"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



jueves, 28 de junio de 2007

Un poco de Borges (para variar)

He aquí un fragmento de uno de sus más bellos cuentos de la fantástica colección de El Aleph (título más que sugestivo).

"Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo (no sé si estas palabras difieren). El éxtasis no repite sus símbolos; hay quien ha visto a Dios en un resplandor, hay quien lo ha percibido en una espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes, a un tiempo. Esa Rueda estaba hecha de agua, pero también de fuego, y era (aunque se veía el borde) infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa trama total, y Pedro de Alvarado, que me dio tormento, era otra. Ahí estaban las causas y los efectos y me bastaba ver esa Rueda para entenderlo todo, sin fin. ¡Oh, dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir! Vi el universo y vi los íntimos designios del universo. Vi los orígenes que narra el Libro del Común. Vi las muchas montañas que surgieron del agua, vi los primeros hombres de palo, vi las tinajas que se volvieron contra los hombres, vi los perros que les destrozaron las caras. Vi el dios sin cara que hay detrás de los dioses. Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad y, entendiéndolo todo, alcancé también a entender la escritura del tigre."
(La escritura del dios, Jorge Luis Borges)

martes, 26 de junio de 2007

De lo sutil a lo denso

Una de las tendencias más patéticas en la sociedad moderna y que sin lugar a dudas es un signo más de la decadencia propia de la era que estamos viviendo, es el culto desmedido al cuerpo físico. Es evidente que, como consecuencia del descenso y el oscurecimiento progresivo que se inició con el Kali Yuga, la conciencia de la humanidad se volvió más densa, aferrándose cada vez más a la materia y dejando de lado la verdadera espiritualidad, en su sentido más elevado. Practicar deportes de todo tipo con una persistencia casi enfermiza en los momentos de ocio parece ser más atractivo que cultivar el Intelecto a través del estudio de las Ciencias Sagradas o concentrar las energías en el trabajo interno que podría conducir al autoconocimiento y la consecuente exaltación de las más elevadas potencialidades. Esto no significa, desde luego, que una actividad física mínima, como vía para equilibrar una vida marcada por el sedentarismo, pueda ser perjudicial. Por el contrario, atendiendo nuestra constitución trinitaria es menester aspirar a que nuestro ser funcione como un todo armónico, en sus tres niveles: cuerpo físico, alma y espíritu.
René Guénon, hace 80 años nos decía: "En un mundo tal, ya no hay ningún lugar para la inteligencia ni para todo lo que es puramente interior, ya que éstas son cosas que no se ven ni se tocan, que no se cuentan ni se pesan; ya no hay lugar más que para la acción exterior bajo todas sus formas, comprendidas las más desprovistas de toda significación. Así pues, no hay que sorprenderse de que la manía anglosajona del «deporte» gane terreno cada día: el ideal de ese mundo es el «animal humano» que ha desarrollado al máximo su fuerza muscular; sus héroes son los atletas, aunque sean brutos; son esos los que suscitan el entusiasmo popular, es por sus hazañas por lo que la muchedumbre se apasiona; un mundo donde se ven tales cosas ha caído verdaderamente muy bajo y parece muy cerca de su fin." (René Guénon, Crisis del Mundo Moderno, 1927)
En la actualidad, estas palabras tan certeras, cobran cada día mayor vigencia. Incluso esta corriente involutiva continúa acelerándose a un ritmo vertiginoso. ¿Qué sentido tiene la práctica de deportes sin un aspecto, cuando menos, ritualístico? La exacerbación del apego a la carne nos aparta paulatinamente del Centro Espiritual. Por tal motivo, no debe sorprendernos que el ideal de belleza sea un deportista musculoso o una modelo escuálida con voluptuosos implantes de silicona; ni que se coloque a un futbolista, de conducta moralmente reprobable, en un pedestal que no alcanzaron siquiera nuestros más grandes héroes. ¿Qué podemos esperar de una sociedad en la que, como ocurre tristemente en nuestro país, pierde momentos valiosos de su vida en una práctica tan monótona y carente de intelectualidad como el fútbol? Para muchos argentinos parece ser más importante mirar el partido del domingo que analizar seriamente a quién van a votar. Es realmente lamentable y, siendo los estereotipos a seguir idiotas musculosos y mujeres de plástico, que ni siquiera pueden ser ejemplos de personas saludables, ¿hay lugar para la verdadera Belleza?
Quiero creer que un cambio positivo es factible, pero las señales del Fin de Ciclo están entre nosotros.
Para ampliar este tema, no puedo dejar de recomendar el libro anteriormente citado.

Sahaquiel


domingo, 24 de junio de 2007

Prisión invisible

Quería tan sólo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mí. ¿Por qué habría de serme tan difícil?

(Demian, Herman Hesse)

Muchas veces nos encontramos con esas llamativas coincidencias originadas por motivos, en apariencia inextricables, que algunos podrían denominar sincronicidades y otros, en tono despectivo, simplemente "casualidades". No obstante debemos reconocer que el azar parece ser el efecto de una ley cuya naturaleza escapa a los límites de nuestra comprensión en un nivel ordinario de manifestación. A fin de no extender esta entrada en demasía, prefiero omitir los conceptos relacionados al Karma en la Tradición Hindú, que lamentablemente fueron excesivamente tergiversados por la fragmentada y frívola mentalidad pseudo-espiritualista que tanto caracteriza al pensamiento occidental.
Las vivencias, experiencias o señales que la vida nos presenta con mayor o menor asiduidad toman capital importancia en tanto y en cuanto podamos atribuirle un valor simbólico que nos permita reconocer en nuestro interior parte de aquello que el velo de la ilusión nos impedía percibir.
La cita que encabeza este post, "Quería tan sólo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mí. ¿Por qué habría de serme tan difícil?", son las primeras palabras que pude leer de un libro que adquirí ayer a la tarde. Fue una sorpresa muy impactante porque describe con suma precisión mi situación actual. Ayer mismo pude comprobarlo: no puedo mostrar lo que en realidad soy; mi timidez es excesiva, me inhibo con facilidad; soy poco expresivo; ante la ansiedad ni siquiera soy capaz de controlar el tono de mi voz y mi locuacidad comienza a tambalear. En fin, soy socialmente inepto y admito que es parte de la carga acumulada tras largos años de aislamiento y negación. Quizá sea demasiado exigente y riguroso conmigo mismo, pero el tiempo me enseñó que es el modo más rápido y seguro de avanzar, a pesar de que conjuntamente sea necesario fortalecer la templanza a fin de soportar el dolor propio de las contingencias del viaje.
Ayer sufrí mucho, luchando en silencio con mis demonios, pero al mismo tiempo viví un día muy especial y por momentos fui realmente feliz.
Estoy sumido en la oscuridad de una profunda tristeza, pero espero con alegría el nuevo amanecer.
Soy libre, pero estoy atrapado en una prisión invisible.
Siento un impulso incontenible por romper en un llanto desconsolado, pero sin dejar de sonreír.
Es tiempo de morir, para renacer con mayor vitalidad.
Es paradójico y alienante, como todo en esta vida, y seguirá siéndolo hasta que podamos trascender la encarnizada lucha de los opuestos y retornar a la Unidad.

martes, 19 de junio de 2007

Y ellos volaron...

“Acérquense al borde".
"No podemos. Tenemos miedo".
"Acérquense al borde".
"No podemos. Nos caeremos!"
"Acérquense al borde".
Y se acercaron.
Y él los empujó.
Y ellos volaron.

Guillaume Apollinaire (1880-1918)

jueves, 14 de junio de 2007

Noche Oscura

Ésta es una de las bellas creaciones poéticas del místico español Juan de Yepes Álvarez, mejor conocido como San Juan de la Cruz (1542 - 1591). Gran parte de su obra conocida está impregnada de un sugestivo simbolismo tradicional donde es posible reconocer ciertos paralelismos con las antiguas alegorías alquímicas.

Sahaquiel

La Noche Oscura

Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual.


1. En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.


2. A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.


3. En la noche dichosa
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.


4. Aquésta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.


5. ¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que el alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!


6. En mi pecho florido
que entero para él sólo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba


7. El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.


8. Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

martes, 12 de junio de 2007

Chantars No Pot Gaire Valer

Durante la Edad Media, los Trovadores y Juglares, componían bellos poemas y canciones alegóricas dedicadas al Amor, en su sentido más puro, sublime y trascendente. Al mismo tiempo, el nombre de una mujer real o ficticia, que incluso en alguna oportunidad podría haberse tratado de un verdadero Amor del poeta, era utilizado simbólicamente para designar a la Sabiduría Divina, a quien ellos veneraban desde lo más profundo de su corazón, siguiendo las reglas del Amor cortés. Esto sería desarrollado posteriormente por los poetas que narraron en lenguaje simbólico las reuniones y funciones de las Cortes de Amor, llegando así a las inmortales creaciones literarias, en las que podemos reconocer a Dante Alighieri y los Fedeli d'Amore como sus máximos exponentes.
Para dar a conocer ejemplos de estas fabulosas composiciones trovadorescas, se citan a continuación fragmentos de la canción Chantars No Pot Gaire Valer (Poco Puede Valer El Cantar), del trovador occitano Bernat de Ventadorn (circa 1130-1145 - 1190-1200).

Sahaquiel

CHANTARS NO POT GAIRE VALER…

Chantars no pot gaire valer,
si d’ins dal cor no mou lo chans;
ni chans no pot dal cor mover,
si no i es fin’ amors coraus.
per so es mos chantars cabaus
qu’en joi d’amor ai et enten
La boch’ e.ls olhs e.l cor e.l sen.

Ja Deus no·m don aquel poder
que d’amor no·m prenda talans.
si ja re no·n sabi’ aver,
mas chascun jorn m’en vengues maus,
totz tems n’aurai bo cor sivaus;
e n’ai mout mais de jauzimen,
car n’ai bo cor, e m·i aten.

...

Re mais no·n am ni sai terrer;
ni ja res no·m seri’ afans,
sol mi dons vengues a plazer;
c’aicel jorns me sembla nadaus
c’ab sos bels olhs espiritaus
m’esgarda; mas so fai tan len
c’us sols dias me dura cen!

Lo vers es fis e naturaus
e bos celui qui be l’enten;
e melher es, qui·l joi aten.

Traducción:

POCO PUEDE VALER EL CANTAR…

Poco puede valer el cantar si el canto no surge de dentro del corazón, y el canto no puede surgir del corazón si en él no hay leal amor cordial. Por esto mi cantar es perfecto, porque tengo y empleo la boca, los ojos, el corazón y el juicio en el gozo de amor.

Que nunca me dé Dios la posibilidad de que no tenga deseo de amor. Aunque supiera que con el amor no hubiera de conseguir nada, sino que diariamente me llegara daño, por lo menos siempre tendría corazón noble; y estoy mucho más gozoso porque tengo corazón noble y en él persevero.

...

No amo ni puedo temer ninguna otra cosa; ni nada ya me sería afanoso con tal que ello pluguiera a mi señora; me parece Navidad el día aquel en que me mira con los bellos ojos espirituales; pero lo hace tan raramente que un solo día me dura tanto como ciento.

El verso es auténtico y perfecto, y bueno para aquel que bien lo entiende, y es mejor para quien espera el gozo.

(Traducción de Martín e Isabel de Riquer)

sábado, 9 de junio de 2007

Hijos de Hermes


"¡Oh, vosotros, del divino Hermes los hijos e imitadores, a quienes la Ciencia de vuestro padre ha mostrado la Naturaleza al descubierto: únicamente vosotros y tan sólo vosotros sabéis de qué modo esa mano inmortal formó la Tierra y los Cielos a partir de la Masa informe del Caos, pues vuestra Gran Obra muestra claramente que, de la misma manera que se hace vuestro Elixir filosófico, ha hecho Dios todas las cosas."
(Marco Antonio Crasellame, La Luz Surgiendo por sí misma de las Tinieblas)

El Adepto es consciente de que su esencia constituye un Microcosmos, reconoce a través de las correspondencias herméticas, que su manifestación es imagen y semejanza del Universo Macrocósmico. El lento trabajo de laboratorio que conduce al Alquimista a la concreción de la Gran Obra, a la sublime obtención del Mercurio de los Filósofos, deberá por lo tanto imitar el proceso cosmogónico de la Creación Universal.
En el intenso recorrido de la vía iniciática, que es en realidad un camino de arduo trabajo interno, el iniciado debe repetir en su interior las distintas etapas en la formación del universo, pasando, de este modo, tras superar una serie pruebas que tienen como objetivo exaltar sus máximas potencialidades, del Caos al Orden, de las Tinieblas a la Luz. Conforme vaya moldeando su propia naturaleza , el espíritu descendente se materializará, la materia ascendente se espiritualizará y será capaz de irradiar la sabiduría inherente a su estado primigenio, transmutando parte de su entorno. El Neófito deviene así en un pequeño demiurgo, un Dios Terrenal, reflejo del Hombre Celestial.
El hombre, en tanto que ser social, no puede buscar la realización a través del autoconocimiento sino en función de las posibilidades de transformación del entorno. Su manifestación temporal es trascendida y no sería nada, sino a través de la interacción con el resto de los seres, no pudiendo concebir su lugar en este mundo como un individuo completamente ajeno a la sociedad. Debe ser un canal a través del cual fluya la sabiduría perenne por medio de sus obras actuando como co-creador y obrero de la construcción universal.

Sahaquiel

miércoles, 6 de junio de 2007

El Guardián del Umbral


En medio de la tenebrosa obscuridad
la luna me cobija con sus brazos.
El aire disuelve lejanos pasos
y quedo despojado en la fría soledad.

Esta execrable angustia me lastima
y, rememorando tristes canciones,
me hundo en el mar de las grandes pasiones.
mientras compongo estas débiles rimas

El guardián del umbral grita irritado:
"¡El tiempo se acaba, no hay escapatoria!"
Mi corazón se alimenta de euforia,
debo enfrentar a este ogro despiadado.

No puedo resistirme a ése llamado;
me amarra como el aroma del vino,
pues es el llamado de mi destino
que conduce al amanecer sagrado.

Llega el aciago momento del duelo.
Empuño mi vieja espada llameante,
esquivo ataques, doy un golpe cortante
ya su cabeza rueda por el suelo.

La puerta del templo se abre de par en par
y ahora una luz majestuosa me envuelve.
Las ignotas tinieblas se disuelven.
Abrazo a mi Maestro y me inclino ante el altar.

Sahaquiel

*Pido disculpas por el dibujo, que no es más que un boceto rápido. En algún momento será reemplazado por una versión más elaborada.

lunes, 4 de junio de 2007

Amanecer




Éste es un breve fragmento* de uno de mis libros más apreciados. Un libro que me marcó a fuego, estableciendo un antes y un después en mi vida, como pocas cosas lo habían hecho hasta ese momento. Abrió mis ojos y me sacudió en el remolino de su sabiduría sempiterna. Un clásico de todos los tiempos, una obra inmortal, un paradigma imperecedero de la cultura universal: Fausto de Johann W. Goethe.

Sahaquiel

FAUSTO. -El pulso de la vida vuelve a latir fresco y reanimado al saludar con suavidad a la etérea aurora. Tú, Tierra, también fuiste constante esta noche, me diste aliento reviviendo a mis pies. Ya empiezas a rodearme de nuevo de deseo, estimulas y excitas la poderosa decisión de buscar constantemente una existencia mejor. Con la luz de la aurora se abre el mundo. En el bosque resuena una vida que emite mil voces. Del valle y hacia el valle surgen densos vahos de niebla, pero la claridad del cielo llega hasta el fondo. Los troncos y las ramas brotan renovados del aromático abismo en el que, hundidos, dormían. Un color tras otro va saliendo de las profundidades, y temblorosas perlas gotean sobre las flores y las hojas. Un paraíso se va creando a mi alrededor. ¡Mira arriba! Los gigantescos picos de las montañas anuncian ya la hora de la máxima solemnidad. Ellos podrán pronto disfrutar de la luz de lo eterno, que más tarde bajará hasta nosotros. Ya los verdes prados, que ofrecen bello marco junto a los Alpes, reciben la nueva luz y la claridad, que gradualmente va ascendiendo. ¡Ya aparece!, y ya estoy cegado. Me aparto con los ojos doloridos. Es como una esperanza anhelante que se abre paso, confiada, hacia el más alto deseo y halla abierta de par en par la puerta de la realización; pero desde esos fondos eternos se levanta una gran cantidad de llamas que nos deja atónitos. Quisiéramos encender la antorcha de la vida y nos rodea un mar de fuego, ¡y vaya fuego! ¿Es odio o amor? Con ardor nos rodean, alternando terriblemente, el dolor y el goce, de modo que de nuevo miramos a la Tierra para quedar ocultos por el velo más joven. ¡Quede entonces a mi espalda el Sol! Me paro a contemplar con creciente fascinación la catarata que atraviesa rápida el desfiladero. De salto en salto, forma ahora mil remolinos y luego se derrama en mil torrentes que borbotean lanzando al aire su espuma que cae sobre más espuma. Aprovechando esta caída, se tensa en bóveda, magnífico, el cambiante y permanente arco iris, tan pronto nítido como difuminado en el aire, que va difundiendo una lluvia fresca y olorosa. Con él se simboliza el esfuerzo del hombre. Reflexiona sobre éste y comprenderás que en el colorido reflejo de la luz está la vida.

*Este fragmento pertenece al Acto I de la Segunda Parte de la Tragedia.