"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



lunes, 31 de diciembre de 2007

Feliz Año Nuevo

Cúpula de la Iglesia del Santo Sepulcro, siglo XIII. Torres del Río (Navarra). Camino de Santiago. El cielo generador y sus proporciones armónicas actuando sobre el microcosmos.
Imagen tomada de C.U.R.A



--- Escuadra y Compás les desea, a quienes habitualmente dejan su huella este pequeño y humilde sendero, un 2008 colmado de felicidad. ---



Ahora bien, ¿cómo debemos entender la felicidad?
Hace poco leía en un
foro que "la persona más feliz será aquella que logre acumular más momentos felices en su vida". También es muy conocida la expresión de que "la felicidad consiste en pequeños momentos que se atesoran en la memoria para traerlos hacia nosotros cuando lo consideremos necesario", con todas sus variantes. Palabras con las que no coincido, en absoluto.
Es cierto que, en condiciones que podríamos llamar "normales", la felicidad no es un estado extático, permanente, inamovible en el que podamos situarnos de una vez y para siempre para no abandonarlo jamás. Parafraseando a Johann W. Goethe, "podemos soportarlo todo, excepto una sucesión de días anodinos", porque la vida precisamente está llena de contrastes, de luces y sombras, de avances y retrocesos, de ciclos que se repiten, a veces tortuosos, pero siempre necesarios. Encontrar el equilibrio es fluir en armonía con estas oscilaciones, es encontrar el ritmo propio de la vida. Pero, ¿de qué me sirve haber sido feliz ayer? ¿de qué me sirve haber sido feliz hace diez minutos? ¿de qué me sirve saber si mañana podré serlo? Lo esencial es vivir el presente, lo demás es una vana ilusión.

Transcribo unas palabras de Plotino, tomadas de las Enéadas, donde se analiza si la felicidad "se acrecienta con el tiempo":

"La felicidad ¿se acrecienta con el tiempo pese a que la felicidad es concebida siempre en dependencia del presente? Además el recuerdo de haber sido feliz nada puede influir , y el ser feliz no consiste en decirlo, sino en estar en una cierta disposición. Ahora bien, la disposición, como también la actividad de la vida, estriba en que esté presente.

Pero si, porque siempre estamos deseosos de vivir y estar activos, el conseguir tal deseo significara ser más feliz, en primer lugar, según eso, la felicidad de mañana sería mayor que la de hoy, y la siguiente siempre mayor que la antecedente, con lo que la felicidad no se medirá ya por la virtud. En segundo lugar, los dioses mismos serán ahora más felices que antes, con lo que su dicha no será todavía perfecta y nunca jamás será perfecta. Además, cuando el deseo consigue su objetivo, obtiene lo presente y siempre lo presente, y busca el que, mientras exista, posea la felicidad. Ahora bien, el deseo de vivir, puesto que busca el existir, será deseo de lo presente, si el existir está en lo presente. Y caso que desee lo venidero y lo sucesivo, desea lo que tiene y lo que existe, no lo pasado ni lo venidero: desea que exista lo que ya existe, buscando no que exista perpetuamente, sino que exista ya lo que ya está presente ."

[...]

"Y si alguno dijera que el recuerdo de las cosas pasadas, perviviendo en el presente, incrementa la dicha de quien haya vivido en la felicidad durante más tiempo, ¿qué querría decir con lo del recuerdo? Porque o es el recuerdo de la sabiduría habida anteriormente, de modo que lo que querría decir es que es más sabio y no se atendría a la hipótesis, o se referiría al recuerdo del placer, como si el hombre feliz necesitara de una buena sobredosis de gozo y no le bastara con el presente. Sin embargo, ¿qué puede tener de placentero el recuerdo de lo placentero? Por ejemplo, si se acordara de que ayer disfrutó de un buen plato (y aún sería más ridículo al cabo de diez años), y, tocante a la sabiduría, que el año pasado era sabio.

—Pero si el recuerdo fuera de las cosas excelentes, ¿cómo negar que, en este caso, tendría sentido?

—Pero eso es propio de un hombre que, en la actualidad, está falto de las cosas excelentes y que, por no tenerlas ahora, busca el recuerdo de las pasadas.

—Pero la prolongación del tiempo ocasiona numerosas acciones nobles, en las que no tiene parte el que es feliz por poco tiempo, si hay que llamar feliz en absoluto a quien no lo es gracias a que sus acciones nobles son muchas.

—Pero decir que la felicidad resulta de multitud de tiempos y de acciones, es constituir la felicidad como suma de los componentes ya no existentes, sino pasados, y de uno solo presente . Por eso hicimos depender la felicidad de lo presente y luego nos preguntábamos si es mayor felicidad el haber sido feliz por más tiempo. Esto es, pues, lo que hay que investigar: si la felicidad prolongada por mucho tiempo gana más por el mayor número de acciones. Pues bien, en primer lugar, es posible ser feliz aun sin haberse visto implicado en acciones, y no menos, sino más, que quien ha estado consagrado a la acción. En segundo lugar, las acciones no confieren bondad por sí mismas; son las disposiciones las que hacen buenas aun a las acciones; y el sabio cosecha el bien aun en la acción, no porque obre ni como resultado de lo accesorio, sino como resultado de lo que posee. Pues aun la salvación de la patria podría ser obra incluso de un hombre vulgar, y el sabio disfrutaría por la salvación de la patria aun siendo otro el salvador. No es, por tanto, la acción la causa del placer del hombre feliz; es la disposición la que es causa tanto de la felicidad como del deleite que pueda redundar de ésta. Poner la felicidad en las acciones, es ponerla en lo que es extrínseco a la virtud y al alma. Porque la actividad propia del alma consiste en pensar sabiamente y en actuar en sí misma sabiamente. Y en esto consiste el estado de felicidad."


miércoles, 26 de diciembre de 2007

Sobre Carboneros y Leñadores.

Como muchos sabrán, la Carbonería fue lo que podríamos llamar una "sociedad secreta" italiana fundada en Nápoles a principios del siglo XIX con objetivos meramente políticos, apoyándose en valores patrióticos y liberales.
Lo que aquí nos interesa realmente no es esta asociación, más allá de la importancia de sus logros en el terreno político-social, y por eso mismo contingentes, o de la relevancia de los personajes que formaron parte de ella, como el mismísimo Giuseppe Garibaldi, sino la naturaleza de la organización que la precedió, puesto que se trataría de una verdadera organización iniciática tradicional que más tarde, con el devenir cíclico terminaría cayendo en una completa degeneración.
"Parece que el antepasado del carbonarismo, nos informa el historiador de las religiones Serge Hutin, fue una sociedad completamente inofensiva: los Leñadores o Carboneros. Era una especie de Compagnonnage, que agrupaba, como su nombre lo indica, a los leñadores y otros trabajadores de los bosques, pero que admitía en su seno a hombres de todas las clases de la sociedad. Esta "Masonería forestal", cuyos lugares de reunión, o talleres, eran de preferencia al aire libre, daba lugar a ritos de iniciación, a signos y santo y seña, etc. Esa Sociedad cultivaba la beneficencia mutua, y también la diversión, la tranca alegría."[1]
Si analizamos la precedencia de los oficios, entre albañiles y carpinteros, de acuerdo a su antigüedad respectiva, podemos observar, siguiendo las palabras de René Guénon que "las construcciones, de manera muy general, fueron de madera antes de ser de piedra y ello es lo que explica que, en la India especialmente, no se encuentra ninguna huella de las que remontan más allá de cierta época. Tales edificios eran evidentemente menos duraderos que los construidos en piedra; también el empleo de la madera corresponde, entre los pueblos sedentarios, a un estadio de menor fijeza que el de la piedra, o, si se quiere, a un menor grado de "solidificación", lo que está muy de acuerdo con el hecho de relacionarse con una etapa anterior en el curso del proceso cíclico."[2]
Desde este punto de vista, podemos deducir que el trabajo del leñador es incluso anterior al de carpintero, y de ellos procederían los carbonarios, porque es evidente que en los bosques se ha comenzado por hachar leña antes de fabricar carbón con ésta.
Es interesante señalar, a propósito de esto, que Jean Palou sugiere que entre los leñadores podemos encontrar uno de los posibles orígenes del escocismo o, en otras palabras, los grados filosóficos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado de la Masonería Especulativa.
De acuerdo a un relato tradicional, el rey Francisco I sorprendió una noche, en el bosque de Fontainebleau, una "venta" (reunión) de los "buenos primos carboneros" (así es cómo se llamaban entre sí) y que se sentó involuntariamente sobre el tronco del Padre Maestro (el lugar del presidente de la asamblea). Éste volviéndose a sus "buenos primos" intimidó al rey la orden de abandonar el lugar ocupado abusivamente, exclamando: "Charbonnier est Maìtre chez soi" (el carbonero es amo en su casa), fórmula acuñada luego como proverbio. Luego, el padre maestro, a pedido del propio rey, lo habría iniciado en los ritos de los carbonarios. Esto explicaría por qué el rey hizo promulgar cierto número de ordenanzas favorables a los habitantes de los bosques.[3]
A pesar de haber sido evidentemente una iniciación de oficio, la presencia del Rey parece indicar que se trataría quizá de una iniciación Kshatriya propiamente dicha, con todo lo que esto implica.

A continuación transcribo un pequeño fragmento más que sugerente de un antiguo "Ritual de los Buenos Compañeros Leñadores de la Selva de la Reunión de Macon"[4] que data de 1751, época en la que, cómo podemos suponer, aún se conservaban vestigios claramente reconocibles de su carácter iniciático.

P.: ¿Adónde habéis sido elevado?
R.: A la sala de honor del buen compañero leñador.
P.:¿Cuál es la causa por la que habéis sido elevado a maestro?
R.: Es el pan y el vino de la hospitalidad que fue ofrecido el día de mi aceptación como maestro en la Sala de Honor del buen compañero leñador.
P.: ¿Dónde está vuestro padre?
R.: Se elevan los ojos al cielo.
P.: ¿Dónde está vuestra madre?
R.: Se bajan los ojos a la tierra.

¿No hay algo que resulta inevitablemente familiar en todo esto? Notemos que se encuentra implícita, en los movimientos rituales, la conocida expresión "el cielo es su padre, la tierra es su madre". A este propósito, René Guénon nos confirma que "tal es la fórmula iniciática, siempre idéntica a sí misma en las circunstancias más diversas de tiempo y lugar".[5]

[1] Serge Hutin, Las Sociedades Secretas.
[2] René Guénon,
Estudios sobre la Francmasonería y el Compañerazgo II
[3] Jean Palou,
La Francmasonería
[4] Éste ritual se encuentra en su totalidad en Jean Palou,
La Francmasonería.
[5] René Guénon,
La Gran Tríada.

martes, 25 de diciembre de 2007

Felicidades

Feliz Navidad para todos.


Sepan disculpar el bloqueo mental que me impide seguir adelante con el blog.
Saludos

lunes, 3 de diciembre de 2007

Regreso y Recreo.

Después de sufrir la trágica pérdida de mi antigua PC, estoy de regreso y con muchas ganas de actualizar este pequeño espacio.
En esta ocasión y como no se me ocurría nada interesante para compartir voy a hacer una pequeña excepción a la coherencia que procuré mantener durante largo tiempo en el blog.
A pedido del señor Mahatma voy a seguir una suerte de cadena denominada Meme y que consiste más o menos en escribir una lista de ocho cosas que la mayoría de los bloggers no conozcan.

1º Tengo pelo largo y si bien, desde hace un buen tiempo, tengo pensado cortármelo, aún no termino de decidirme.. [Mahatma, si querés que te guarde algo para la peluca, vas a tener que hacer cola porque ya me lo encargaron.]
2º Judas Priest es mi banda preferida y pude verlos en vivo en el Monsters Of Rock del 2005 en el Estadio de Ferro. En este momento estoy escuchando el disco Screaming For Vengeance de 1982, lo más cercano a un orgasmo musical, si es que tal cosa es posible.
3º No me gusta el fútbol, pero si alguien me pregunta digo que soy hincha de Boca. Eso me ahorra tener que dar muchas explicaciones inútiles.
4º La película animada de Disney, "El Pato Donald en el País de las Matemágicas" fue lo primero que despertó mi interés por Pitágoras; en un principio sólo por sus aportes a la matemática, luego por sus aspectos iniciáticos. Si prestan atención, en el corto podemos encontrar ciertos guiños tradicionalistas y simbólicos, seguramente por el carácter iniciático del viejo Walt...
5º Cuando era niño le temía a los payasos. Todo comenzó con una traumática visita al circo y a partir de ese momento, mis padres me amenazaron con llevarme de nuevo si no me comportaba como debía.
6º Hice terapia y psicoanálisis (no precisamente por los payasos) durante un par de años y sólo me sirvió para darme cuenta de las grandes limitaciones de dichos métodos.
7º Cuando comienzo a leer un cuento de Lovecraft tengo que terminarlo en el día, no puedo dejarlo para otro momento.
8º Desearía poder escribir mejor.

Espero que nadie se ofenda por no haber seguido otra cadena antes y no se ilusionen con verme hacer este tipo de cosas con mucha frecuencia.


Abrazos para todos.