Lo importante es unir el cielo con la tierra, lo fijo y lo volátil, el espíritu con el cuerpo, Dios con su creación. La propia etimología de símbolo remite a la palabra “unión”. Todas las imágenes simbólicas conducen, o deberían conducir, al recuerdo del misterio de la unión de lo que fue separado por la antigua caída.

R.H.- La asignatura de Simbolismo de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona, tiene alguna vinculación con la creada por Federico González hace unos 20 años y que está reflejada hasta la fecha en la Revista Symbolos?

R.A.- No, ningún vínculo. Cuando comencé a impartir la asignatura de simbolismo, no conocía la obra de González ni la revista que dirigía. La asignatura se gestó, si puede decirse así, entre el estudio de la historia de las religiones, tal y como lo planteaba Mircea Eliade, y la trascendencia del Mensaje Reencontrado de Louis Cattiaux. Estamos hablando de la década de los ochenta. Más tarde conocí la revista Symbolos.

R.H.- ¿Son receptivos los jóvenes a la totalidad de la riqueza anímica, intelectual, y espiritual del Simbolismo?

R.A.- Sí, en muchos casos sí, pero la ignorancia, de la que no son culpables, les impide reconocer su anhelo interior en los símbolos tradicionales. Pero hay muchos jóvenes extraordinarios, especialmente inquietos y perceptivos al conocimiento del mundo de la “unión simbólica”, es decir de la Sabiduría Tradicional.

R.H.- ¿Hay un renovado interés real del público por estas temáticas, o asistimos a una euforia editorial derivada de novelas históricas sobre temas arcanos? ¿Cree que hay un interés real por hacer “práctica” la Iniciación o todo se queda en una anécdota intelectual?

R.A.- Creo que hay de todo. Si se pretendiera medir este interés a tenor de la cantidad, el resultado sería que la euforia editorial, por no hablar de la voracidad mercantilista, es lo que motiva la curiosidad actual por estas temáticas. Sin embargo, en la balanza de Dios, un único iniciado valdría más que cualquier best seller.
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R.H.- La Iniciación, ¿es una quimera o realmente es posible llevarla a cabo hoy en día en la sociedad que estamos inmersos?

R.A.- Si creemos o aceptamos que antaño fue posible, ¿por qué no aceptaríamos que se diera en la actualidad? Es cierto que el tiempo que nos ha tocado vivir no es propicio para el desarrollo y realización de la vida del espíritu, de lo cual no debe inferirse de que en otros tiempos, o otros lugares, la vida del espíritu fuera mejor, aunque la organización social en general fuera más propicia. Cada época tiene sus medios para penetrar, o iniciarse, en la vida del espíritu.

R.H.- ¿Autoiniciación o Búsqueda en las Órdenes Tradicionales? ¿Qué opina del estado actual de estas últimas?

R.A.- Está por ver. A principios del tercer milenio se está buscando el lenguaje más adecuado. Lo que está claro es que no puede ser una “autoiniciación”, pues, por definición, es un contrasentido. Sin una vinculación con la Sabiduría Tradicional, ¡no puede haber Sabiduría Tradicional!... Parece obvio. Otra cuestión muy distinta sería saber si dicha Sabiduría se encuentra en lo que usted llama Órdenes Tradicionales. No voy a opinar respecto a su estado actual, simplemente pediría coherencia en los principios y rigor espiritual. Fíjese que hablo de rigor espiritual, nunca intelectual, pues se corre el riesgo de caer en academicismos estériles. Me refiero a la obligación inexcusable de no confundir la vida del espíritu con el psiquismo. Para ello, los instrumentos necesarios son las Sagradas Escrituras… En este sentido, y en muchos otros, estoy completamente de acuerdo con lo que escribió Cattiaux: “Incluso los libros santos ¿qué son comparados con el misterio de vida que subsiste en el sol y en la tierra? Sin embargo, contienen la llave que abre y que cierra el manantial del abismo y el sello que cubre el germen del Señor de los mundos”

R.H.- ¿Cree que se ha olvidado hoy en día la necesidad del Don y de su Dador para poder siquiera pensar en optar a algún tipo de iniciación?

R.A.- Sí, sí. Eso es lo que pretendía explicarle anteriormente. En cualquier pensamiento tradicional, y en el hermético en particular, el don del cielo es la llave imprescindible para el crecimiento y realización espiritual. Y como usted sabe, sin la llave no es posible acceder al templo de la recreación.

R.H.- La revista “La Puerta” mantiene durante todos estos años una línea editorial coherente con sus Principios. ¿Qué anima que pueda mantenerse este espíritu común durante años y se haya convertido en referencia obligada sobre temas Tradicionales?

R.A.- Mantener una coherencia debería ser lo lógico. Es cierto que “La Puerta” ha continuado a lo largo de los años con el mismo impulso que la originó, la búsqueda a través de diferentes fuentes tradicionales del misterio profundo que las anima a todas. La longevidad de la publicación se debe a la fidelidad de los lectores que continúan leyéndola.

R.H.- Hoy en día se importan numerosas doctrinas y técnicas orientales. “La Puerta” se centra en el estudio de la Tradición de Occidente. ¿Es más adecuada la Tradición espiritual de occidente para un occidental?

R.A.- También parece lo más lógico. Se trata de una cuestión de conocimiento del lenguaje, pues, sin acceder a los textos originales es muy difícil saber lo que dicen realmente. Sin embargo, no creo que puedan separarse radicalmente ambas tradiciones. Por ejemplo, la civilización griega está más próxima a la manera de pensar y concebir el mundo hindú que de la mentalidad semítica. ¿Dónde estarían aquí Oriente y Occidente? Quizá aun estemos demasiado influidos por el siglo XIX y sus drásticas separaciones.

R.H.- Dentro de la Revista La Puerta la Alquimia es un tema predominante ¿Qué es la Alquimia para usted?

R.A.- La alquimia es la ciencia de Hermes Trimegisto. Quizá la mejor manera para definirla sea por negación. Así, la auténtica alquimia no sería ninguna pre-ciencia, como pretenden muchos académicos. Tampoco sería un conjunto de símbolos que explicarían los procesos espirituales del hombre. No es ninguna magia extraña y secreta…, quizá podría decirse que es la ciencia o el arte de la regeneración completa de la naturaleza y del hombre.

R.H.- Recientemente se ha publicado su libro “La Cábala y la Alquimia en la Tradición espiritual de Occidente: siglo XV-XVII”. ¿Realmente existe una Tradición que sobrevive bajo la mentalidad, el arte, la cultura, y el Espíritu occidental?

R.A.- Sin duda. ¡No podría ser de otro modo! Desgraciadamente, desde el siglo XVII, podría decirse, desde la Guerra de los Treinta Años, el pensamiento racionalista, y básicamente Descartes, acabó con el pensamiento simbólico tradicional que había florecido durante la Edad Media y el Renacimiento. El racionalismo atacó con dureza a los demás modos distintos de comprender el mundo. Todavía lo hace, pero el espíritu occidental, al que usted alude, no ha desaparecido. Más bien al contrario, ha soportado el brutal envite del cartesianismo y el positivismo. Y la historia no ha terminado. Creo que la tradición espiritual de Occidente, basada en dos de sus pilares más importantes: la Cábala y la Alquimia, volverá a brotar del corazón de los sabios.

R.H.- EH y Carlos del Tilo, recientemente desaparecidos, desarrollaron el tema alquímico curiosamente sin tocar a Fulcanelli, tan de moda hoy en día. ¿En qué se parece y en qué se diferencia su concepción de la Alquimia de la de Fulcanelli?

R.A.- Emmanuel y Charles d’Hooghvorst, que son los personajes están detrás de los pseudónimos que usted menciona, valoraban la recuperación de la alquimia que, por otros caminos, propuso el misterioso Fulcanelli. Incluso diría que coincidieron en su propuesta más decisiva: la de leer, estudiar y dar a conocer los textos clásicos de la alquimia tradicional. Textos que, a lo largo de muchos años, han venido apareciendo en las páginas de “La Puerta”.