"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



martes, 22 de abril de 2008

Inteligencia Mística.

Éste es el tercer y último extracto, y tal vez el más interesante, del bello y esclarecedor prólogo al "Cántico Espiritual" de San Juan de la Cruz.
Aquí, Leopoldo Marechal, con una lucidez deslumbrante, nos deja importantes precisiones sobre la Vía Mística y la inefable experiencia narrada por el santo.

P
odemos decir que, luego de vagar entre tanto academicismo insulso y estériles hipótesis fantacientíficas que constituyen los pilares fundamentales de las críticas literarias modernas, dar con un prólogo de tales características es casi como encontrar un oasis cristalino en medio del cruel desierto luego de una larga caminata por terrenos inhóspitos. Un trabajo tan ilustrativo y depurado merece ser rescatado y compartido con aquellos interesados en caminar pacientemente a la luz de la Tradición. Y, siendo Lepoldo Marechal un autor tan poco reconocido, al menos en este campo donde la influencia guénoniana (a pesar de las claras diferencias conceptuales en cuanto a los alcances del Misticismo) se mezcla con la cálida originalidad de su pluma y en el que demuestra un profundo respeto hacia los temas tradicionales con un conocimiento que parece ir más allá de la simple erudición profana, esta serie de posts es un pequeño y merecido homenaje a su obra.


PS: Pido disculpas por posibles errores de escaneo. No tuve tiempo de hacer una corrección rigurosa.


Icono de San Juan de la Cruz. Iglesia de los PP. Carmelitas en Segovia. (Click para ampliar)
INTELIGENCIA MÍSTICA.- En las declaraciones de sus poemas San Juan de la Cruz nos habla frecuentemente de la "inteligencia mística" que se traduce en sus "dichos de amor" y cuya abundancia de sentido no puede explicarse con ninguna manera de palabras". Dicha inteligencia corresponde, según creo, al "intelletto d' amore" que tantas veces nombra Dante, y a "ese inefable modo de conocer" a que alude San Dionisio Areopagita. Si se le llama inteligencia, es porque tiende al conocimiento y conoce; si se le dice de amor, es porque su operación ha de asemejarse a la operación amorosa. Por lo tanto, siendo amor el movimiento de un amante hacia un amado, que termina o quiere terminar en la unión efectiva del uno con el otro, la inteligencia mística debe de ser el movimiento de un cognoscente hacia un conocido, que termina en la visión efectiva del conocido por el cognoscente. Si el cognoscente puede ser un intelecto humano cualquiera, el conocido (o mejor dicho "el por conocer") es, en cambio, nada menos que Dios mismo; y la inteligencia mística logra conocerle, no en su concepto racional o en cualquier otra imagen intermedia, sino directamente y como de una sola mirada; y una vez conocido logra unirse a Él según la potencia natural del amor.
Esta vía mística (con sus dos movimientos diferentes que son el cognoscitivo y el afectivo o amorosa) suele parecer inferior a ciertos orientalistas que, aferrados al orden rigurosamente intelectual de sus concepciones, miran en ella con desdén la introducción de un elemento emotivo. Se les podría contestar que los dos aspectos de la mística, el cognoscitivo y el afectivo, son diferentes pero complementarios: "el conocimiento precede al amor", decían los antiguos, porque nadie ama lo que no conoce previamente; y es así que durante la subida del monte simbólico a tal grado de conocimiento corresponde tal grado de amor, bien que entre el conocer y el amar debe de haber allí tan poco espacio, que tal vez el místico no sabría decir si ama porque conoce o si conoce porque ama. Y el término del movimiento es aquella perfección que San Juan de la Cruz llama "unión del alma con Dios" y en la cual sería difícil distinguir al cognoscente del conocido y al amante del amado. Si, como en el Cántico Espiritual, al alma cognoscente y amante se le da el nombre de Esposa y a Dios conocido y amado el de Esposo, la unión de ambos términos se presenta como una "mística boda" cuyo fruto es esa paz y abandono que San Juan de la Cruz expresa en tres versos admirables:

"Cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado".

Hallándose la inteligencia mística entre las humanas posibilidades de conocimiento, no es extraño que la filosofía moderna se haya interesado algunas veces en esa extraordinaria manera de conocer, bien que para negarla casi siempre, o para clasificarla entre turbios fenómenos psicológicos. Recuerdo que hace algunos años, en uno de sus artículos, cierto filósofo español admirable por otros conceptos, criticaba el conocimiento místico, y refiriéndose a San Juan de la Cruz lo comparaba con un hombre que, después de haber efectuado un viaje, no sabía contar lo que había visto. En primer lugar, bien decía el filósofo al decir que se trata de un viaje: es un viaje espiritual, o mejor dicho una ascensión mística; y San Juan de la Cruz le llama "Subida del Monte Carmelo" en ese libro tan obscuro y a la vez tan pavorosamente claro en el cual se da un itinerario del viaje, con el punto de partida, las etapas que debe cumplir el viajero y la meta final o desposorio místico a que ya me referí en otro párrafo. San Juan de la Cruz, que realizó el viaje y ha contemplado la Verdad, no según el modo indirecto de la razón sino directamente y en su principio, al regresar del viaje no cuenta o describe el objeto de su visión, o mejor dicho, no lo hace en el lenguaje racional que desearía el filósofo sino en extrañas canciones de amor que al filósofo deben parecerle ininteligibles. En realidad, no es que el santo "no quiera" complacer al filósofo, sino que humanamente "no puede", porque el suyo es un conocimiento experimental, intuitivo, directo, y por ende incomunicable. Mal hace el filósofo en exigir que se describa racionalmente lo que suprarracionalmente fué conocido.
Por otra parte, fácil es demostrar que todo conacimiento intuitivo o directo es incomunicable; y el filósofo tiene dos ejemplos a mano: el conocimiento por los sentidos corporales y el conocimiento por la belleza, pues uno y otro son de tipo experimental. Supongamos que yo he tocado un tizón encendido y que deseo comunicar esa impresión a Sócrates, el cual no ha tocado nunca un tizón ardiente. En vano agotaré para ello el caudal de las palabras, los razonamientos y las figuras: no conseguiré mi propósito. Y Sócrates, a fuer de hombre curioso, no tendrá más remedio que hacer la experiencia y poner su mano en el tizón, si quiere saber exactamente lo que yo he sentido al tocarlo. Por eso, y en ese orden, es imposible comunicar a un ciego qué cosa es un color. y a un sordo qué cosa es un sonido. Veamos otro ejemplo, el de la belleza: supongamos que yo he gustado la hermosura de una rosa y deseo comunicar ese "sabor" a Sócrates, que no ha visto nunca dicha flor; tendré que llevarlo delante de la rosa, para que conozca directamente su hermosura, y Sócrates la conocerá sólo cuando haya realizado por sí mismo la experiencia de ver y gustar. Por analogía, nuestro filósofo bien puede admitirle al santo la posibilidad al menos de un conocimiento místico. Y si quiere saber, además, lo que ha experimentado el santo en su viaje, que se lo pregunte. San Juan de la Cruz le dirá. sin duda, lo que yo le dije a Sócrates:
- Haz la experiencia y lo sabrás.
- ¿Cómo hacer la experiencia? - insistirá el filósofo.
A lo que responderá el santo:
- Así como la visión corporal requiere un ojo adecuado al objeto que mira, también la visión espiritual requiere un ojo adecuado al suyo, que es Dios en su infinita grandeza. Antes que todo, necesitas preparar el ojo de tu alma.
- ¿De qué manera? - preguntará el filósofo.
Y San Juan de la Cruz le responderá con estos versos enigmáticos:

"En una noche oscura.
Con ansias, en amores inflamada,
¡Oh. dichosa ventura!
Salí sin ser notada.
Estando ya mi casa sosegada".

Podría suceder que, decepcionado, el filósofo no viera en la estrofa más que un juego de imágenes poéticas. Y entonces San Juan, en el admirable comentario de su poema, le dirá que la subida del Monte Carmelo, vale decir, el viaje del alma que tiende a unirse con Dios, se hace de noche y puede llamarse noche por tres causas: "La primera, por parte del término de donde el alma sale, porque ha de ir careciendo del gusto de todas las cosas del mundo que poseía, en negación de ellas, lo cual es como noche para todos los apetitos y sentidos del hombre. La segunda, por parte del medio o camino por donde ha de ir el alma, que es la fe, la cual es oscura para el entendimiento, como la noche. La tercera, por parte del término a donde va el alma, que es Dios, el cual, por ser incomprensible e infinitamente excedente, se puede también decir oscura noche para el alma, en esta vida". Son las tres noches por las cuales debió pasar Tobías, antes de unirse con la Esposa; o mejor dicho, son tres tiempos de una misma noche, el primero de los cuales corresponde al anochecer, el segundo a la medianoche y el tercero a la hora nocturna que precede al alba. Y el alba luminosa es el término del viaje, o sea la feliz unión dcl alma con su Esposo Místico. Por eso dice San Juan de la Cruz:

"En una noche oscura ... "

La primera noche se llama "del sentido", y en ella debe perder el hombre el sabor de todas las cosas de este mundo y destruir el apetito que siente por ellas el corazón, así como Tobías quemó el corazón del pez en su primera noche. Luego, en la segunda, tendrá que desnudarse el alma de todos los apetitos espirituales, de todas las cosas del entendimiento, de todos los lastres de la memoria, de todos los movimientos de la voluntad: tendrá que combatirse el alma en todas y cada una de sus potencias, hasta lograr la más completa oscuridad interior. Entonces, desnuda ya de todas las cosas así sensuales como espirituales, el alma sólo se guiará por la fe, que también es oscura para el entendimiento, y ésta es la noche segunda en que Tobías fué admitido en la compañía de los santos patriarcas, que son los padres de la fe. San Juan de la Cruz dirá entonces que, "estando ya su casa sosegada", vale decir, habiendo logrado ya esas dos noches del sentido y del entendimiento, el alma sale de viaje:

"Salí sin ser notada,
Estando ya mi casa sosegada".

Y sigue la segunda estrofa:

"A oscuras y segura,
Por la secreta escala, disfrazada,
¡Oh, dichosa ventura!-
A oscuras y en celada,
Estando ya mi casa sosegada".

La "escala secreta" que dice San Juan es la "fe viva", el oscuro camino, la noche de la fe, por la cual va el alma comunicándose con Dios muy sccretamente. Es la hora del desposorio místico: el alma ve acercarse al Amado, el cual, por ser oscuro para ella en su incomprensible misterio, también se le aparece como una noche, que es la tercera y la más tenebrosa. Dice San Juan que el alma va "disfrazada", es decir, que habiendo perdido su color terrestre se viste ya con las tintas del cielo y con la librea del Amado.
Por estas tres noches debe pasar el alma en su viaje hacia Dios: la primera se refiere a la Vía Purgativa, y logra el sosiego de la casa; la segunda es la Vía Iluminativa. la de la fe que conduce, y dice San Juan refiriéndose a ella:

"Aquesta me guiaba
Más cierto que la luz del mediodia,
Adonde me esperaba
Quien yo bien me sabía,
En parte donde nadie parecía".

La tercer noche corresponde a la Vía Unitiva, y San Juan la describe así:

"¡Oh, noche que guiaste!
¡Oh, noche amable más que el alborada!
¡Oh, noche que juntaste
Amado con Amada,
Amada en el Amado transformada!"


Porque después de la tercera noche viene la unión del alma con Dios, el término feliz del viaje, la regalada quietud que goza el alma en el eterno mediodía del Amado, y que San Juan describe así en la estrofa última de su canción:

"Quedéme y olvidéme,
El rostro recliné sobre el Amado,
Cesó todo, y dejéme,
Dejando mi cuidado
Entre las azucenas olvidado".

Así respondería el santo al filósofo. Y agregaría:
- Mal puedo contar mi visión en tu idioma de filósofo, si para ver lo que vi necesité primero desnudar mi alma de todo aquello que hace tu idioma de filósofo. Si estás llamado y quieres ver lo que vi, haz la experiencia de las tres noches oscuras y del alba resplandeciente. Si no lo estás, calla y respeta los prodigios que obra Dios con la paciencia de sus elegidos.

14 comentarios:

Botón dijo...

Hay experiencias imposibles de comunicar, es preciso eso, experimentarlas.
"...porque el suyo es un conocimiento experimental, intuitivo, directo, y por ende incomunicable..."

y es que

"el que sabe no habla, el que habla n sabe"

Saludos cordiales y un feliz domingo para ti

Anonymous dijo...

Hola amigos,

Me parece muy fino y delicado lo que he leído al pasar de este prólogo de Leopoldo Marechal, y cuando habla de "ese inefable modo de conocer" al que alude Dionisio Areopagita enseguida me ha hecho recordar aquella poesía de Juan de la Cruz que evoca igualmente a La Docta ignorancia de Nicolás de Cusa, la que comienza por:

"Entréme donde no supe, y quedéme no sabiendo, toda sciencia trascendiendo".

Muchas gracias,
Un internauta que pasaba por aquí.

Núria dijo...

Querido Sahaquiel:

En primer lugar quiero darte las gracias por el mensaje que dejaste en mi blog, en la entrada de "Vers la Tradition". . En el fondo un pequeño homenaje a su director y a uno de los colaboradores de la revista. Roland Goffin y John Deyme de Villedieu.
En verdad es muy bello y alentador lo que dices.

Quiero ahora añadir un comentario a los que aquí se han depositado y que me parecen, todos y cada uno de ellos, un aporte muy interesante y valioso al esclarecimiento de las ideas.
Mi opinión es que no toda la mística llega a la misma altura. Es innegable que la de San Juan de la Cruz, como la de Santa Teresa de Avila, alcanzan a tocar fibras muy altas, o muy profundas, porque ya sabemos que en el lenguaje iniciático o simbólico "lo de arriba es siempre como lo de abajo…" Nadie podría dejar de ver que la poesía de Juan, y la de Teresa, tienen destellos de verdadera metafísica. Por otro lado la obra de Guénon no puede desvincularse del momento en que se escribió y donde tuvo que aplicar todo un rigor para separar y ordenar el panorama enmarañado que había. Tampoco se puede diseccionar, sino que debe tomarse en su totalidad. Por ejemplo en sus cartas y cuando se refería a un público, por decirlo así más entendido, nunca diferenció entre vías de acercamiento a la iniciación. Siempre he creído que esa dificultad que pone Guénon en su obra entre esoterismo y exoterismo, entre la inspiración directa y una forma disciplinada, es una prueba que, como obra iniciática que es, pone a sus lectores.

La mística no tiene una didáctica, y eso es lo que se remarca en las enseñanzas de Guénon, pero la experiencia directa, ¿cómo la va a negar?

Un abrazo amigos.
Núria de "Desde mi Ventana"

Pola dijo...

Querida Núria,

no he querido indicar en mi comentario que tras la lectura del libro citado se desprenda que Guénon niegue el misticismo o la experiencia directa, pero es indudable que tanto en esta obra como en "Apercepciones sobre la iniciación" citada por Sahaquiel, se esmera muchísimo en dejar claro que ambas vías son muy diferentes (de hecho incompatibles), y que su alcance metafísico por así decir también lo es. Dice en el capítulo primero de esta última obra:

"todo el mundo sabe lo que se entiende por «misticismo», desde hace ya muchos siglos, de suerte que ya no es posible emplear este término para designar otra cosa; y es eso lo que, decimos, no tiene y no puede tener nada en común con la iniciación, primero porque ese misticismo depende exclusivamente del dominio religioso, es decir, exotérico, y después porque la vía mística difiere de la vía iniciática por todos sus caracteres esenciales, y porque esta diferencia es tal que resulta entre ellas una verdadera incompatibilidad. Por lo demás, precisamos que se trata de una incompatibilidad de hecho más bien que de principio, en el sentido de que, para nós, no se trata de ningún modo de negar el valor al menos relativo del misticismo, ni contestarle el lugar que puede pertenecerle legítimamente en algunas formas tradicionales; así pues, la vía iniciática y la vía mística pueden coexistir perfectamente , pero lo que queremos decir, es que es imposible que alguien siga a la vez la una y la otra, y eso incluso sin prejuzgar nada de la meta a la cual pueden conducir, aunque, por lo demás, ya se pueda presentir, en razón de la diferencia profunda de los dominios a los que cada una se refiere, que esa meta no podría ser la misma en realidad".

Estoy de acuerdo con lo que dices de que al parecer "nunca diferenció entre vías de acercamiento a la iniciación", pero es que no estimo (según mi limitado conocimiento de su obra), que considere en absoluto a la vía mística como una iniciación (ni tan siquiera como algo comparable), y a la distinción entre ambas dedica varios capítulos y multitud de comentarios en los dos libros citados.

Un fuerte abrazo.

Núria dijo...

Saludos, amigo Pola.
Que bueno que siempre estés "al quite", una expresión taurina que quizá no todos entiendan.

Bueno, sólo quiero decirte que yo tampoco soy una experta en la obra de Guénon, y por cierto que he conocido a algún experto en dicha obra pesadísimo.

Creo, además, que las palabras de Botón y las de Juan de la Cruz, recordadas por nuestro amigo anónimo el internauta paseante, dejan el resto de palabras en el tintero, o en el teclado(?), en definitiva en el silencio.

Abrazos.

Pola dijo...

Querida Núria,

muy cierto lo de los comentarios de Botón y el anónimo internauta. Y en cuanto a lo de estar al quite... ¡En fin!, parece que tanto leer últimamente a Guénon me ha reforzado aún más mi costumbre de intentar que queden lo más claro posible todos los conceptos...;-)

Un abrazo muy fuerte.

Sahaquiel dijo...

Botón: Son muy acertadas tus palabras. Ese es el sentido del "secreto iniciático" o del "secreto masónico" del que se habla por ahí y no es secreto porque se oculte, sino porque es incomunicable.
Un beso.

Internauta anónimo: Esas palabras del místico no dicen mucho y a su vez lo dicen todo...
Espero volver a contar con tu visita.
Un abrazo.

Núria y Pola: Yo tampoco soy un experto en Guénon. Sin embargo, creo, a riego de equivocarme, que hay ciertos aspectos de su obra susceptibles de ser revisados o, al menos, cuestionados si queremos verlos más allá del contexto en el que fueron producidos.. Lo importante, al fin y al cabo, es sacar provecho de la enorme e invaluable luz que aportó a la interpretación de la Tradición abriendo las puertas a un acercamiento que, de otro modo, sería dificultoso, considerando el estado actual de las cosas y evitar caer en una idolatría que no conduce a ninguna parte.

Abrazos para todos.

Juanarmas dijo...

Hola Sahaquiel,

Dejo esta marca en la piedra para comunicarte que tienes un premio esperando en mi blog.

Leyendo con prisas este interesante hilo, prometo leer el texto que le ha dado origen y participar en él.

¡Enhorabuena!

Sahaquiel dijo...

Muchas gracias, Juan! No creo merecer tales premios, pero es una gran alegría contar con ese reconocimiento.

Aprovecho para avisar que por estos días voy a permanecer ausente por razones estrictamente académicas.

Abrazos.

Juanarmas dijo...

Hola Sahaquiel,

La mente racional sólo puede moverse entre dicotomías, siendo los peones de sus movimientos las palabras; por eso nunca nadie podrá comunicar con ellas el sentir existencial de sus vivencias –si acaso, se moverá dentro del campo circunstancial de ellas (dónde, cómo, cuándo), o expresará una valoración subjetiva.

En ese sentido, la inteligencia mística y el silencio -en cuanto a ausencia de pensamientos (y por tanto, de palabras)- van de la mano.

Despojarnos de las creencias que nos han inculcado desde niños sobre cómo son las cosas , nosotros y los porqués de la vida, es un proceso que la mayoría social acepta como viable dentro del campo mental y racional del análisis y la lógica. La inteligencia mística, sin embargo, nos anima a “apartarnos a un lado” y limitarnos a “soltar” conocimientos que dábamos como irrefutables dentro del mundo de los sentidos y la verdad física. La Verdad, nuestra verdad (el conocimiento interior, la inteligencia mística; el saber, libre de conceptos) está en nuestro interior, tan lejos y tan cerca, esperando que admitamos nuestra ilusión y que, por medio del perdón y la humildad, despejemos –apartándonos- el camino hacia nuestro Ser. Fe, paciencia, perdón y coraje.

Espero que el esfuerzo académico sea fructífero ;)

Luz dijo...

Te mando besos, y gracias por pasar por mi casa lacrimógena, je

russianblue dijo...

El premio "Blogger Sapiens Award" ha sido otorgado a tu blog.

Enhorabuena

http://librosdeesoterismoyparanormal.blogspot.com/2008/05/premio-blogger-sapiens-award.html

Sahaquiel dijo...

Luz: Se te extraña y mucho.
Besos.

Sahaquiel dijo...

Russian Blue: ¡Muchas gracias! No creo ser merecedor de tales honores, pero es muy grato recibir este reconocimiento y más aún viniendo de tu excelente blog.
Un abrazo.

P.S: Pronto estaré actualizando.