"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



jueves, 30 de agosto de 2007

Religare

Mi corazón puede adoptar todas las formas.
Es un pastizal para gacelas,
y un monasterio para monjes cristianos,
y un templo para ídolos,
y las tablas de la Torá,
y el libro del Corán.
Yo sigo la religión del Amor:
Cualquiera sea el camino que tome el camello del Amor,
ésa es mi religión y mi fe.

Ibn Arabi.

sábado, 25 de agosto de 2007

Infierno informático: ¿De la unidad a la multiplicidad?

El estado decadente de ciertos aspectos de la sociedad actual se desnuda ante la exposición de ideas nefastas pronunciadas por curiosos personajes que son proclamados y entronizados en el ambiente pseudo-intelectual bajo el epíteto de genios o gurúes, sin entender quizá lo que estas palabras debieran representar.
Desde un punto de vista tradicional el miedo, la angustia y, en definitiva, aquellas barreras que impiden al hombre alcanzar el conocimiento metafísico devienen de la excesiva fragmentación de la conciencia que queda sometida a la contingencias de su multiplicidad no unificada.
René Guénon decía que "la causa del miedo no es otra que la existencia de otros seres, que, en tanto que son otros, constituyen ese "mundo exterior", o de elementos que, aunque incorporados al propio ser, no son menos extraños y ''exteriores'' a su conciencia actual. Pero "el otro'' como tal no existe sino por efecto de la ignorancia, puesto que todo conocimiento implica esencialmente una identificación. Se puede decir entonces que más un ser conoce, menos existe para él lo "otro" y lo "exterior", y en igual medida, la posibilidad del miedo, posibilidad por otra parte totalmente negativa, que queda abolida por el conocimiento. Finalmente, digamos que el estado de "soledad" absoluta (kaivalya), que está más allá de toda contingencia, es un estado de pura impasibilidad."

Ahora veamos lo que dijo el "artista" (notar las comillas) y teórico de la cibernética, Roy Ascott en un artículo recientemente publicado en el diario La Nación.

"la verdadera revolución de la era digital es el poder que nos da de liberarnos del ser, de esa temida idea de un ser unificado con el que Freud y su banda se hicieron ricos. La realidad es que absolutamente nadie jamás logró convertirse en un ser único, porque todos somos múltiples. La idea de convertirnos cada uno en un ser unificado, la idea de que, enterrado en el subconsciente, existe un ser verdadero es un truco de mentiras y un asalto a la naturaleza humana. Pensadores como el filósofo ruso de principios del siglo XX Peter Ouspensky, en cambio, estaban en lo correcto. Estamos hechos de muchos seres, con acceso a distintos niveles de conciencia. En vez de necesitar ir a lo profundo de nuestro ser, tenemos que salir a explorar los distintos seres que nuestra creatividad innata fabrica. Aquí es donde viene la verdadera revolución que permite la era digital: con la capacidad telemática de estar en varios lugares al mismo tiempo, podemos ir desarrollando las distintas personas que somos. Esta, por supuesto, es la atracción de Second Life y de todos los programas que sirven para crear distintas identidades. "

Lo que este señor propone es una vía inversa, demoníaca dirán algunos, opuesta a todo orden verdaderamente iniciático y tradicional. No solo presupone la inexistencia del Ser, sino que insta a acrecentar y alimentar la multiplicidad ilusoria. Este peligroso discurso niega toda posible unificación de la conciencia y, por consiguiente, coarta toda posibilidad de desarrollo hacia un estado superior .
Muy al contrario de lo que pregonan con tanta libertad estos eruditos de las nuevas tecnologías, el objetivo último del hombre que pretenda avanzar hacia su liberación es la identificación suprema. El camino es desde abajo hacia arriba, de la multiplicidad a la unidad...
Recordemos el viejo adagio iniciático que nos dice que debemos reunir lo que está disperso y esparcir la luz.

Por otro lado, es evidente que, en medio de la telaraña informática de los medios masivos de comunicación, las personas están cada vez más aisladas. El contacto se vuelve superfluo, no hay compromiso, no hay nada que comunicar, las relaciones se deshumanizan.
Este tipo de mensajes se hace presente por doquier, día a día con mayor intensidad. Debemos estar alertas o seremos cada vez más susceptibles de caer bajo las abyectas garras de la sugestión que nos arrastran hacia el abismo de la mediocridad.


Link al artículo completo de la nota a Roy Ascott.

martes, 14 de agosto de 2007

La fuerza de la costumbre.

Los cambios no se detienen; la vida es esencialmente cíclica; todo fluye y refluye, se disuelve y se coagula, a través de la eternidad. El ascenso y el descenso no son lineales. Algunos cambios son más significativos que otros y nos sorprenden por su inconmensurable intensidad. Ante la incertidumbre del cambio, podemos quedar absortos, faltos de palabras, incapaces de transmitir esa experiencia inefable. Ése fue mi estado en los últimos días y lo sigue siendo actualmente.
Hoy quiero compartir este bello poema que antes creí entender, pero ahora es cuando realmente lo comprendo.

La fuerza de la costumbre.

¡Amé ya antes de ahora, mas ahora es cuando amo!
Antes era el esclavo; ahora el servidor soy.
De todos el esclavo en otro tiempo era;
a una beldad tan solo mi vasallaje doy;
que ella también me sirve, gustosa, a fuer de arnante,
¿cómo con otra alguna a complacerme voy?
¡Creer imaginaba, pero ahora es cuando creo!
Y aunque raro parezca y hasta vituperable,
a la creyente grey muy gustoso me adhiero;
que al través de mil fuertes duras contrariedades,
de muy graves apuros e inminentes peligros,
todo de pronto leve se me hizo y tolerable.
¡Comidas hacía antes, pero ahora es cuando como!
Buen humor y alegría bulléndome en el cuerpo,
al sentarme a la mesa todo pesar olvido.
Engulle aprisa el joven y se va de bureo;
a mí, en cambio, me place yantar en sitio alegre;
saboreo los manjares y en su olor me recreo.
¡Antaño bebí, hoy es cuando bebo a gusto!
El vino nos eleva, nos hace soberanos
y las lenguas esclavas desata y manumite.
Sí, sedante bebida no escatiméis, hermanos,
que si del rancio vino los toneles se agotan,
ya en la bodega el nuevo mosto se está enranciando.
La danza practiqué e hice su panegírico,
y en cuanto oía sonar la invitación al baile
ya estaba yo marcando mis honestas posturas.
Y aquel que muchas flores cortó primaverales,
por más que todas ellas a guardar no acertara,
siempre le queda, al menos, un ramo razonable.
¡Sus, y a la obra de nuevo! No pienses ni caviles;
que quien amar no sabe a las floridas rosas
solo encuentra después espinas que le pinchen.
Del sol, hoy como ayer, fulge la enorme antorcha;
de las cabezas bajas aléjate prudente,
y haz que tu vida empiece de nuevo a cada hora.

Johann W. Goethe


Poesía compuesta el 10 de abril de 1813, en Oschatz, en el curso del viaje a Bohemia, como réplica a la canción de Solwig "Antaño amé, ya no amo".