"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



jueves, 31 de mayo de 2007

Aprendizaje

Al parecer, tras recuperarnos de una dura caída, aprendemos a levantarnos con mayor rapidez. Es entonces cuando las caídas dejan de ser tales y se convierten en escalones que nos permiten elevarnos y crecer.
No quiero dejar pasar la oportunidad para expresar mi más sincero agradecimiento a Luz, Mari, Mahatma y Fab por las palabras de aliento vertidas en el post anterior.

Luz: Con vos me siento particularmente en deuda por el apoyo que me brindaste en estos últimos días. El intercambio de mails, las breves charlas en el msn, el post dedicado, son esas pequeñas cosas cuyo valor intrínseco, sobre todo en estos momentos, es sencillamente inconmensurable. :)

Deseo compartir este extracto de un maravilloso texto medieval del siglo XII. Es un fragmento de Perceval, la Leyenda del Grial de Chretien de Troyes (1135 - 1190).

-Ahora discípulo, ¿serías capaz de repetir algunas de las cosas que has visto hacer?

-Más que eso, maestro. No querría vivir un instante más sin comenzar mi aprendizaje, y prometo solemnemente no tener tierras ni riquezas antes de haber dominado estas artes.

-Todo lo que no se sabe se puede aprender si se pone atención y dedicación -afirma el maestro-. La maestría en cualquier oficio reside en un esfuerzo conjunto de la mente, el corazón y los ojos; merced a ellos se puede llegar a dominar cualquier arte. Y si nunca lo has practicado ni lo has visto practicar a otros, quizás te resulte más sencillo que a quienes ya han adquirido técnicas equivocadas.

A continuación le hace colocar las espuelas y montar el potro, y el joven comienza a demostrar que podía embrazar el escudo y portar la lanza como si hubiera vivido toda su vida en medio de justas y torneos; y la razón es comprensible, porque aquella habilidad la había adquirido por naturaleza, aunque nunca la hubiera podido practicar.

Así que, una vez cumplida su propia ronda, regresa ante el noble, con el escudo a la espalda y la lanza apoyada sobre el arzón, como imponen las reglas, y pregunta:

-¿Lo he hecho bien, maestro? -pregunta ansioso-. ¿O pensáis que debo esforzarme más?

-Si escuchas a tu propio corazón, sabrás que lo has hecho bien. Ahora intentaremos algunas otras destrezas.

jueves, 24 de mayo de 2007

Putrefactio.




Voy a dejar de escribir en este blog y de comentar en otros por un cierto tiempo.
La verdad es que no estoy pasando por una buen momento. Algo me está sucediendo y no logro comprender cuál es la raíz del problema.
Hice un examen desastroso. La frustración que siento es enorme, mi nivel académico nunca había sido tan bajo.
Tenía un buen promedio, pero contingencias personales me condujeron a un pozo depresivo, del que afortunadamente, y con mucho esfuerzo, pude salir. Dejé de rendir por aproximadamente un año y ahora, cuando decido volver veo que ya no soy el mismo de antes. El examen anterior lo aprobé con un mugroso 6 y éste que acabo de rendir tengo posibilidad de aprobarlo únicamente con un excelente desempeño teórico, ya que la práctica fue deplorable. Sinceramente, no tengo ganas de presentarme, porque lo máximo a lo que podría aspirar es a un 4. Quiero volver a rendirla, en junio, si es que no decido abandonar la carrera antes..
Sé que no debería angustiarme por cuestiones superfluas, propias del plano más ilusorio de la manifestación, pero mi cerebro ya no funciona del mismo modo que hace un par de años y eso me preocupa.
Adiós a todos.

miércoles, 9 de mayo de 2007

Himno de la Perla

En estos días, por cuestiones académicas, no dispongo del tiempo necesario para redactar nuevos posts. Por este motivo, me limitaré a citar y transcribir textos tradicionales que se ajustan, desde luego, a las características del blog.

En esta ocasión deseo compartir este hermoso himno gnóstico de origen iranio y sirio, con una clara influencia neoplatónica. Está repleto de un increíble simbolismo y se narra de con una calidad magistral el descenso a los infiernos, con elementos típicos que más de uno sabrá reconocer. Es parte de un proceso por el que todos debemos pasar, un descenso y un retorno a los orígenes.

Acta Apostolorum Apocrypha, II, 2

Cuando era niño vivía en mi reino en la casa de mi padre,
y en la opulencia y abundancia de mis educadores encontraba placer,
cuando mis padres me equiparon y me enviaron desde Oriente, mi patria.

De las riquezas de nuestro tesoro me prepararon un hato pequeño,
pero valioso y liviano para que yo mismo lo transportara.
Oro de la casa de los dioses, plata de los grandes tesoros,
rubíes de la India, ágatas del reino de Kushán.

Me ciñeron un diamante que puede tallar el hierro.
Me quitaron el vestido brillante que ellos amorosamente habían hecho para mi,
y la toga purpúrea que había sido confeccionada para mi talla.

Hicieron un pacto conmigo y escribieron en mi corazón, para que no lo olvidara:
"Si desciendes a Egipto y te apoderas de la perla única
que está en el fondo del mar, en la morada de la serpiente que hace espuma,
vestirás de nuevo el vestido resplandeciente y la toga que descansa sobre él,
y serás heredero de nuestro reino, con tu hermano, el más próximo a nuestro rango."

Abandoné Oriente y descendí acompañado de dos guías,
pues el camino era peligroso y difícil, y era muy joven para viajar.
Atravesé la región de Mesena, el lugar de cita de los mercaderes de Oriente,
y alcancé la tierra de Babel y penetré en el reino de Sarbuj.

Llegué a Egipto y mis compañeros me abandonaron.
Me dirigí directamente a la serpiente y moré cerca de su albergue,
esperando que la tomara el sueño y durmiera, y así poder conseguir la perla.

Y cuando estaba absolutamente solo, extranjero en aquel país extraño,
vi a uno de mi raza, un hombre libre,
un oriental, joven, hermoso y favorecido, un hijo de nobles.
Y legó y se relacionó conmigo, y lo hice mi amigo íntimo,
un compañero a quien confiar mi secreto.
Le advertí contra los egipcios y contra la sociedad de los impuros.
Y me vestí con sus atuendos para que no sospecharan que había venido de lejos
para quitarles la perla e impedir que excitaran a la serpiente contra mí.

Pero de alguna manera se dieron cuenta que no era un compatriota;
me tendieron una trampa y me hicieron comer de sus alimentos.
Olvidé que era hijo de reyes, y serví a su rey;
olvidé la perla por la que mis padres me habían enviado
y a causa de la pesadez de sus alimentos caí en un sueño profundo.

Pero esto que me acaecía fue sabido de mis padres,
y se apenaron de mí y salió un decreto de nuestro reino,
ordenando a todos que vinieran ante nuestro trono,
a los reyes y príncipes de Partía y a todos los nobles del Oriente.
Y determinaron sobre mí que no debía permanecer en Egipto,
y me escribieron una carta que cada noble firmó con su nombre:

"De tu padre, el Rey de los reyes, y de tu Madre, la Soberana de Oriente,
y de tu hermano, nuestro más cercano en rango,
para ti, hijo nuestro, que estás en Egipto, ¡Salud!
Despierta y levántate de tu sueño y oye las palabras de nuestra carta.
¡Recuerda que eres hijo de reyes! ¡Mira la esclavitud en que has caído!
¡Recuerda la perla por la que has sido enviado a Egipto!
Piensa en tu vestido resplandeciente y recuerda tu toga gloriosa
que vestirás y te adornará cuando tu nombre sea leído en el libro de los valientes,
y que con tu hermano, nuestro sucesor, serás el heredero de nuestro reino"

Y mi carta, era un carta que el Rey selló con su mano derecha
para preservarla de los males, de los hijos de Babel y de los demonios salvajes de Sarbuj.
Voló como un águila -la carta-, el rey de los pájaros;
voló y descendió sobre mí y llegó a ser toda palabra.

A su voz y alboroto me desperté y salí de mi sueño.
La tomé y la besé, quité el sello y la leí;
y las palabras escritas en la carta concordaban con lo escrito en mi corazón
Recordé que era hijo de reyes, y libre por propia naturaleza.
Recordé la perla, por la que había sido enviado a Egipto,
y comencé a encantar a la terrible serpiente que produce espuma.
Comencé a encantarla y la dormí después de pronunciar sobre ella el nombre de mi Padre,
y el nombre de mi hermano y el de mi madre, la reina de Oriente;
y capturé la perla y me volví hacia la casa de mis padres.

Me quité el vestido manchado e impuro y lo abandoné sobre la arena del país,
y tomé el camino derecho hacia la luz de nuestro país, el Oriente.
Y mi carta, la que me despertó, la encontraba ante mí, durante el camino,
y lo mismo que me había despertado con su voz, me guiaba con su luz.
Pues la carta real de seda brillaba ante mi con su forma,
y con su voz y su dirección me animaba y me atraía amorosamente.

Continué mi camino, pasé Sarbuj, deje Babel a mi lado izquierdo,
y alcancé la gran Mesena, el puerto de los mercaderes,
que está al borde del mar.
Y mi vestido de luz, que había abandonado, y la toga plegada junto a él,
de las alturas de Hyrcania mis padres me la enviaban,
por medio de los tesoreros, a cuya fidelidad se los habían confiado,
y puesto que yo no recordaba su dignidad,
ya que en mi infancia había abandonado la casa de mi Padre,
de improviso, como los enfrentara,
el vestido me pareció como un espejo de mí mismo,
lo vi todo entero en mí mismo, y a mí mismo entero en él,
puesto que nosotros éramos dos diferentes,
y, no obstante, nuevamente uno en una sola forma.

Y a los tesoreros igualmente, quienes me lo traían,
los vi de semejante manera, ya que ellos eran dos, aunque como uno,
puesto que sobre ellos estaba grabado un único sello del Rey,
quien me restituía mi tesoro y mi riqueza por medio de ellos,
mi hermoso vestido bordado, que estaba ornado con gloriosos colores,
con oro y con berilos, con rubíes y ágatas, y sardónices de variados colores,
también había sido confeccionado en la mansión de lo alto,
y con diamantes habían sido festoneadas sus costuras.

Y la imagen del Rey de reyes estaba pintada en todo él,
y también como los zafiros rutilaban sus colores.
Y nuevamente vi que todo él se agitaba por el movimiento de mi conocimiento,
y lo vi como si se preparase a hablar.
Oí el sonido del canto que musitaba al descender, diciendo:
"Soy el más dedicado de los servidores
que se han puesto al servicio de mi Padre",
y también percibí en mí que mi estatura crecía conforme a sus trabajos.
Y en sus movimientos reales se extendió hasta mí,
y de las manos de sus portadores me incitó a tomarlo.

Y también mi amor me urgía para que corriera a su encuentro y lo tomara,
y así lo recibí, y con la belleza de sus colores me adorné.
Y mi toga de colores brillantes me envolvió todo entero,
y me vestí y ascendí hacia la puerta del saludo y del homenaje;
incliné la cabeza y rendí homenaje
a la Majestad de mi Padre que lo había enviado hacia mí,
porque había cumplido sus mandamientos y él también había cumplido su promesa
y a la puerta de sus príncipes me mezclé con sus nobles;
pues se regocijó por mí y me recibió, y fui con él en su reino.

Y con la voz de su oración todos sus siervos lo glorifican.
Y me prometió que también hacia la puerta del Rey de reyes iría con él,
y llevando mi obsequio y mi perla aparecía con él ante nuestro Rey.

"Fin del himno que cantó en prisión el apóstol Judas Tomas".


El texto fue tomado de http://www.servisur.com/cultural/textos.htm

viernes, 4 de mayo de 2007

Paradoja.

"La paradoja de la condición humana es que no hay nada que nos sea tan contrario como la exigencia de superarnos, y nada que sea tan esencialmente nosotros mismos como el fondo de esta exigencia o el fruto de esta superación."

(Frithjof Schuon, Las Perlas del Peregrino)

jueves, 3 de mayo de 2007

Soledad.

A partir de lo comentado por Luz con respecto a la soledad, consideré oportuno compartir estos fragmentos de un artículo más extenso, publicado en su momento por el genial metafísico tradicionalista francés René Guénon (1886 - 1951).

"...el hombre es naturalmente llevado a sufrir miedo ante lo que no conoce o no comprende, y este miedo se convierte en un obstáculo que le impide vencer la ignorancia, pues le obliga a huir del objeto en presencia del cual la comprueba y al cual atribuye la causa, cuando en realidad esta causa no está sin embargo más que en sí mismo."

...

"Todavía sin embargo es necesario explicar más completamente cómo el miedo deriva de la ignorancia, tanto más cuanto que hemos tenido recientemente la ocasión de constatar un error bastante sorprendente: hemos visto atribuir el origen del miedo a un sentimiento de soledad, y ello en una exposición que se basaba en la doctrina vedántica, precisamente cuando ésta doctrina enseña expresamente que el miedo es debido al sentimiento de la dualidad; y en verdad, si un ser estuviera realmente solo, ¿de qué podría tener miedo?

Se dirá quizás que podría tener miedo de algo que hubiera en si mismo; pero esto implica la existencia en él, en su condición actual, de elementos que escapan a su propia comprensión, y en consecuencia de una multiplicidad no unificada.

El hecho de que se encuentre o no aislado, no cambia por otra parte nada y no interviene en modo alguno en semejante caso."

...

"Lo cierto es que el ser que padece miedo busca la soledad, pero precisamente para substraerse del miedo; adopta una actitud negativa y se "retracta" como para evitar todo contacto posible con lo que teme, y de allí proviene sin duda la sensación de frío y los demás síntomas fisiológicos que acompañan habitualmente al miedo. Sin embargo esta forma de defensa irreflexiva es ineficaz, pues no deja de ser evidente que, haga lo que haga una persona, no puede aislarse realmente del medio en el cual está situado por sus propias condiciones de existencia contingente, y en tanto se considere como rodeado por un "mundo exterior", le es imposible estar enteramente al abrigo de su alcance."

"La causa del miedo no es otra que la existencia de otros seres, que, en tanto que son otros, constituyen ese "mundo exterior", o de elementos que, aunque incorporados al propio ser, no son menos extraños y ''exteriores'' a su conciencia actual. Pero "el otro'' como tal no existe sino por efecto de la ignorancia, puesto que todo conocimiento implica esencialmente una identificación. Se puede decir entonces que más un ser conoce, menos existe para él lo "otro" y lo "exterior", y en igual medida, la posibilidad del miedo, posibilidad por otra parte totalmente negativa, que queda abolida por el conocimiento. Finalmente, digamos que el estado de "soledad" absoluta (kaivalya), que está más allá de toda contingencia, es un estado de pura impasibilidad."

No es mucho lo que se podría añadir a estas palabras tan claras e iluminadoras, que dejan entrever una y otra vez el sello inconfundible y la sabiduría magistral de este gran Iniciado.
A modo de breve comentario, podemos agregar que la angustia, provocada por el sentimiento ilusorio de soledad, será inevitablemente fuente de dolor y sufrimiento, en tanto y en cuanto, sigamos observando desde la multiplicidad originada por la dualidad. Muchas veces nos sentimos aislados, aún permaneciendo en medio de una multitud. Es un camino paradójico y difícil de sobrellevar cuando intentamos caminar por encima del alma de la sociedad, como diría José Ingenieros. En la soledad, podemos aprender a conocernos, reencontrarnos con nuestra esencia, purificarnos y ver la unidad oculta detrás del Todo. No obstante, considero que también puede ser, en cierta medida necesario, además del trabajo interno y la búsqueda de la auto-realización, encontrar a ese ser que complemente nuestra vida a través del Amor. Desde luego, no es una prioridad, ni mucho menos, pero sin duda es una materia que todavía queda pendiente.