"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



jueves, 18 de octubre de 2007

El Escudo de Aracena: refutaciones a una interpretación ocultista neognóstica

Transcribo parte de un artículo publicado el pasado 12 de Octubre en el Boletín Temple, una publicación de Templespaña, sociedad de estudios medievales y templarios.
Aquí, el historiador y presidente de la junta directiva de dicha sociedad, Fernando Arroyo Durán, expone una refutación a la disparatada "interpretación" simbólica, del maravilloso Escudo de Aracena, perpetrada por el pseudo maestro -y agente de la contra-iniciación- Víctor Manuel Gómez Rodríguez, mejor conocido como Samael Aun Weor.
Para quienes no lo conozcan, este singular personaje fue fundador de al menos cinco instituciones neognósticas, entre ellas el Movimiento Gnostico, la Iglesia Gnóstica, el Instituto de la Caridad Universal o la Asociación Gnóstica de Estudios de Antropología y Ciencia, este personaje escribió su prolífica obra bajo el seudónimo de Samael Aun Weor porque —según decía— ése era el nombre de su “Real Ser”, su parte divina y el elemento espiritual común a sus sucesivas reencarnaciones, entre las que se contarían Julio César, Thomas de Kempis, etcétera. El propio Gómez Rodríguez explica en su libro La Revolución de Bel que el significado de su nombre espiritual “Aun Weor”, expresa el “Verbo de Dios”. [...] Entre sus muchos títulos autoproclamados, figuran grandilocuencias tales como Logos Planetario de Marte, Gran Avatar de la Era de Acuario, Buddha Maitreya, Lama de la Orden Sagrada del Tíbet, Quinto Ángel del Apocalipsis, Señor de la Fuerza o Cristo Rojo de Acuario. Ante este tenor, más parecieramos estar ante un perturbado con aires de grandeza que ante un gran manipulador de “masas con escasa tendencia a la reflexión”…[1] A pesar las pomposas denominaciones su doctrina poco tenía que ver con el gnosticismo cristiano original, constituyendo en realidad un sincretismo desmesurado que sólo sirve para mantener y/o acrecentar la confusión general. Pero este es tema para otro post...
Volviendo al trabajo que nos ocupa, cabe señalar que Fernando Arroyo Durán en determinados puntos parece no penetrar totalmente en la profundidad esotérica de algunos símbolos concretos y además comete ciertos errores al utilizar frases como "simpleza masónica" con poco o ningún criterio, pareciendo no comprender en absoluto los alcances de esta Tradición...
No obstante, el artículo en cuestión no deja de ser sumamente recomendable y enriquecedor puesto que arroja luz sobre el verdadero sentido tradicional (cristiano) de esta bella construcción simbólica.

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Escudo de Aracena (click en la imagen para ampliar)

El escudo de la villa de Aracena, según algunos comentaristas, luce una cruz que por su morfología (tipo griega entre patada y trebolada) podría considerarse templaria. No nos parece que tal cosa sea así, ni que tal hecho tenga sentido o relevancia en el contexto de lo que se representa.

Evidentemente, la heráldica de la villa alude a su historia y reconquista por los cristianos, aunque debido seguramente a la influencia intelectual de Arias Montano en el lugar (hay quienes le atribuyen la autoria del escudo), el blasón presenta rasgos de una riqueza simbólica muy profunda y que desde luego trasciende el mero sentido historicista y a los patrones del arte heráldico, mas en modo alguno al imaginario propio de la simbología mística y la emblemática cristiana.

A continuación se expondrá una interpretación simbólica del maravilloso escudo de la villa de Aracena hecha por el neognóstico contemporáneo Samael Aun Weor (en rojo) y las refutaciones que, ante semejante cúmulo de errores y disparates, nos hemos visto obligados a hacer (en negro). Advertimos, eso sí, que no se hará una descripción heráldica ni se usará por tanto necesariamente una terminología característica a la hora de referirnos a los distintos elementos, figuras, señales, piezas o colores, pues lo que nos interesa en este caso es hacer pedagogía del sentido, no del formalismo. Y digo bien “nos interesa”, no por un modo de hablar mayestático, sino en reconocimiento a las valiosas contribuciones de Raúl Riesco Martínez, que finalmente me han servido para consolidar la interpretación simbólica que aquí presentamos a modo de refutaciones.

SAW: “El simbólico escudo de Aracena, España; compuesto acaso por el propio don Benito o por sus antecesores templarios, es un compendio magistral de heráldica que encierra en sí mismo todo el magisterio del fuego”.

REFUTACIÓN: No existe constancia de que fuese don Benito (Arias Montano) o los templarios los autores del escudo de la villa de Aracena. Lo que encierra este compendio magistral de heráldica es un “escudo de soberanía” redondo, alusivo a la monarquía, a la virtud, a la iniciación real y a la mística mariana, como se podrá ver más adelante.

SAW: Ese magistral compendio, consta realmente de tres cuarteles, separados algo así como por una “Tau templaria”, formada por un trono horizontal de nubes, al que se sube por el palo vertical de dicha “Tau”, formado a su vez por una espada y un bastón simbólicos, unidos por cinco travesaños o peldaños de otras tantas coronas de príncipes, coronas mundanales, coronas pasionales, coronas vanas, que el aspirante debe pisotear para escalar aquel trono celeste sobre el que solo se ve, entre nubes, una puerta herméticamente cerrada, “porta coeli”; sin duda, hacia la que se dirige una mano misteriosa armada de una llave o clave, guardadora del gran secreto de la Iniciación en los misterios del Reino, cerrados por aquella puerta mística.
R: Hablando en propiedad, no estamos ante un escudo cuartelado, en todo caso partido en dos (división Cielo y Tierra). No hay por tanto cuarteles separados, ni “algo así” como una “Tau templaria”, sino una figurada A (la escalera), en referencia a la inicial del nombre del personaje histórico al que se dirige y dedica el escudo: Alfonsus X Castellae Rex (de ahí que ocupe el centro del campo), Rey Sabio, hijo de Santo, reconquistador de tierras al infiel, aspirante al trono del Sacro Imperio y devoto de María... Y además de todo eso, responsable último de que la villa de Aracena se recuperase definitivamente para la Cristiandad.

Hay, efectivamente, una espada y un bastón de mando, atributos de poder de la realeza. Y es que la escala mística de un soberano, aspirante al trono del Sacro Imperio y al solio celeste, sólo puede estar formada por la espada del guerrero o cruzado [símbolo del estado militar y de su virtud, la bravura, así como de su función, el poderío; amén de símbolo del Verbo, de la Palabra (Mt 10, 34; Ap 1, 16)] y la vara o bastón que se convierte en cetro, símbolo de soberanía, poder y mando, tanto en el orden intelectual y espiritual como en la jerarquía social. Sostén, defensa, guía… es la vara que simboliza asimismo al Sabio, al Maestro indispensable en la iniciación, vara florida de Aaron que evoca a San José. [Según la tradición hagiográfica de la Sagrada Familia, mientras José estaba en el templo en profunda oración junto a los otros jefes de las doce familias para encontrar esposo a María, la vara seca que sostenía entre sus manos floreció. De ahí que en la iconografía cristiana del Pesebre o Belén, San José simbolice la figura del maestro espiritual, que es padre pero no el Padre verdadero, y por ello se mantiene en un segundo plano con respecto a la Madre, que es Madre de Dios (Theotokos). “Su vara florida expresa la posición axial del maestro, la autoridad que de ella dimana, y la regeneración o floración que su presencia determina en el corazón del hijo espiritual” (cf. J. Chevalier y A. Gheerbrant: Diccionario de Símbolos, Barcelona, 2003; p.182)]

Hay también, efectivamente, cinco coronas a modo de travesaños o peldaños, pero no con el objeto de que “el aspirante” las deba “pisotear para escalar aquel trono celeste” (idea antitradicional y contrainiciática propia de la masonería ilustrada, pero absolutamente extemporánea en el blasón hispánico que nos ocupa, menos aún si su autor hubiera sido, como se apunta, un capellán real como Benito Arias Montano). Cinco peldaños que no son “coronas de príncipes, coronas mundanales, coronas pasionales, coronas vanas”, sino las cinco coronas que recibe como armas Alfonso X el Sabio como monarca de cinco estados o reinos hispanos (Castilla, León, Sevilla, Murcia y Jaén o Sanctum Regnum).

No hay en el escudo un “trono horizontal de nubes”, en todo caso el solio celeste o Trono estará tras la puerta una vez haya sido abierta (Ap 4, 1). Aquí lo que hay es la bóveda celeste envuelta en nubes.

En cuanto a la “mano misteriosa” que se dirige armada de una llave o clave hacia la “puerta herméticamente cerrada” o “porta caeli”, no tiene mayor misterio en el escudo que nos ocupa que ser la mano de San Pedro, guardián de las puertas del Cielo, encargado de abrir las puertas del Cielo a aquellos que creen en el Evangelio; “Tú eres Pedro y yo te daré las llaves del Reino de los cielos” (Mt 16, 19).

SAW: El cuartel de la izquierda ostenta maravilloso una almenada torre, semejante a la del escudo cardenalicio del obispo Moya; torre de la que sale resplandeciente un torrente espléndido de agua viva (el ens séminis).

R: Lo más que pudo tener el obispo y fraile franciscano Juan de Moya de la Torre, OFM (1799-1801), natural de la villa de Aracena y confesor del rey Carlos IV, es un escudo arzobispal, no cardenalicio, dignidad que no llegó a ostentar.

El cuanto al “resplandeciente” y “espléndido” torrente de “agua viva” o “ens seminis”, la verdad es que no hemos logrado alcanzar a ver en el escudo de Aracena ningún “resplandeciente y espléndido torrente de agua viva” por ninguna parte. Suponemos que se trata de un lapsus propio de quien se dedica a cultivar la imaginación de forma tan calenturienta. Porque mente calenturienta ha de tener quien ve “resplandecientes y espléndidos torrentes de semen (ens seminis)”, donde ni siquiera hay un ínfimo chorro de líquido de ninguna clase.

Si la torre-fortificada es efectivamente igual a la del obispo Moya, y aparece erigida sobre la roca, si no hay extrañas substancias fluidas por ninguna parte, bien podría pensarse que simboliza la Iglesia (Mt 16, 18), la cual, como cuerpo místico de Cristo o comunidad universal de los creyentes, representa el principal apoyo en la Tierra para todo aspirante a alcanzar el trono celestial (y en el caso de Alfonso X, apoyo indispensable para sus aspiraciones imperiales).

SAW: En el cuartel de la derecha se ven siempre, unos deliciosos Campos Elíseos con la propia diosa Eva, Vesta, Hestia o la tierra, coronada de flores y de frutos bajo un árbol paradisíaco.

R: No parece que el campo del escudo muestre una escena de los Campos Elíseos, que en la mitología griega era una sección subterránea sagrada delos Infiernos. Aunque en medio de paisajes verdes y floridos, las sombras de los hombres virtuosos y los guerreros heroicos llevaban una existencia dichosa en el Eliseo, tal era el marco donde se desarrollan los Diálogos de los muertos. No parece que nada de esto evoque el escudo de Aracena.

Mezclar en los Campos Eliseos a la diosa clásica del «fuego del hogar» (Hestia-Vesta), con el ancestral culto a la Madre Tierra y con Eva (dando además a esta la condición de diosa), es plantear una asociación cultual absolutamente sincrética.

No ha de ser precisamente Eva coronada de flores y de frutos bajo un árbol paradisíaco (Árbol del Edén o de la Sabiduría) la mujer que aparece en el escudo, porque no es precisamente Eva la que puede mostrar la vía hacia los Cielos ni hacia la Sabiduría. Será en todo caso la Virgen María —con su manto azul característico—, llamada Scala Dei y Porta Caeli por los Santos Padres, porque por medio de María Dios ha bajado del Cielo y por medio de María los hombres suben al Cielo (cf. Himno Ave, maris stella... felix caeli porta; San Bernardo: In vigilia Nativit. Domini. Sermo 3 n. 10: “Nada ha querido Dios que tengamos que no pase por las manos de María”).

En las Odas de Salomón la imagen de la corona está indisolublemente ligada a la del Paraíso, ya que “el propio Árbol de la Vida provee los materiales de que está hecha la corona” (J. Chevalier y A. Gheerbrant: op. cit.; p.349).

Cuando la Iglesia dice que esta Reina incomparable —de ahí que vaya coronada— es la “Puerta del Cielo” y la “Ventana del Paraíso” y la “Escala celeste” y la “Escala de los pecadores” (cf. San Pedro Damián: Sermo 46: “fenestra caeli, ianua paradisi..., scala caelestis”; San Bernardo: In Nat. B. M. V. sermo de aquaeductu n. 7: “scala peccatorum”), nos enseña con esas palabras que todos los elegidos, justos o pecadores, entran en la mansión de la gloria por su mediación. María es por tanto, después de Jesucristo, en quien debe ponerse toda confianza y esperanza de eterna Salvación: Haec peccatorum scala, haec mea maxima fiducia est, haec tota ratio spei meae (San Bernardo); Unica peccatorum advocata, portus tutissimus, naufragantium omnium salus (San Efrén); Peccatorem quantumlibet foetidum non horret... donec horrendo Judici miserum reconciliet (San Bernardo).

María muestra la escala mística, porque Ella misma es la Scala Dei; y se representa como vendimiadora, porque se escenifica la festividad del nacimiento del Niño de Madre Virgen, que astronómicamente coincide con la situación en que se producía el orto crepuscular de la constelación de Virgo y que anunciaba los frutos de la recolección (sarmiento = Hijo de la Virgen, dado a Luz como nueva cosecha de mieses y frutos).

La supuesta “cruz templaria” que parece flotar frente a Ella, es una estrella, Vendimiatrix (constelación de Virgo); aunque también es una flor (Rosae Mystica) y una Cruz.

La hermenéutica cristiana es prolija a la hora de presentar a la Virgen vendimiadora, pues el mismo Reino de Dios es designado como Viña (Mt 21, 28-46): Jesús, su hijo, proclamado como la “verdadera vid” (Jn 15, 1ss); el significado y el papel que asume la presencia de la Virgen en las bodas de Caná, que se manifiesta cuando llega a faltar el vino. En este episodio, San Juan presenta la primera intervención de María en la vida pública de Jesús y pone de relieve su cooperación en la misión de su Hijo (Jn 2, 1-7)… “¡Dentro de ti, las uvas que maduraron en la viña de María, fueron exprimidas en el Cáliz de la Salvación!” (San Efrén, el Arpa del Espíritu Santo).

SAW: En torno del maravilloso escudo, resplandece gloriosamente aquella frase latina que dice: “HAC VIA ITUR AD ASTRA”; “esta es la vía que hacia los cielos conduce”.

R: Efectivamente.

SAW: El escudo entero es el símbolo de la Tau sexual, cuyo travesaño horizontal está formado por nubes de misterio, ocultando el estrecho sendero que a la verdad conduce y cuyo travesaño vertical es una penosa escala, apoyada en la espada flamígera y en el cetro o bastón del dominio sobre nuestras pasiones.

R: No hay “espadas flamígeras” por ninguna parte ni bastones de “dominio de nuestras pasiones”, sino atributos regios; y mucho menos hay una “Tau sexual”. Confunde claramente la Tau o signo de los elegidos de Dios (Ez 9, 3-6), utilizada como emblema crucífero por franciscanos, antonianos y templarios, con el Tao de la filosofía china y las teorías sexuales modernas, que confluyen en el hecho de que el objetivo en la relación sexual no debe ser ni el orgasmo ni la eyaculación (enseñanza fundamental del corpus doctrinal de Samael Aun Weor y sus seguidores neognósticos).

SAW: Cinco coronas principescas que para subir por la escala hay que hollar a guisa de peldaños, nos recuerda que en el ascenso por todos los grados esotéricos de las cinco iniciaciones del fuego, debemos pisotear toda grandeza, toda ambición humana, hasta llegar, escala arriba, hasta la puerta cerrada, -porta coeli- cuya llave mágica solo el Maestro puede entregarnos.

R: Simpleza masónica, delirios surgidos en el decimonónico “atanor” donde se mezclan ideas liberales, antimonárquicas y anticlericales propias de la Ilustración francesa con desvaríos ocultistas, teosóficos y pseudoalquimistas.

El significado, como ya se ha expuesto, es mucho más sencillo y sublime a la vez: coronas regias de un aspirante al trono del Sacro Imperio a modo de escala, vía de la virtud de María; llaves del Cielo de San Pedro; solio celeste reservado al Rey Sabio, autor de las Cantigas de Santa María, que, antes que cualquier otro título, quiso ser recordado como “el Trovador de la Virgen”...

Desde este enfoque hay que leer y comprender los textos del Apocalipsis y el significado de las coronas depositadas delante del Trono de Dios (Ap 4, 4-10), donde Cristo aparece como soberano, coronado como el propio Dios (Ap 14, 14). Pues sólo Dios, el Soberano Supremo, puede coronar a los hombres y a los pueblos con sus bendiciones (Ez 16, 12; Is 62, 3).

SAW: A la izquierda y derecha de dicho palo vertical de la “Tau” sexual, quedan respectivamente el castillo de la Joyosa guardada, hablando al estilo caballeresco, del que brota el torrente de agua viva –ens séminis-, que fecunda al mundo.: EGO SUT RESURRECTIO ET VITA, y los campos Elíseos donde Ceres, la Madre Tierra, aparece coronada de flores y de frutos.

R: A izquierda y derecha de la escala en forma de A (escala mística de rey Alfonso X el Sabio), no quedan el castillo de Lanzarote “la Joyosa Guarda” de las leyendas artúricas, sino, hablando al verdadero estilo caballeresco, el bastión-atalaya erigido sobre la roca, la Iglesia, la Torre de David de las Letanías de la Virgen, que así es llamada la Madre Dios… Pues multitud son ejemplos en los que la exégesis tradicional aplica los mismos símbolos bíblicos a la Iglesia y a María (la nueva Eva; el Edén; el árbol del Paraíso, cuyo fruto es Jesús; el Arca de la Alianza; la Escala de Jacob; la puerta del Cielo; el Vellón de Gedeón; el Tabernáculo; el Trono de Salomón; la Ciudad Mística de Dios; la Mujer fuerte de los Proverbios; la Esposa ataviada para recibir al Esposo; la enemiga de la Serpiente; la mujer vestida del Sol del Apocalipsis; la Sabiduría...).

Ningún “torrente de semen” brota de semejante castillo de pureza virginal, salvo a ojos de una mente enferma llegada al extremo de asociar el ens seminis con la Fe o Agua Viva propuesta en el Evangelio: “Dixit ei Iesus: Ego sum Resurrectio et Vita, qui credit in me et si mortuus fuerit vivet” (Jn 11, 26).

SAW: El simbólico escudo de Aracena, es absolutamente sexual. En conexión del phalo y el útero, se halla la clave de todo poder.

R: Sin comentarios.

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[1] Fernando Arroyo Durán, art. cit.


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