"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



miércoles, 24 de diciembre de 2008

¡Feliz Navidad!



“En los monumentos romanos Jano se muestra, como en el medallón de Luchon, con la corona en la cabeza y el cetro en la diestra, porque es rey; tiene en la otra mano una llave que abre y cierra las épocas: por eso, por extensión de la idea, los romanos le consagraban las puertas de las casas y ciudades (…) Cristo también, como el antiguo Jano, porta el cetro real, al cual tiene derecho conferido por su Padre del Cielo y por sus antepasados terrenos; su otra mano tiene la llave de los secretos eternos, la llave teñida de su sangre, que ha abierto a la perdida humanidad la puerta de la vida. Por eso, en la cuarta de las grandes antífonas preparatorias de la Navidad, la liturgia sagrada lo aclama así: «O Clavis David, et Sceptrum domus Israel!… » Tú eres, ¡oh Cristo esperado!, la Llave de David y el Cetro de la casa de Israel. Tú abres, y nadie puede cerrar; y cuando tú cierras, nadie podría abrir ya…”

(L. Charbonneau-Lassay, citado por R. Guénon en Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada)



¡Feliz Navidad para todos, queridos amigos y visitantes de este blog!

sábado, 29 de noviembre de 2008

Plegaria


Venerado Hermes,
divino maestro,
guía de las almas,
bondadoso señor,
toma mi mano temblorosa,
escucha el sórdido lamento
de quien implora tu ayuda.
Llévame hacia el interior del bosque,
te lo ruego.
Abandóname,
desnudo e indefenso.
Búrlate de mis despojos.
Hazme víctima de una broma sagrada.
Ayúdame a perderme,
si me he de volver a encontrar.
Ayúdame a olvidar,
porque en el olvido de lo efímero
mora el recuerdo de lo eterno;
y quien se olvida de las formas,
destruyendo su morada terrenal
vuelve a recordarse a sí mismo,
comprende que nada puede ser
sino por medio de lo Uno,
Supremo, Inifinito, Innombrable,
Aquello que realmente Es.

Toma mi mano,
divino maestro,
y ayúdame a perderme.

.·.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Regeneración

El viento te arrastró,
hasta una isla invisible.
El fuego, eterno, ineluctable,
quemó tu carne corrupta
El agua, pura y virginal,
limpió tus putrefactas heridas.
Sepultado, enterrado
en el más oscuro de los abismos.
Tierra húmeda, letanía olvidada.
Lóbrego sollozo,
de lágrimas y sangre.
Tres agónicos días
y un grito de liberación.
En el vientre de la Gran Madre,
negra matriz telúrica,
volviste a nacer.
Cuerpo regenerado,
doble corona
y hábito sacerdotal.
Niño de Oro,
la naturaleza se rinde a tus pies.
Oyes el canto de los pájaros;
gramática oculta,
lenguaje primordial.
El mundo conocido,
la gran ilusión,
ante tí todo se desvanece,
Hombre Verdadero,
Polo Celeste,
fuente de Luz.

.·.

domingo, 2 de noviembre de 2008

De cómo el amor del hombre queda maravillosamente transformado en la experiencia interior de esta nada y de esta falta de lugar

"La Nube del No-Saber", obra de un autor anónimo inglés del siglo XIV, es un pequeño (sólo por su extensión) tratado de oración contemplativa y es, a mi modo de ver, una verdadera joya de la sabiduría medieval. En un lenguaje ameno, con un afable tono religioso, el autor nos sumerge gradualmente en la vía de la contemplación, no limitándose sólo a cuestiones doctrinales sino que, a lo largo del texto, podemos encontrar instrucciones e indicaciones eminentemente prácticas y que, digámoslo de paso, no están demasiado alejadas de ciertas técnicas orientales.
Es notable la influencia ejercida por la obra de Dionisio el Areopágita en este maestro anónimo y se puede percibir que, tanto uno como otro,-y aquí también podríamos incluir al Cusano entre los autores más renombrados- forman parte de una misma cadena espiritual que no es otra cosa que la prístina esencia de la Tradición Cristiana. En esta entrada, compartimos un capítulo que merece la pena ser meditado con detenimiento. No obstante, y siguiendo los consejos del autor, recomendamos la lectura del tratado en su totalidad, pues puede ser una guía ciertamente útil para quienes se sientan "llamados a la contemplación".

Cuán maravillosamente se transforma el amor del hombre por la experiencia interior de esta nada y de esta falta de lugar. La primera vez que la contempla surgen ante él los pecados de toda su vida. No queda oculto ningún mal pensamiento, palabra u obra. Misteriosa y oscuramente han quedado marcados a fuego dentro de ella. A cualquier parte que se vuelva le acosan hasta que, después de gran esfuerzo, doloroso remordimiento y muchas lágrimas amargas los borra profundamente.
A veces la visión es tan terrible como el resplandor fugaz del infierno y se siente tentado a desesperar de verse curado y aliviado alguna vez de su penosa carga. Muchos llegan a esta coyuntura de la vida interior, pero la terrible agonía y falta de consuelo que experimentan al enfrentarse consigo mismos les lleva a pensar de nuevo en los placeres mundanos. Buscan alivio en cosas de la carne, incapaces de soportar el vacío espiritual interior. Pero no han entendido que no estaban preparados para el gozo espiritual que les habría sobrevenido si hubieran esperado.
El que con paciencia mora en esta oscuridad será confortado y sentirá de nuevo confianza en su destino, ya que gradualmente verá curados por la gracia sus pecados pasados. El dolor continúa, pero sabe que terminará, pues ya va siendo menos intenso. Poco a poco comienza a darse cuenta de que el sufrimiento que padece no es realmente el infierno, sino su propio purgatorio. Vendrá un tiempo en que no reconozca en esa nada pecado particular alguno sino tan sólo el pecado como un algo oscuro, y esa masa informe no es otra cosa que él mismo. Ve que en él está la raíz y las consecuencias del pecado original. Cuando en otras ocasiones comience a sentir un maravilloso fortalecimiento y unos deleites inefables de alegría y de bienestar, se preguntará si esta nada no es, después de todo, un paraíso celestial. Vendrá, por fin, un momento en que experimente tal paz y reposo en esa oscuridad que llegue a pensar que debe ser Dios mismo.
Pero aunque piense que esta nada es esto o lo otro, seguirá siendo siempre una nube del no-saber entre él y su Dios.

domingo, 28 de septiembre de 2008

"Bendito sea Dios que nos dió el entendimiento, insaciable en el tiempo, cuyo deseo como no tiene fin, conoce lo inmortal por encima de la corruptibilidad temporal, por su deseo insaciable temporalmente y sabe que no puede saciar su deseada vida intelectual más que en la fruición del óptimo e inmenso bien, que nunca defrauda, en el cual la fruición no pasa al pretérito porque no decrece en la fruición. Usando de un ejemplo corporal, es casi como si un hambriento se sentara a la mesa de un gran rey en donde por su deseo se le sirviera un alimento cuya naturaleza consistiera en que saciando, al mismo tiempo agudizaba el apetito, y que este alimento nunca faltase. Es evidente que el comensal se saciaría continuamente y continuamente apetecería el mismo alimento, y siempre se dirigiría deseosamente a él, y siempre sería capaz de ingerirle, pues la virtud de este alimento consistiría en mantener siempre inflamado el deseo del alimentado.

Es ésta, pues, la capacidad de la naturaleza intelectual, porque recibiendo en sí la vida, la conserva en ella misma según su naturaleza convertible. Como el aire transforma en luz los rayos que recibe del sol. Por esto, el entendimiento, como es una naturaleza incunable hacia lo inteligible, no entiende sino las cosas universales, incorruptibles y permanentes, porque la verdad incorruptible es su objeto, hacia el que se dirige intelectualmente, verdad que aprehende en la eternidad en la quieta paz de Cristo Jesús."

(Nicolás de Cusa, La Docta Ignorancia, Libro tercero)

miércoles, 20 de agosto de 2008

Más allá de la letra


En estos tiempos que corren, los medios siempre son confundidos con el fin, y esto es así hasta en los más diversos aspectos de la vida, desde lo más contingente a lo más esencial. Lo que logramos percibir de nuestro mundo deja de ser un soporte para la comprensión de los Principios más elevados, deja de ser ese caballo que nos facilitaría el camino que, de otro modo, podríamos recorrer a pie, si estuviéramos lo suficientemente preparados para ello.
El arte sólo busca una especie de placer estético, frío y banal.
Las relaciones interpersonales se detienen en aquello que sólo debería ser una consecuencia y, al mismo tiempo, un paso intermedio para concretar algo más sublime.
Los símbolos son confundidos con la cosa simbolizada.
La erudición es vista como un fin en sí, una acumulación de datos que, a fin de cuentas, es poco útil.
La filosofía parece lo más elevado que podría concebir el entendimiento, una barrera infranqueable delimitada por los alcances de la razón. No es amor hacia ninguna sabiduría, es la negación del verdadero Conocimiento.
Y así, podríamos seguir...
Sin embargo, está todo ahí, el asno cargado de reliquias sigue paseando ante nuestros ojos. ¡El mundo sigue siendo un entramado simbólico dispuesto a revelarnos su lenguaje oculto!

En una lectura que vengo degustando lenta y pacientemente durante estos últimos días, "La lámpara del Conocimiento No-Dual" (gracias Mahatma), en ese bello diálogo entre el maestro y su discípulo, encontramos algunas nociones básicas y muy instructivas sobre la doctrina Vêdânta Advaita. Entre ellas, unas consideraciones más que interesantes sobre el sentido último de las escrituras, en total contraposición con la literalidad de los pensadores modernos y de los actuales representantes de algunas religiones que prefieren detenerse en la letra, ignorando o pretendiendo ignorar el espíritu que todo lo vivifica.

D.: ¿Cómo pueden decir que las escrituras son erróneas?
M.: Son guías para el ignorante y no quieren decir lo que parece a primera vista.
D.: ¿Cómo es esto?
M.: El hombre, al haber olvidado su verdadera naturaleza como ser del siempre perfecto éter de la Conciencia, se deja engañar por la ignorancia al identificarse con un cuerpo, etc., y cuando se considera a sí mismo como un individuo insignificante de capacidad mediocre. Si se le dice que es el creador de todo el universo, negará esta idea y rehusará ser guiado [hacia la liberación]. Por consiguiente, al bajar a su nivel, las escrituras proclaman que Îshwara es el Creador del universo. Pero no es la verdad. Sin embargo, las escrituras revelan la verdad al buscador sagaz. Estás ahora confundiendo el cuento para niños con la verdad metafísica.

viernes, 8 de agosto de 2008

Imaginatio Vera


Un nuevo viaje ha comenzado...

http://hurqalya.wordpress.com/


PS: Paralelamente al nuevo espacio, este blog seguirá actualizándose

lunes, 28 de julio de 2008

Segunda caída

Somos bombardeados constantemente, en este mundo enfermo, entre otras muchas aberraciones que podríamos mencionar, por los medios masivos de comunicación, en cualquier momento y lugar, con imágenes desligadas completamente de todo caracter sagrado, imágenes frías, que nos impulsan a caer en la absurda maquinaria consumista de esta sociedad agitada y perturbada que no deja de dar vueltas por un camino sinuoso sin principio ni fin; o bien, tratan de estimular nuestras tendencias más inferiores, nuestras pasiones mas bajas, alejándonos definitivamente del auténtico centro intelectual. Estas imágenes, que repercuten a diferentes niveles psíquicos, condicionan al hombre, lo hacen más vulnerable, lo esclavizan y atrofian su capacidad para penetrar en el interior de los símbolos y despertar esa visión verdadera que, como diría Plotino, todos poseen pero pocos ejercitan.
A propósito de esto, Mircea Eliade nos habla de una segunda caída de la que, agregamos, parece cada vez más difícil volver. Podríamos hacernos algunas reservas en cuanto a las definiciones de religión y, principalmente, de hombre religioso (homo religiosus) en la obra de este autor, pero basta notar que se trata del hombre de las sociedades tradicionales que vive y participa activa y conscientemente de lo sagrado.


"En una perspectiva judeo-cristiana podría decirse igualmente que la no-religión equivale a una nueva «caída» del hombre: el hombre arreligioso habría perdido la capacidad de vivir conscientemente la religión y, por tanto, de comprenderla y asumirla; pero, en lo más profundo de su ser, conserva aún su recuerdo, al igual que después de la primera «caída», y aunque cegado espiritualmente, su antepasado, el hombre primordial, Adán, habría conservado la suficiente inteligencia para pemitirle reencontrar las huellas de Dios visibles en el Mundo. Después de la primera «caída», la religiosidad había caído al nivel de la conciencia desgarrada; después de la segunda, ha caído aún más bajo, a los subsuelos del subconsciente: ha sido «olvidada»."

Mircea Eliade, Lo Sagrado y lo Profano.



lunes, 30 de junio de 2008

Naturaleza al desnudo.

La Naturaleza servida por las tres Gracias. Pedro Pablo Rubens

Mientras continúo inmerso en algunas ocupaciones y distracciones que me dificultan seguir adelante con este blog cuyas actualizaciones, no hace falta decirlo, son cada vez menos frecuentes, voy a transcribir parte de un texto que me ha acompañado en estos días en los que inevitablemente tuve que caer en el confuso remolino de las ilusorias contingencias profanas. Las palabras nunca alcanzan para agradecer a estos autores preclaros por tan magníficos textos.


"Apenas terminó dicha Procesión, Salomón me mostraba el único centro en el Trígono del Centro y me refirió el sentido: me di cuenta luego de que una mujer estaba parada ante mí. Tenía al descubierto su pecho herido y sangriento y de la herida manaban al mismo tiempo agua y sangre. Sus hombros, cual dos cuartos de luna, hechos por un Maestro, estaban unidos. Su ombligo era redondo como una bella copa, su vientre como una pequeña rueda de molino rodeada de rosas; sus pechos como dos cervatillos gemelos, su cuello parecía una torre de marfil, sus ojos, los viveros de Hesbón, a la puerta de los Bathrabbim, su nariz a la torre del Líbano que mira hacia Damasco; de su cabeza, admirable como el Carmelo, en mantel de púrpura Real, hacia su espalda, caía su cabellera, pero infectos, fétidos y venenosos, sus vestidos yacían a sus pies.
Y me habló de este modo:
"Me he quitado mi estola, ¿cómo me la volveré a poner ahora? He lavado mis pies, ¿cómo los ensuciaré de nuevo? Los vigías, que recorren ahora las calles de la ciudad, me encontraron, hirieron y arrancaron violentamente mi peplo."
Hecho esto, fui cogido por el temor y no comprendí. Caí por tierra. Salomón ordenó que me levantara enseguida y me dijo: "No temas. La Naturaleza se ha puesto al desnudo ante ti y ahora vez el arcano de los arcanos, el mayor bajo el cielo y sobre la tierra. Elegante es, como Thirtza: suave, como Jerusalem, terrible, como los soldados fronterizos y de todos modos es una pura y casta virgen de la cual fue creado y formado Adán.
"Prohibida está la entrada a su tabernáculo. Aunque ella habita los jardines y duerme en la deliciosa cueva de Abraham en el campo de Hebrón, y su palacio, aunque de aspecto inaparente, está en las profundidades del Mar Rojo. Ha tomado nacimiento del aire y el fuego la ha educado. Por ello es la reina de la Tierra. Tiene leche y miel en sus pechos. Sus labios distilan exquisitas dulzuras, miel y leche están bajo su lengua y el olor de sus vestidos, que es una abominación para el ignorante, recuerda a aquellos que saben el perfume del incienso."

(Hinricus Madanthanus, "El Renacimiento del Siglo de Oro").

-"Cuatro tratados de Alquimia, presentados y traducidos por Julio Peradehordi", Editado por Visión Libros, España, 1979

lunes, 26 de mayo de 2008

Sacrificios de la Construcción: El Puente de Arta


El célebre historiador de las religiones Mircea Eliade, en su libro "Lo sagrado y lo profano", al hablar sobre los mitos cosmogónicos y, concretamente, la relación de los sacrifcios de la construcción con un tipo particular de cosmogonía, nos aporta los siguientes datos:

"...a partir de un cierto tipo de cultura, el mito cosmogónico explica la Creación por la muerte de un Gigante (Ymir en la mitología germánica, Purusha en la mitología india, P'an-ku en China): sus órganos dan origen a las diferentes regiones cósmicas. Según otros grupos de mitos, no sólo es el Cosmos el que nace a continuación de la inmolación de un Ser primordial y de su propia sustancia, sino también las plantas alimenticias, las razas humanas o las diferentes clases sociales. Es de este tipo de mitos cosmogónicos de los que dependen los sacrificios de construcción. Para que dure una construcción (casa, templo, obra técnica, etc.) ha de estar animada, debe recibir a la vez una vida y un alma. La transferencia del alma sólo es posible por medio de un sacrificio sangriento. La historia de las religiones, la etnología, el folklore, conocen innumerables formas de sacrificios de construcción, de sacrificios sangrientos o simbólicos en beneficio de una construcción . En el sudeste de Europa, estos ritos y creencias han dado origen a admirables baladas populares que escenifican el sacrificio de la esposa del maestro albañil, a fin de que una construcción pueda terminarse (cf. las baladas del puente de Arta en Grecia, del monasterio de Argesh en Rumania, de la ciudad de Scutari en Yugoslavia, etc.)"


Recordemos que en toda sociedad auténticamente tradicional, cualquier acto es realizado de acuerdo a modelos ritualísticos específicos que colocan al hombre en armonía con los ritmos arquetípicos del Cosmos; de modo que las más diversas expresiones artísticas que aquí se desarrollen pueden situarse perfectamente bajo el epíteto de "Arte Sagrado" que, como podemos ver, nada tienen en común con los intereses meramente estéticos y supérfluos que, por lo general, caracterizan a gran parte del arte moderno. El Arte constructivo es, bajo estas consideraciones, una imitación del proceso cosmogónico, partiendo del desorden o caos primigenio para el establecimiento de un nuevo orden o espacio sagrado que será, asimismo, una representación simbólica del Universo.
Tras la lectura del ensayo anteriormente citado, decidí buscar algunas de las baladas mencionadas que, como es evidente, lograron sobrevivir a través de los siglos por medio de la transmisión oral y de la memoria colectiva de los pueblos que, inconscientemente, por su fidelidad a las costumbres folklóricas cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos, protegen antiguos vestigios de tradiciones extintas, pero que, sin embargo, pueden ser parcialmente vivificadas en cualquier momento por la meditación y el acercamiento sincero a los símbolos que se preservan.

A continuación, transcribo en su totalidad la balada de "El puente del Arta", una de las canciones populares más conocidas de Grecia. Los orígenes de este tipo de poemas se entroncan con la Antigüedad Clásica, pasando por el medioevo. Es interesante destacar la comunicación que tiene lugar entre los constructores y las aves, donde podríamos suponer que estamos ante una suerte de referencia al misterioso "Lenguaje de los Pájaros" o, dicho de otro modo, la comunicación, más o menos directa, con los estados superiores del Ser.


EL PUENTE DE ARTA

Cuarenta y cinco maestros y sesenta aprendices
ponían los cimientos de un puente en el río de Arta.
Todo el día lo levantaban, por la noche se venía abajo.
Se lamentan los maestros, lloran los aprendices.
-¡Qué dolor de nuestros esfuerzos, qué pena de nuestro trabajo!
¡Todo el día levantándolo, para que por la noche se venga abajo!
Pasó por allí un pajarillo y se sentó frente al río.
No cantó como pájaro, ni como golondrina tampoco,
que cantó con voz humana, y de esta manera decía:
-Sin el alma de una persona dentro, el puente no se asienta.
Y no la de un huérfano, ni de un extranjero, ni un caminante,
sino la de la bella esposa del maestro de obras,
que trae la comida al alba y bien entrada la noche.
Lo oyó el maestro de obras y se sintió morir.
Manda recado a la juncal muchacha con el ruiseñor:
“Que se vista y se cambie con lentitud, con lentitud traiga la comida,
con lentitud vaya a cruzar el puente de Arta”.
Pero mal entendió el pájaro, y de otro modo le dijo:
“Vístete deprisa, deprisa cámbiate, deprisa lleva la comida,
deprisa ve a cruzar el puente de Arta”.
Allá que aparece por el camino blanco.
Al verla el maestro de obras, se le parte el corazón.
Desde lejos los saluda, de cerca les dice:
-Hola, saludos, maestros, y a vosotros, aprendices.
¿Qué tiene el maestro de obras, que está tan afligido?
-Se le ha caído el anillo en el primer arco,
y ¿quién entrará y saldrá para encontrar el anillo?
-Maestro, no te disgustes, que yo iré a traerlo,
yo entraré y saldré para encontrar el anillo.
Ni bajó del todo ni llegó a la mitad.
-Súbeme con la cadena, mi bien, súbeme con la cadenita,
que he revuelto cielo y tierra y no he hallado nada.
Uno enfosca con la paleta, otro con la cal,
va el maestro de obras y arroja una gran piedra.
-¡Ay de nuestra estrella, pena de nuestro destino!
Tres hermanas somos, las tres malhadadas.
Una construyó el Danubio, otra el Eúfrates,
y yo, la más pequeña, el puente de Arta.
Igual que tiembla la hoja del nogal, tiemble el puente,
igual que caen las hojas de los árboles, caigan los caminantes.
-Muchacha, cambia tus palabras y echa otra maldición,
que tienes un único hermano, no vaya a ser que pase.
Y ella cambió sus palabras y echa otra maldición.
-Si tiemblan los fieros montes, que tiemble el puente,
y si caen las aves silvestres, que caigan los caminantes.
Que tengo un hermano emigrante, no vaya a ser que pase.




Fuentes consultadas:
-Mircea Eliade, Lo Sagrado y lo Profano
-Página web del Instituto de Idiomas de la Universidad de Sevilla, sección: Griego moderno

martes, 22 de abril de 2008

Inteligencia Mística.

Éste es el tercer y último extracto, y tal vez el más interesante, del bello y esclarecedor prólogo al "Cántico Espiritual" de San Juan de la Cruz.
Aquí, Leopoldo Marechal, con una lucidez deslumbrante, nos deja importantes precisiones sobre la Vía Mística y la inefable experiencia narrada por el santo.

P
odemos decir que, luego de vagar entre tanto academicismo insulso y estériles hipótesis fantacientíficas que constituyen los pilares fundamentales de las críticas literarias modernas, dar con un prólogo de tales características es casi como encontrar un oasis cristalino en medio del cruel desierto luego de una larga caminata por terrenos inhóspitos. Un trabajo tan ilustrativo y depurado merece ser rescatado y compartido con aquellos interesados en caminar pacientemente a la luz de la Tradición. Y, siendo Lepoldo Marechal un autor tan poco reconocido, al menos en este campo donde la influencia guénoniana (a pesar de las claras diferencias conceptuales en cuanto a los alcances del Misticismo) se mezcla con la cálida originalidad de su pluma y en el que demuestra un profundo respeto hacia los temas tradicionales con un conocimiento que parece ir más allá de la simple erudición profana, esta serie de posts es un pequeño y merecido homenaje a su obra.


PS: Pido disculpas por posibles errores de escaneo. No tuve tiempo de hacer una corrección rigurosa.


Icono de San Juan de la Cruz. Iglesia de los PP. Carmelitas en Segovia. (Click para ampliar)
INTELIGENCIA MÍSTICA.- En las declaraciones de sus poemas San Juan de la Cruz nos habla frecuentemente de la "inteligencia mística" que se traduce en sus "dichos de amor" y cuya abundancia de sentido no puede explicarse con ninguna manera de palabras". Dicha inteligencia corresponde, según creo, al "intelletto d' amore" que tantas veces nombra Dante, y a "ese inefable modo de conocer" a que alude San Dionisio Areopagita. Si se le llama inteligencia, es porque tiende al conocimiento y conoce; si se le dice de amor, es porque su operación ha de asemejarse a la operación amorosa. Por lo tanto, siendo amor el movimiento de un amante hacia un amado, que termina o quiere terminar en la unión efectiva del uno con el otro, la inteligencia mística debe de ser el movimiento de un cognoscente hacia un conocido, que termina en la visión efectiva del conocido por el cognoscente. Si el cognoscente puede ser un intelecto humano cualquiera, el conocido (o mejor dicho "el por conocer") es, en cambio, nada menos que Dios mismo; y la inteligencia mística logra conocerle, no en su concepto racional o en cualquier otra imagen intermedia, sino directamente y como de una sola mirada; y una vez conocido logra unirse a Él según la potencia natural del amor.
Esta vía mística (con sus dos movimientos diferentes que son el cognoscitivo y el afectivo o amorosa) suele parecer inferior a ciertos orientalistas que, aferrados al orden rigurosamente intelectual de sus concepciones, miran en ella con desdén la introducción de un elemento emotivo. Se les podría contestar que los dos aspectos de la mística, el cognoscitivo y el afectivo, son diferentes pero complementarios: "el conocimiento precede al amor", decían los antiguos, porque nadie ama lo que no conoce previamente; y es así que durante la subida del monte simbólico a tal grado de conocimiento corresponde tal grado de amor, bien que entre el conocer y el amar debe de haber allí tan poco espacio, que tal vez el místico no sabría decir si ama porque conoce o si conoce porque ama. Y el término del movimiento es aquella perfección que San Juan de la Cruz llama "unión del alma con Dios" y en la cual sería difícil distinguir al cognoscente del conocido y al amante del amado. Si, como en el Cántico Espiritual, al alma cognoscente y amante se le da el nombre de Esposa y a Dios conocido y amado el de Esposo, la unión de ambos términos se presenta como una "mística boda" cuyo fruto es esa paz y abandono que San Juan de la Cruz expresa en tres versos admirables:

"Cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado".

Hallándose la inteligencia mística entre las humanas posibilidades de conocimiento, no es extraño que la filosofía moderna se haya interesado algunas veces en esa extraordinaria manera de conocer, bien que para negarla casi siempre, o para clasificarla entre turbios fenómenos psicológicos. Recuerdo que hace algunos años, en uno de sus artículos, cierto filósofo español admirable por otros conceptos, criticaba el conocimiento místico, y refiriéndose a San Juan de la Cruz lo comparaba con un hombre que, después de haber efectuado un viaje, no sabía contar lo que había visto. En primer lugar, bien decía el filósofo al decir que se trata de un viaje: es un viaje espiritual, o mejor dicho una ascensión mística; y San Juan de la Cruz le llama "Subida del Monte Carmelo" en ese libro tan obscuro y a la vez tan pavorosamente claro en el cual se da un itinerario del viaje, con el punto de partida, las etapas que debe cumplir el viajero y la meta final o desposorio místico a que ya me referí en otro párrafo. San Juan de la Cruz, que realizó el viaje y ha contemplado la Verdad, no según el modo indirecto de la razón sino directamente y en su principio, al regresar del viaje no cuenta o describe el objeto de su visión, o mejor dicho, no lo hace en el lenguaje racional que desearía el filósofo sino en extrañas canciones de amor que al filósofo deben parecerle ininteligibles. En realidad, no es que el santo "no quiera" complacer al filósofo, sino que humanamente "no puede", porque el suyo es un conocimiento experimental, intuitivo, directo, y por ende incomunicable. Mal hace el filósofo en exigir que se describa racionalmente lo que suprarracionalmente fué conocido.
Por otra parte, fácil es demostrar que todo conacimiento intuitivo o directo es incomunicable; y el filósofo tiene dos ejemplos a mano: el conocimiento por los sentidos corporales y el conocimiento por la belleza, pues uno y otro son de tipo experimental. Supongamos que yo he tocado un tizón encendido y que deseo comunicar esa impresión a Sócrates, el cual no ha tocado nunca un tizón ardiente. En vano agotaré para ello el caudal de las palabras, los razonamientos y las figuras: no conseguiré mi propósito. Y Sócrates, a fuer de hombre curioso, no tendrá más remedio que hacer la experiencia y poner su mano en el tizón, si quiere saber exactamente lo que yo he sentido al tocarlo. Por eso, y en ese orden, es imposible comunicar a un ciego qué cosa es un color. y a un sordo qué cosa es un sonido. Veamos otro ejemplo, el de la belleza: supongamos que yo he gustado la hermosura de una rosa y deseo comunicar ese "sabor" a Sócrates, que no ha visto nunca dicha flor; tendré que llevarlo delante de la rosa, para que conozca directamente su hermosura, y Sócrates la conocerá sólo cuando haya realizado por sí mismo la experiencia de ver y gustar. Por analogía, nuestro filósofo bien puede admitirle al santo la posibilidad al menos de un conocimiento místico. Y si quiere saber, además, lo que ha experimentado el santo en su viaje, que se lo pregunte. San Juan de la Cruz le dirá. sin duda, lo que yo le dije a Sócrates:
- Haz la experiencia y lo sabrás.
- ¿Cómo hacer la experiencia? - insistirá el filósofo.
A lo que responderá el santo:
- Así como la visión corporal requiere un ojo adecuado al objeto que mira, también la visión espiritual requiere un ojo adecuado al suyo, que es Dios en su infinita grandeza. Antes que todo, necesitas preparar el ojo de tu alma.
- ¿De qué manera? - preguntará el filósofo.
Y San Juan de la Cruz le responderá con estos versos enigmáticos:

"En una noche oscura.
Con ansias, en amores inflamada,
¡Oh. dichosa ventura!
Salí sin ser notada.
Estando ya mi casa sosegada".

Podría suceder que, decepcionado, el filósofo no viera en la estrofa más que un juego de imágenes poéticas. Y entonces San Juan, en el admirable comentario de su poema, le dirá que la subida del Monte Carmelo, vale decir, el viaje del alma que tiende a unirse con Dios, se hace de noche y puede llamarse noche por tres causas: "La primera, por parte del término de donde el alma sale, porque ha de ir careciendo del gusto de todas las cosas del mundo que poseía, en negación de ellas, lo cual es como noche para todos los apetitos y sentidos del hombre. La segunda, por parte del medio o camino por donde ha de ir el alma, que es la fe, la cual es oscura para el entendimiento, como la noche. La tercera, por parte del término a donde va el alma, que es Dios, el cual, por ser incomprensible e infinitamente excedente, se puede también decir oscura noche para el alma, en esta vida". Son las tres noches por las cuales debió pasar Tobías, antes de unirse con la Esposa; o mejor dicho, son tres tiempos de una misma noche, el primero de los cuales corresponde al anochecer, el segundo a la medianoche y el tercero a la hora nocturna que precede al alba. Y el alba luminosa es el término del viaje, o sea la feliz unión dcl alma con su Esposo Místico. Por eso dice San Juan de la Cruz:

"En una noche oscura ... "

La primera noche se llama "del sentido", y en ella debe perder el hombre el sabor de todas las cosas de este mundo y destruir el apetito que siente por ellas el corazón, así como Tobías quemó el corazón del pez en su primera noche. Luego, en la segunda, tendrá que desnudarse el alma de todos los apetitos espirituales, de todas las cosas del entendimiento, de todos los lastres de la memoria, de todos los movimientos de la voluntad: tendrá que combatirse el alma en todas y cada una de sus potencias, hasta lograr la más completa oscuridad interior. Entonces, desnuda ya de todas las cosas así sensuales como espirituales, el alma sólo se guiará por la fe, que también es oscura para el entendimiento, y ésta es la noche segunda en que Tobías fué admitido en la compañía de los santos patriarcas, que son los padres de la fe. San Juan de la Cruz dirá entonces que, "estando ya su casa sosegada", vale decir, habiendo logrado ya esas dos noches del sentido y del entendimiento, el alma sale de viaje:

"Salí sin ser notada,
Estando ya mi casa sosegada".

Y sigue la segunda estrofa:

"A oscuras y segura,
Por la secreta escala, disfrazada,
¡Oh, dichosa ventura!-
A oscuras y en celada,
Estando ya mi casa sosegada".

La "escala secreta" que dice San Juan es la "fe viva", el oscuro camino, la noche de la fe, por la cual va el alma comunicándose con Dios muy sccretamente. Es la hora del desposorio místico: el alma ve acercarse al Amado, el cual, por ser oscuro para ella en su incomprensible misterio, también se le aparece como una noche, que es la tercera y la más tenebrosa. Dice San Juan que el alma va "disfrazada", es decir, que habiendo perdido su color terrestre se viste ya con las tintas del cielo y con la librea del Amado.
Por estas tres noches debe pasar el alma en su viaje hacia Dios: la primera se refiere a la Vía Purgativa, y logra el sosiego de la casa; la segunda es la Vía Iluminativa. la de la fe que conduce, y dice San Juan refiriéndose a ella:

"Aquesta me guiaba
Más cierto que la luz del mediodia,
Adonde me esperaba
Quien yo bien me sabía,
En parte donde nadie parecía".

La tercer noche corresponde a la Vía Unitiva, y San Juan la describe así:

"¡Oh, noche que guiaste!
¡Oh, noche amable más que el alborada!
¡Oh, noche que juntaste
Amado con Amada,
Amada en el Amado transformada!"


Porque después de la tercera noche viene la unión del alma con Dios, el término feliz del viaje, la regalada quietud que goza el alma en el eterno mediodía del Amado, y que San Juan describe así en la estrofa última de su canción:

"Quedéme y olvidéme,
El rostro recliné sobre el Amado,
Cesó todo, y dejéme,
Dejando mi cuidado
Entre las azucenas olvidado".

Así respondería el santo al filósofo. Y agregaría:
- Mal puedo contar mi visión en tu idioma de filósofo, si para ver lo que vi necesité primero desnudar mi alma de todo aquello que hace tu idioma de filósofo. Si estás llamado y quieres ver lo que vi, haz la experiencia de las tres noches oscuras y del alba resplandeciente. Si no lo estás, calla y respeta los prodigios que obra Dios con la paciencia de sus elegidos.

miércoles, 16 de abril de 2008

San Juan de la Cruz, el místico.

Aquí está la segunda parte del magnífico prólogo de Leopoldo Marechal que continuará en el próximo post donde se aborda, con una claridad excepcional, el delicado tema de la "Inteligencia Mística". Espero que lo disfruten.


EL MÍSTICO.- Si San Juan de la Cruz es un místico, no lo es por el hecho de habernos deja­do admirables lecciones de teología mística (en tal caso no sería más que un teólogo), sino por haber realizado él mismo y efectivamente la experiencia mística, el ascenso difícil, el viaje amoroso que une al Amante con el Amado. Entre un teólogo y un místico suele mediar la distancia que hay entre la teoría y la práctica; y digo que "suele", porque no todos los teólogos místicos logran realizar el viaje. Los poemas de San Juan de la Cruz refieren esa maravillosa experiencia: o son itinerarios del viaje (como la Subida del Monte Carmelo, en la que "se contiene el modo de subir hasta la cumbre de él, que es el alto estado de la perfección, que aquí llaman unión del alma con Dios") o son, como el Cántico Espiritual, una versión "ad extra" del cántico sin palabras que modula el santo en la intimidad de su ser, ante las maravillas que su experiencia de amor le va revelando. La mi­rada profana buscaría inútilmente una teología en esos desfiles de imágenes vagas y de figuras aparentemente ininteligibles, si el propio San Juan de la Cruz, ante nuestros ojos asombrados, no les diera un sentido cabal, una explicación clarísima en las De­claraciones que escribió más tarde sobre el texto de sus poemas. Pero, ¡cuidado! Al dar a sus canciores una interpretación racional y discursiva, San Juan de la Cruz no deja de advertir en ella una disminución de sentido. En el prólogo de su Declaración al Cán­tico Espiritual dice textualmente: "sería ignorancia pensar que los dichos de amor e inteligencia mística, cuales son los de las presentes canciones, con alguna manera de palabras se pueden bien explicar". Es que la inteligencia mística, por su modo de conocer y el objeto de su conocimiento, es inefable en el sentido etimológico de la palabra, y sólo consigue expresar aproximaciones de sí misma con figuras que, según dice el santo, "antes parecen dislates que dichos pues­tos en razón, según es de ver en los divinos Cánticos de Salomón y en otros libros de la divina Escritura, donde, no pudiéndose dar a entender la abundancia de su sentido por términos vulgares y usados, habla el Espíritu Santo misterios en extrañas figuras y se­mejanzas". Luego vendrá la explicación de las mis­mas hecha por los santos doctores. Pero - agrega San Juan - aunque mucho dicen y más digan, nunca pueden acabar de declararlo por palabras, así como tampoco por palabras se pudo ello decir; y así, lo que de ello se declara, ordinariamente es lo menos que contiene en sí".
No puede ofrecerse una idea más acabada de la condición inefable del conocimiento místico, y las advertencias de San Juan de la Cruz a ese respecto serían una contestación admirable a los filósofos que niegan la posibilidad de tal conocimiento sólo porque no le sea dado expresarse en forma racional. Pero ya volveré a esta materia en otro párrafo. Lo que nos es posible deducir ahora es que la inteligencia mística, siendo inefable en sí, puede manifestar un resplandor de sí misma por medio de figuras y semejanzas, lo cual significa ya una primera disminución; y que la exégesis racional de dichas figuras, por más luminosa que sea, entraña una disminución segunda con respecto a la inteligencia mística en sí. Estas consideraciones pueden resultar saludables para el lector que, habiendo alcanzado teóricamente el sentido místico de los poemas de San Juan de la Cruz, caiga, no en la tentación, sino en la ilusión de creerse llegado a la plenitud de la verdad que en ellos se manifiesta. Ya dije más arriba que entre el conocimiento racional del teólogo y el conocimiento experimental del místico hay una distancia que bien podemos calificar de infinita; y salvar esa distancia es realizar el místico viaje. Pero el arte humano, circunscripto a sus propias fuerzas, nunca podría realizarlo, si el hombre, sabiéndolo al fin y renunciando a las vías del humano arte, no se ofreciese como una materia dócil a las operaciones del arte divino. Porque el santo es una obra de Dios.
Con todo (y ya que me referí a un horizonte poético y a uno teológico dentro de cada uno de los cuales el lector puede ubicarse legítimamente), ¿no habrá en los poemas de San Juan de la Cruz un tercer horizonte, aquel sentido enigmático que los anti­guos llamaban "anagógico" y cuya inteligencia, según parece, adelantaba una visión directa de la verdad? La madre Isabel de la Encarnación, respondiendo a una encuesta compulsatoria que la calumnia hizo abrir en 1617 sobre la vida y la obra del santo, dice que los escritos de San Juan de la Cruz tienen "una claridad maravillosa"; y define luego esa claridad como cierta "luz muy cálida que recoge y abrasa de amor". ¿No se referiría la madre Isabel a un sentido anagógico de los Cánticos? [1] Sea como fuere, la inteligencia de tal sentido ha de requerir sin duda una preparación espiritual nada corriente.

[1] Etimológicamente la palabra anagogia significa más o menos "guiar o conducir a lo alto"; y el sentido anagógico de una escritura parecería dirigirse a la inteligencia proponiéndole, no un conocimiento discursivo ni un conocimiento poético de la verdad, sino una realización más alta que daría en lo verdadero mismo y no en sus aproximaciones.

lunes, 14 de abril de 2008

San Juan de la Cruz, el poeta.

Aquí les dejo un pequeño fragmento del excelente prólogo al "Cántico Espiritual" (Estrada Editores, Buenos Aires, 1944) de San Juan de la Cruz, realizado por el célebre escritor argentino Leopoldo Marechal (1900-1970). En un próximo post seguiré compartiendo partes de este interesantísimo texto, pleno de lucidez y respeto por la Tradición.



EL POETA.- Si estudiamos a San Juan de la Cruz en su exclusiva fase poética (haciendo abstracción de la doctrina que se disimula en sus cantares, o bien ignorándola simplemente) veremos a un artista frente a su obra, dueño y señor de su obra por la virtud del arte humano. En tanto que poeta lo veremos traducir mediante la palabra ese "esplendor de las formas" o lustre ontológico que los escolásticos veían en toda hermosura: si logró hacer resplandecer las formas de su cántico, ha cumplido exactamente su moción de poeta; y exigirle otra cosa vale tanto como hacerle transponer los límites de la poesía.
De un modo análogo el lector, frente a los poemas de San Juan de la Cruz, puede ubicarse legítimamente en el solo punto de vista poético, siempre que se limite a descubrir y gozar el esplendor de las fórmas en ellos manifestado. Le será lícito decir, por ejemplo, que el Cántico Espiritual traduce un amor declarado mediante vivas figuras poéticas, en cuya belleza el lector así condicionado se detiene, sin preocuparse de cualquier otro sentido que puedan encerrar dichas figuras. Pero si ese lector, evadiéndose de los límites poéticos en que se movía legítimamente, pretendiera luego llevar su juicio profano a los otros sentidos del poema, merecería sin duda la reprobación de los teólogos, y a su actitud correspondería muy exactamente el calificativo de "profanatoria".
Esa irrupción de la crítica "literaria" en territorios que debieran serle vedados ha sido frecuente, por desgracia, en los últimos tiempos, y ha falseado (si no hecho imposible) la inteligencia de nuestros escri­tores místicos; digamos, ante todo, que la crítica li­teraria, moviéndose, como lo hace, en el sentido "literal" de los escritos, vale decir, en el de "la letra", está condenada por definición a equivocarse cada vez que especula con el sentido "espiritual" de los mis­mos. Y los frutos de su especulación acerca de la mística son harto conocidos: o bien, aferrándose al sentido literal de las palabras, les niegan cualquier otro en una valoración simplista muy del gusto de la época, o bien les improvisa, si no un sentido, al menos una explicación que gracias a la psicología moderna suele dar en lo pornográfico. Y así podríamos decir a los que niegan en los escritores místicos todo sentido que no sea el literal: ¡Ay de los que se quedan en el simple juego de las imágenes y en el brillo exterior de las formas! Los que intenten son­dear el cántico de San Juan de la Cruz, por ejemplo, deberán entender que cada una de esas imágenes y cada una de esas formas tiene, además de su valor literal. un valor simbólico no discernido por una in­teligencia caprichosa o inventado por una imagina­ción poética, sino universal y exacto como el lenguaje de las matemáticas. La letra sólo es el trampolín que nos permite dar el salto maravilloso del espíritu.
Y diríamos a los que les dan una explicación torcida: "Aquí se trata de un amor divino, y si se lo expresa en el idioma del amor humano es porque a nuestra condición presente sólo le es dable expresar lo supe­rior con lo inferior y lo divino con lo humano, y porque, además, existe analogía y correspondencia entre lo inferior y lo superior y entre lo humano y lo divino". Pero si hablamos de amor es porque ha llegado la hora de abandonar al poeta y considerar al místico.

domingo, 23 de marzo de 2008

El Grial según Wolfram von Eschenbach

Wolfram von Eschenbach representado como caballero en Codex Mannese

Pocos símbolos tradicionales han sido tan bastardeados, manipulados y deformados en su interpretación como el otrora inconmensurablemente bello Santo Grial. Si bien es un fenómeno que se viene dando desde hace un par de décadas con las publicaciones de Baigent, Ambelain y compañía, no fue sino hasta hace unos pocos años cuando salió a la venta ese famoso libro del pseudo escritor (!) Dan Brown, de ejecución mediocre y totalmente falto de originalidad y creatividad, porque todo hay que decirlo, que se convirtió en un éxito comercial sin precedentes y que más tarde fue llevado a la pantalla grande. Esta peligrosa aberración, que no hace más que aumentar la confusión reinante en la sociedad moderna, como era de esperarse, trajo consigo, cual bola de nieve que arrastra con todo lo que tiene a su paso, una enorme cantidad de obras que no sólo intentaban imitar a la anterior, sino también libros con contenidos de carácter pretendidamente histórico pero con un rigor académico inexistente y, como no podía ser de otro modo, innumerables obritas new age que no hicieron sino continuar deformando el sentido original del simbolismo hasta extremos inconcebibles. Esto sólo permite verificar el grado de "solidificación" y desviación alcanzados en Occidente.
¿El Grial representa la descendencia secreta de Jesús? Es absurdo pensar que un autor tradicional como Chretien de Troyes, ya sea que tuviera conocimientos iniciáticos efectivos o que fuese tan sólo la cara visible de una organización más compleja, que indudablemente manejaba los símbolos con extraordinaria destreza, los cuales plasmó en sus bellas composiciones literarias, pudiera ocuparse de asuntos tan triviales (independientemente de la posibilidad concreta -poco probable- de estos hechos históricos porque, después de todo, ¿en qué afectaría esto a las enseñanzas, tanto exotéricas como esotéricas, que nos legó el Cristianismo?), cuando basta leer sólo un fragmento de alguno de sus libros para darnos cuenta de que estas historias no eran contadas para divertir, sino con el objeto de instruir, y es evidente que, como dijera Ananda K. Coomaraswamy, "contar historias sólo para divertirse pertenece a edades posteriores en las que se prefiere la vida del placer a la vida de la actividad o de la contemplación. De la misma manera, todo folklore y cuento de hadas genuino puede «comprenderse», pues las referencias son siempre metafísicas".[1]
Desde el punto de vista que realmente nos interesa, la búsqueda del Grial simboliza la búsqueda del Centro Espiritual del Mundo, donde tiene lugar la comunicación directa con los dioses, es decir, desde donde emana la sabiduría primigenia que es revelada a los adeptos del verdadero Arte por medio de la intuición intelectual. Entrar en contacto con el Santo Grial y, por eso mismo, situarnos en el Centro del Mundo, equivale a alcanzar el punto central del estado humano, ese punto a partir del cual el iniciado recobra la desnudez edénica perdida en el momento de la caída y lo contempla todo desde la eternidad, es el hombre primordial que puede elevarse hacia los estados superiores del ser, es el punto de partida para todo desarrollo eminentemente vertical y la puerta de acceso a los Grandes Misterios. Aquí debemos recordar el simbolismo de la cruz y considerar además las correspondencias análogas existentes entre el Grial, en forma de copa o cáliz milagroso y el sagrado corazón de Jesús.[2]
Esta modesta introducción, esperamos que sirva a los fines de presentar la maravillosa descripción del Grial realizada por el maestro alemán de la poesía épica, Wolfram von Eschenbach en su fantástico y siempre recordado Parzival, escrito a principios del siglo XIII.
Chretien de Troyes no fue muy explícito sobre el objeto en cuestión, luego de relatar los detalles de la fatídica procesión en el castillo del Rey Pescador, se limitó a decir que "el grial era de oro puro, recamado en gemas y piedras preciosas de diversos orígenes, algunas de ellas de los más lejanos confines de los mares y la tierra, comparables con ninguna otra conocida por hombre alguno."
Por su parte, Robert de Boron lo introdujo en un contexto específicamente cristiano identificándolo de manera directa con la copa de la que bebió Jesús en la Última Cena y con la que José de Arimatea recogió la sangre de las heridas durante la Crucifixión.
En cambio, diferenciándose del resto de los autores, Wolfram von Eschenbach la describe como una piedra celestial a la que designa como lapsit exillis o lapis exillis.
Estas son las palabras que pone en boca del ermitaño Trevizent dirigiéndose a su sobrino, el puro e invencible Parzival (o Perceval), héroe solar y principal protagonista de la gesta:


«Sé bien que viven muchos valientes caballeros en Munsalwäsche, junto al Grial. Cabalgan una y otra vez en busca de aventuras. Consigan la derrota o la victoria, estos templarios expían así sus pecados. Habita allí una tropa bien experimentada en la lucha. Os diré de qué viven: se alimentan de una piedra, cuya esencia es totalmente pura. Si no la conocéis, os diré su nombre: lapis exillis . La fuerza mágica de la piedra hace arder al Fénix, que queda reducido a cenizas, aunque las cenizas le hacen renacer. Así cambia el Fénix su plumaje y resplandece después en sus mejores galas, siendo tan bello como antes. Por muy enfermo que esté alguien, si ve un día la piedra, no puede morir en la semana siguiente y mantiene toda su belleza. Quien en la flor de la vida, fuera doncella o varón, contemplara la piedra durante doscientos años, conservaría el mismo aspecto: sólo el cabello se le tornaría gris. La piedra proporciona a los seres humanos tal fuerza vital que su carne y sus huesos rejuvenecen al instante. Esta piedra se llama también el Grial. Hoy baja sobre él un mensaje, sobre el que descansan sus poderes sobrenaturales. Hoy es Viernes Santo y se verá cómo desciende del cielo una paloma y deposita sobre la piedra una pequeña y blanca hostia. La paloma, que resplandece en su blancura, retorna después al cielo. Como os digo, todos los Viernes Santos la deposita sobre la piedra, con lo que le proporciona todo lo que en la tierra posee un buen aroma, comidas y bebidas, todo lo que crece en la tierra, con una abundancia paradisíaca. La piedra obsequia asimismo con la carne de todos los animales que vuelan, corren o nadan. El poder maravilloso del Grial asegura la existencia de la comunidad de caballeros. Oíd cómo se sabe quiénes son llamados al Grial. En el borde de la piedra, una inscripción con letras celestiales indica el nombre y el origen, sea muchacha o muchacho, del que está destinado a hacer este viaje de salvación. No hace falta quitar la inscripción, pues, tan pronto como se ha leído, desaparece por sí misma de la vista. Como niños llegaron los que ahora son adultos. ¡Felices las madres cuyos hijos fueron llamados a este servicio! Pobres y ricos se alegran por igual cuando les piden que envíen a sus hijos a la comunidad. Los requieren de muchos países. Permanecen allí protegidos siempre contra la ignominia del pecado y reciben su magnífica recompensa en el cielo. Cuando se les apaga aquí la vida, se les concede en el cielo la plena satisfacción. Los que no tomaron partido por ninguno de los dos bandos cuando lucharon Lucifer y la Trinidad, todos los ángeles neutrales, llenos de nobleza y de dignidad, tuvieron que venir a la tierra, a esa misma piedra. No sé si Dios los perdonó o los siguió condenando. Si su Justicia se lo permitió, los acogió a su lado . Desde entonces protegen esta piedra los que Dios ha designado para ello y a los que les envió su ángel. Señor, eso es lo que es el Grial».[3]

Habremos de notar que la expresión lapis exillis posee un parecido notable y muy sugerente con lapis elixir, que es la forma en que los árabes designaban a la Piedra Filosofal, objetivo último de los Alquimistas que, de más está decirlo, posee propiedades milagrosas que son estrechamente solidarias con las del Grial. Sin embargo, existe otra hipótesis, no menos importante, que sugiere que lapis exillis equivale a lapis ex coelis, porque se trata, en efecto, de una piedra «caída del cielo». En este punto, podemos detenernos y meditar sobre las posibles relaciones con la «piedra abrazada» y el ritual de la "Lavatio de la Piedra", en honor a la diosa Cibeles de los pueblos antiguos, que consistía en elevar una piedra abrazada mediante bragas o cuerdas, precediendo la fundación de una ciudad o de una construcción importante [4].Para más detalles, recomiendo este interesante artículo del excelente blog "El Tablero de Piedra" del arquitecto Carlos Sánchez Montaña:

El símbolo de la piedra abrazada.

Estas breves consideraciones no pretenden agotar el tema ni mucho menos, lo que se busca es simplemente plantear algunas cuestiones que considero esenciales a la hora de rescatar un símbolo universal que en la actualidad parece haber sido reducido a simple emblema de un puñado de teorías conspiratorias pero que, a pesar de todo, sigue constituyendo, para todo sincero buscador de la Verdad, un auténtico soporte para la meditación y el estudio.


¡Felices Pascuas para todos!

[1] Ananda K. Coomaraswamy, Apuntes para una crítica literaria tradicional
[2] Para más información sobre este tema, ver: René Guénon, El esoterismo del Grial . También recomiendo la lectura del relato La búsqueda, publicado en el blog Pensamientos de un Caósofo.
[3] Wolfram von Eschenbach, Parzival. Ed. Siruela, 1999
[4]
En el caso del Grial, está presente desde la Creación del Mundo, por lo que se trataría también de un símbolo cosmogónico

domingo, 9 de marzo de 2008

Y la Bestia pasó por Buenos Aires...


Antes que nada, pido disculpas a los asiduos visitantes de este pequeño blog por la frivolidad y escasa trascendencia que, en principio, pueda tener esta entrada. Me dijeron en alguna oportunidad que debería crear un blog alternativo para tales fines, pero, al menos por ahora, no creo tener el tiempo, la voluntad y las ganas de actualizar con demasiada frecuencia un proyecto semejante.

Hay ciertos "vicios profanos" que me acompañaron durante mucho tiempo y que actualmente me rehuso a abandonar. Uno de ellos es esa, muchas veces cuestionada e incomprendida, ambrosía musical llamada Heavy Metal. Esto no significa, desde luego, que no pueda disfrutar de música, digamos, más armónica, más elevada. Sin embargo, en estos días, dos palabras estuvieron resonando tenazmente en mi cabeza:


El pasado viernes 7 de marzo tuvo lugar, en el estadio de Ferrocarril Oeste, ubicado en la ciudad de Buenos Aires (Argentina), un evento sublime, majestuoso, incomparable. La legendaria agrupación británica llegó a tierras argentinas para darnos una lección inolvidable de música exquisita y de calidad excepcional.
Ahora, tratemos de ver esto desde un punto de vista vertical, cómo diría nuestro amigo Mahatma, porque a veces es posible, con un poco de imaginación, sacralizar, aunque sea mínimamente, ciertas actividades mundanas.
Antes de ingresar, en los momentos previos, le hicimos un pequeño honor al divino Dioniso/Baco, como para aclimatarnos a todo lo que se vendría en el transcurso de la noche. Cuando las luces se enciendieron, luego de la introducción, un símbolo conocido captó enteramente mi atención. Sobre el bombo de la batería había una preciosa imagen de un triángulo equilátero con un ojo de Horus en el centro. Este símbolo se repetiría en la ropa de algunos músicos. Todo era acorde a la cuidada escenografía ambientada en el antiguo Egipto, tomando como referencia un clásico disco de los 80's: Powerslave.
Mencionaremos de pasada que es una de las pocas bandas, o al menos la única que conozco en este estilo, que cuenta con 3 guitarras. Interesante número, ¿verdad? Un verdadero arquetipo de la Aritmosofia universal. Sumados al resto, alcanzan un total de 6 integrantes. Recordemos la importancia de éste último número otorgada por Pitágoras y que más tarde, siguiendo la cadena iniciática de conocimiento perenne, llegaría los Colegia Fabrorum y la escuela vitruviana...
En lo que respecta a la lírica, cabe señalar que las conocidas alusiones a la Bestia y su característico número, el 666 (concretamente, en el álbum The Number Of The Beast de 1982), no es tomado como objeto de culto, sino más bien como objeto de burla, como si de un entretenimiento lúdico se tratase.
Volviendo puntualmente a lo vivido durante el show, podríamos decir que, al igual que en el auténtico sentido tradicional del Carnaval, fue como un tiempo destinado a vivir conscientemente el desorden, una vuelta al caos, con el fin de agotar las energías inferiores, tal como lo indicaba Núria en un artículo publicado en su blog. Golpes que aún se sienten, empujones, forcejeos de todo tipo y una violenta caida al piso acompañada por las patadas de un fanático alocado, estuvieron a la orden del día. Parece extraño que alguien pueda disfrutar de semejante ejercicio físico, pero lo cierto es que cada individuo puede encontrar sus propias formas de diversión y, lo que es más importante aún, soportes catárticos particulares que se adecúen a su constitución psíquica y nivel de desarrollo axial.
El despliegue de talento en el recital fue lo más cercano a la perfección que mortal alguno podría concebir; los instrumentos fueron ejecutados con la precisión de un relojero suizo, la voz inigualable de Bruce Dickinson alcanzó la suprema potencia de sus mejores épocas y, en definitiva, el poderoso sonido del metal hizo vibrar el estadio en una misteriosa armonía sobrenatural.
Para finalizar, dejo la sugerente letra de una bella canción que, con el tiempo, fue convirtiéndose en una de mis preferidas y que, afortunadamente, decidieron incluir en el setlist de la gira:

Revelations

"O God of Earth and Altar,
Bow down and hear our cry,
Our earthly rulers falter,
Our people drift and die,
The walls of gold entomb us,
The swords of scorn divide,
Take not thy thunder from us,
But take away our pride."
(G.K. Chesterton: English Hymnal)

Just a babe in a black abyss,
No reason for a place like this,
The walls are cold and souls cry out in pain,
An easy way for the blind to go,
A clever path for the fools who know
The secret of the Hanged Man - the smile of his lips.

The light of the Blind - you'll see,
The venom that tears my spine,
The Eyes of the Nile are opening - you'll see.

She came to me with a serpent's kiss,
As the Eye of the Sun rose on her lips,
Moonlight catches silver tears I cry,
So we lay in a black embrace,
And the Seed is sown in a holy place
And I watched, and I waited for the Dawn.

The light of the Blind - you'll see,
The venom that tears my spine,
The Eyes of the Nile are opening - you'll see.

Bind all of us together,
Ablaze with Hope and Free,
No storm or heavy weather
Will rock the boat you'll see.
The time has come to close your eyes
And still the wind and rain,
For the one who will be King
Is the Watcher in the Ring.
It is You.

miércoles, 5 de marzo de 2008

El Amor de Salomón por la Sabiduría



8:
2 Yo la amé y la busqué desde mi juventud,
traté de tomarla por esposa
y me enamoré de su hermosura.
8:3 Su intimidad con Dios hace resaltar la nobleza de su origen,
porque la amó el Señor de todas las cosas.
8:4 Está iniciada en la ciencia de Dios
y es ella la que elige sus obras.
8:5 Si la riqueza es un bien deseable en la vida,
¿qué cosa es más rica que la Sabiduría que todo lo hace?
8:6 Si la prudencia es la que obra,
¿quién más que ella es artífice de todo lo que existe?
8:7 ¿Amas la justicia?
El fruto de sus esfuerzos son las virtudes,
porque ella enseña la templanza y la prudencia,
la justicia y la fortaleza,
y nada es más útil que esto para los hombres en la vida.
8:8 ¿Deseas, además, tener mucha experiencia?
Ella conoce el pasado y puede prever el porvenir,
interpreta las máximas y descifra los enigmas,
conoce de antemano las señales y los prodigios,
la sucesión de las épocas y de los tiempos.

(Sabiduría 8:2-8)

martes, 19 de febrero de 2008

Dionisio Areopagita: En qué consiste la divina tiniebla.

Mientras sigo ocupando mi tiempo en asuntos laborales y académicos dejando sólo un reducido espacio del día para la reflexión, la meditación y la lectura de textos tradicionales -con el consiguiente bloqueo que esto implica- debo reconocer, sin más, que no me encuentro en condiciones de hacer grandes aportes al blog. ¡Ay! ¡a veces cuesta tanto escapar a los avatares del mundo moderno con su fría ilusión de progreso!
Así que me limitaré a transcribir ciertos textos que en estos días me mantuvieron despierto, al menos por unos instantes, ante la soporífera e inhumana carga de las obligaciones cotidianas. Y no digo "inhumano" por el relativo esfuerzo propio de estas actividades, sino por su carácter de "anormalidad" que nos aleja del centro y nos impide reconocer aquello que realmente somos.
En esta ocasión, transcribo el primer capítulo de la Teología Mística de Dionisio Areopagita, un texto sublime, un mensaje de prístina sabiduría que inspiró a los grandes maestros de la Tradición Cristiana.

EN QUÉ CONSISTE LA DIVINA TINIEBLA


1. Trinidad supraesencial y más que divina y más que buena, maestra de la divina sabiduría cristiana, guíanos más allá del no saber y de la luz, hasta la cima más alta de las Escrituras místicas. Allí donde los misterios simples, absolutos e inmutables de la teología se revelan en las tinieblas más que luminosas del silencio. En medio de las más negras tinieblas fulgurantes de luz desbordan, absolutamente intangibles e invisibles, los misterios de hermosísimos fulgores que inundan nuestras inteligencias, que saben cerrar los ojos.
Ésta es mi oración. Timoteo, amigo mío, entregado por completo a la contemplación mística, renuncia a los sentidos, a las operaciones intelectuales, a todo lo sensible y a lo inteligible. Despójate de todas las cosas que son y aun de las que no son y elévate así, cuanto puedas, hasta unirte en el no saber con aquel que está más allá de todo ser y de todo saber. Porque por el libre, absoluto y puro apartamiento de ti mismo y de todas las cosas, arrojándolo todo y del todo, serás elevado en puro éxtasis hasta el Rayo de tinieblas de la divina Supraesencia.
2. Pero ten cuidado de que nada de esto llegue a oídos de no iniciados, aquellos que se apegan a los seres, que se imaginan que no hay nada más allá de lo que existe en la naturaleza física, individual. Piensan, además, que con su mística razón pueden conocer a aquel que "puso su tienda en las tinieblas". Y si esos no alcanzan a comprender la iniciación a los divinos misterios, ¿qué decir de quienes son verdaderos profanos, de aquellos que describen la Causa suprema de todas las cosas por medio de los seres más bajos de la naturaleza y proclaman que nada es superior a los múltiples ídolos impíos que ellos mismos se fabrican?
En realidad, debemos afirmar que siendo Causa de todos los seres habrá de atribuírsele todo cuanto se diga de los seres, porque es supraesencial a todos. Esto no quiere decir que la negación contradiga a las afirmaciones, sino que por sí misma aquella Causa trasciende y es supraesencial a todas las cosas, anterior y superior a las privaciones, pues está más allá de cualquier afirmación o negación.
3. En ese sentido, pues, dice el divino Bartolomé que la teología es al mismo tiempo abundante y mínima, y que si el Evangelio es amplio y copioso, es también conciso. A mi parecer, ha comprendido perfectamente que la misericordiosa Causa de todas las cosas es elocuente y silenciosa, en realidad callada. No es racional ni inteligible, pues es supraesencial a todo ser. Verdaderamente se manifiesta sin velos sólo a aquellos que dejan a un lado los ritualismos de las cosas impuras y de las que son puras, a quienes sobrepasan las cimas de las más santas montañas. A los desprendidos de luces divinas, voces y palabras celestiales, y que se abisman en las Tinieblas donde, como dice la Escritura, tiene realmente su morada aquel que está más allá de todo ser.
No en vano el divino Moisés recibió órdenes de purifícarse primero y luego apartarse de los no purificados. Acabada la purificación, oyó las trompetas de múltiples sonidos y vio muchas luces de rayos fulgurantes. Ya separado de la muchedumbre y acompañado de los sacerdotes escogidos, llega a la cumbre de las ascensiones divinas. Pero todavía no encuentra al mismo Dios. Contempla no al Invisible, sino el lugar donde Él mora. Esto significa, creo yo, que las cosas más santas y sublimes percibidas por nuestros ojos e inteligencia no son las razones hipostáticas de los atributos que verdaderamente convienen a la presencia de aquel que todo lo trasciende. A través de ellas, sin embargo, se hace manifiesta su inimaginable presencia, al andar sobre las alturas de aquellas cúspides inteligibles de sus más santos lugares. Entonces, es cuando libre el espíritu, y despojado de todo cuanto ve y es visto, penetra (Moisés) en las misteriosas Tinieblas del no-saber. Allí, renunciado a todo lo que pueda la mente concebir, abismado totalmente en lo que no percibe ni comprende, se abandona por completo en aquel que está más allá de todo ser. Allí, sin pertenecerse a sí mismo ni a nadie, renunciando a todo conocimiento, queda unido por lo más noble de su ser con Aquel que escapa a todo conocimiento. Por lo mismo que nada conoce, entiende sobre toda inteligencia.


viernes, 15 de febrero de 2008

Entrevista a Raimon Arola

Les dejo esta interesantísima entrevista a Raimon Arola publicada en el número 39 de la Revista Hermética, correspondiente a Enero del corriente año.
Para un mayor acercamiento al trabajo de Arola y de sus colaboradores en lo que respecta a Ciencia Sagrada y Tradición Hermética, pueden visitar las páginas web de ArsGravis y de la revista La Puerta, que seguramente varios de ustedes ya conocen.

Raimon Arola (Tarragona, 1956), Doctor en Filosofía y Letras, es profesor titular en la Universitat de Barcelona, donde imparte la asignatura de Simbolismo y, regularmente, profesor invitado en otras universidades. En el campo de la historia de la religión y del estudio del significado simbólico de las obras de arte ha publicado: Simbolismo del templo (Barcelona, 1986), Las estatuas vivas. Ensayo sobre arte y simbolismo (Barcelona, 1995), El tarot de Mantegna (Barcelona, 1997), Los amores de los dioses. Mitología y alquimia (Barcelona, 1999), La cábala y la alquimia en la tradición espiritual de occidente, siglos XV-XVII (Palma de Mallorca, 2002), El buscador del orden (Barcelona, 2003), Images cabalistiques et alchimiques (Paris, 2003), Alquimia y religión (Madrid, 2008)



REVISTA HERMÉTICA.- Usted desarrolla una gran actividad editorial y docente donde el Simbolismo y el Hermetismo son el medio de retornar a una cierta Sabiduría Tradicional. ¿Qué son el Simbolismo y el Hermetismo?

RAIMÓN AROLA.- Me parece muy acertado plantear mi actividad profesional como un medio para reencontrar la Sabiduría Tradicional, el problema está en poder definir estos nombres, simbolismo y hermetismo, y su relación con la Sabiduría en el marco de esta entrevista. Podría decirse que ambas disciplinas la consideran su objetivo final pero que los caminos que siguen son distintos y eso hay que tenerlo en cuenta si no se quiere caer en la trampa de que todo es todo. Una indeterminación bastante actual, por cierto, que puede destruir la vida interior de la Sabiduría Tradicional que al fin y al cabo es lo que importa descubrir.

R.H.- ¿Podemos hablar de Hermetismo sin hablar de Alquimia?

R.A.- Podría hacerse, como pasó, por ejemplo, en Italia durante la segunda mitad del siglo XV, cuando se estudió el hermetismo como si fuera una filosofía, la del Corpus Hermético. Pero en un sentido más universal, y a mi entender más profundo, Hermetismo y Alquimia son sinónimos. Entienden y explican la Sabiduría Tradicional como un conocimiento experimental transmitido a través de los tiempos y cuyo origen se remontaría a Hermes Trimegisto, el “legendario” fundador de la civilización egipcia.

R.H.- ¿Qué sentido tienen en el siglo XXI estas disciplinas y que pueden aportar al hombre moderno?

R.A.- No soy muy optimista en relación a este tema, pues si bien el hombre moderno está sediento de alimento espiritual, el “reino de la cantidad” descrito por René Guénon se impone sin remedio con su mediocridad e hipocresía. Sin embargo, también creo que la búsqueda de la Sabiduría Tradicional es el mejor camino para reencontrar la dignidad del hombre, su “cualidad” más vital y esencial.

R.H.- Usted mantiene una estupenda web sobre la asignatura de simbolismo en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona. ¿Se valoran como tales los temas Tradicionales en el ámbito universitario más allá de su discurso conceptual?

R.A.- Desgraciadamente, la academia, como entidad, ignora o desprecia los temas Tradicionales, pero existen muchas mentes despiertas y buscadoras que han acogido muy favorablemente la web de Arsgravis y la utilizan para sus estudios. Sin embargo a nivel institucional sólo tiene valor aquello que se relaciona con la técnica y el progreso. ¡Incluso las humanidades se están abandonando!

R.H.- ¿Se puede considerar a la Simbología como una disciplina autónoma o solamente como un instrumento para la captación intelectual de ciertas concepciones metafísicas propias del sufismo o el hinduismo, entre otras?

R.A.- El simbolismo, tal como lo concibo, sería un nexo entre el mundo del espíritu y la naturaleza. O entre la física y la metafísica. Lo importante es unir el cielo con la tierra, lo fijo y lo volátil, el espíritu con el cuerpo, Dios con su creación. La propia etimología de símbolo remite a la palabra “unión”. Todas las imágenes simbólicas conducen, o deberían conducir, al recuerdo del misterio de la unión de lo que fue separado por la antigua caída.

R.H.- La asignatura de Simbolismo de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona, tiene alguna vinculación con la creada por Federico González hace unos 20 años y que está reflejada hasta la fecha en la Revista Symbolos?

R.A.- No, ningún vínculo. Cuando comencé a impartir la asignatura de simbolismo, no conocía la obra de González ni la revista que dirigía. La asignatura se gestó, si puede decirse así, entre el estudio de la historia de las religiones, tal y como lo planteaba Mircea Eliade, y la trascendencia del Mensaje Reencontrado de Louis Cattiaux. Estamos hablando de la década de los ochenta. Más tarde conocí la revista Symbolos.

R.H.- ¿Son receptivos los jóvenes a la totalidad de la riqueza anímica, intelectual, y espiritual del Simbolismo?

R.A.- Sí, en muchos casos sí, pero la ignorancia, de la que no son culpables, les impide reconocer su anhelo interior en los símbolos tradicionales. Pero hay muchos jóvenes extraordinarios, especialmente inquietos y perceptivos al conocimiento del mundo de la “unión simbólica”, es decir de la Sabiduría Tradicional.

R.H.- ¿Hay un renovado interés real del público por estas temáticas, o asistimos a una euforia editorial derivada de novelas históricas sobre temas arcanos? ¿Cree que hay un interés real por hacer “práctica” la Iniciación o todo se queda en una anécdota intelectual?

R.A.- Creo que hay de todo. Si se pretendiera medir este interés a tenor de la cantidad, el resultado sería que la euforia editorial, por no hablar de la voracidad mercantilista, es lo que motiva la curiosidad actual por estas temáticas. Sin embargo, en la balanza de Dios, un único iniciado valdría más que cualquier best seller.
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R.H.- La Iniciación, ¿es una quimera o realmente es posible llevarla a cabo hoy en día en la sociedad que estamos inmersos?

R.A.- Si creemos o aceptamos que antaño fue posible, ¿por qué no aceptaríamos que se diera en la actualidad? Es cierto que el tiempo que nos ha tocado vivir no es propicio para el desarrollo y realización de la vida del espíritu, de lo cual no debe inferirse de que en otros tiempos, o otros lugares, la vida del espíritu fuera mejor, aunque la organización social en general fuera más propicia. Cada época tiene sus medios para penetrar, o iniciarse, en la vida del espíritu.

R.H.- ¿Autoiniciación o Búsqueda en las Órdenes Tradicionales? ¿Qué opina del estado actual de estas últimas?

R.A.- Está por ver. A principios del tercer milenio se está buscando el lenguaje más adecuado. Lo que está claro es que no puede ser una “autoiniciación”, pues, por definición, es un contrasentido. Sin una vinculación con la Sabiduría Tradicional, ¡no puede haber Sabiduría Tradicional!... Parece obvio. Otra cuestión muy distinta sería saber si dicha Sabiduría se encuentra en lo que usted llama Órdenes Tradicionales. No voy a opinar respecto a su estado actual, simplemente pediría coherencia en los principios y rigor espiritual. Fíjese que hablo de rigor espiritual, nunca intelectual, pues se corre el riesgo de caer en academicismos estériles. Me refiero a la obligación inexcusable de no confundir la vida del espíritu con el psiquismo. Para ello, los instrumentos necesarios son las Sagradas Escrituras… En este sentido, y en muchos otros, estoy completamente de acuerdo con lo que escribió Cattiaux: “Incluso los libros santos ¿qué son comparados con el misterio de vida que subsiste en el sol y en la tierra? Sin embargo, contienen la llave que abre y que cierra el manantial del abismo y el sello que cubre el germen del Señor de los mundos”

R.H.- ¿Cree que se ha olvidado hoy en día la necesidad del Don y de su Dador para poder siquiera pensar en optar a algún tipo de iniciación?

R.A.- Sí, sí. Eso es lo que pretendía explicarle anteriormente. En cualquier pensamiento tradicional, y en el hermético en particular, el don del cielo es la llave imprescindible para el crecimiento y realización espiritual. Y como usted sabe, sin la llave no es posible acceder al templo de la recreación.

R.H.- La revista “La Puerta” mantiene durante todos estos años una línea editorial coherente con sus Principios. ¿Qué anima que pueda mantenerse este espíritu común durante años y se haya convertido en referencia obligada sobre temas Tradicionales?

R.A.- Mantener una coherencia debería ser lo lógico. Es cierto que “La Puerta” ha continuado a lo largo de los años con el mismo impulso que la originó, la búsqueda a través de diferentes fuentes tradicionales del misterio profundo que las anima a todas. La longevidad de la publicación se debe a la fidelidad de los lectores que continúan leyéndola.

R.H.- Hoy en día se importan numerosas doctrinas y técnicas orientales. “La Puerta” se centra en el estudio de la Tradición de Occidente. ¿Es más adecuada la Tradición espiritual de occidente para un occidental?

R.A.- También parece lo más lógico. Se trata de una cuestión de conocimiento del lenguaje, pues, sin acceder a los textos originales es muy difícil saber lo que dicen realmente. Sin embargo, no creo que puedan separarse radicalmente ambas tradiciones. Por ejemplo, la civilización griega está más próxima a la manera de pensar y concebir el mundo hindú que de la mentalidad semítica. ¿Dónde estarían aquí Oriente y Occidente? Quizá aun estemos demasiado influidos por el siglo XIX y sus drásticas separaciones.

R.H.- Dentro de la Revista La Puerta la Alquimia es un tema predominante ¿Qué es la Alquimia para usted?

R.A.- La alquimia es la ciencia de Hermes Trimegisto. Quizá la mejor manera para definirla sea por negación. Así, la auténtica alquimia no sería ninguna pre-ciencia, como pretenden muchos académicos. Tampoco sería un conjunto de símbolos que explicarían los procesos espirituales del hombre. No es ninguna magia extraña y secreta…, quizá podría decirse que es la ciencia o el arte de la regeneración completa de la naturaleza y del hombre.

R.H.- Recientemente se ha publicado su libro “La Cábala y la Alquimia en la Tradición espiritual de Occidente: siglo XV-XVII”. ¿Realmente existe una Tradición que sobrevive bajo la mentalidad, el arte, la cultura, y el Espíritu occidental?

R.A.- Sin duda. ¡No podría ser de otro modo! Desgraciadamente, desde el siglo XVII, podría decirse, desde la Guerra de los Treinta Años, el pensamiento racionalista, y básicamente Descartes, acabó con el pensamiento simbólico tradicional que había florecido durante la Edad Media y el Renacimiento. El racionalismo atacó con dureza a los demás modos distintos de comprender el mundo. Todavía lo hace, pero el espíritu occidental, al que usted alude, no ha desaparecido. Más bien al contrario, ha soportado el brutal envite del cartesianismo y el positivismo. Y la historia no ha terminado. Creo que la tradición espiritual de Occidente, basada en dos de sus pilares más importantes: la Cábala y la Alquimia, volverá a brotar del corazón de los sabios.

R.H.- EH y Carlos del Tilo, recientemente desaparecidos, desarrollaron el tema alquímico curiosamente sin tocar a Fulcanelli, tan de moda hoy en día. ¿En qué se parece y en qué se diferencia su concepción de la Alquimia de la de Fulcanelli?

R.A.- Emmanuel y Charles d’Hooghvorst, que son los personajes están detrás de los pseudónimos que usted menciona, valoraban la recuperación de la alquimia que, por otros caminos, propuso el misterioso Fulcanelli. Incluso diría que coincidieron en su propuesta más decisiva: la de leer, estudiar y dar a conocer los textos clásicos de la alquimia tradicional. Textos que, a lo largo de muchos años, han venido apareciendo en las páginas de “La Puerta”.