"¿Por qué huís cobardemente? Triunfad sobre la tierra, que en el cielo veréis la recompensa" (Boecio)



martes, 14 de agosto de 2007

La fuerza de la costumbre.

Los cambios no se detienen; la vida es esencialmente cíclica; todo fluye y refluye, se disuelve y se coagula, a través de la eternidad. El ascenso y el descenso no son lineales. Algunos cambios son más significativos que otros y nos sorprenden por su inconmensurable intensidad. Ante la incertidumbre del cambio, podemos quedar absortos, faltos de palabras, incapaces de transmitir esa experiencia inefable. Ése fue mi estado en los últimos días y lo sigue siendo actualmente.
Hoy quiero compartir este bello poema que antes creí entender, pero ahora es cuando realmente lo comprendo.

La fuerza de la costumbre.

¡Amé ya antes de ahora, mas ahora es cuando amo!
Antes era el esclavo; ahora el servidor soy.
De todos el esclavo en otro tiempo era;
a una beldad tan solo mi vasallaje doy;
que ella también me sirve, gustosa, a fuer de arnante,
¿cómo con otra alguna a complacerme voy?
¡Creer imaginaba, pero ahora es cuando creo!
Y aunque raro parezca y hasta vituperable,
a la creyente grey muy gustoso me adhiero;
que al través de mil fuertes duras contrariedades,
de muy graves apuros e inminentes peligros,
todo de pronto leve se me hizo y tolerable.
¡Comidas hacía antes, pero ahora es cuando como!
Buen humor y alegría bulléndome en el cuerpo,
al sentarme a la mesa todo pesar olvido.
Engulle aprisa el joven y se va de bureo;
a mí, en cambio, me place yantar en sitio alegre;
saboreo los manjares y en su olor me recreo.
¡Antaño bebí, hoy es cuando bebo a gusto!
El vino nos eleva, nos hace soberanos
y las lenguas esclavas desata y manumite.
Sí, sedante bebida no escatiméis, hermanos,
que si del rancio vino los toneles se agotan,
ya en la bodega el nuevo mosto se está enranciando.
La danza practiqué e hice su panegírico,
y en cuanto oía sonar la invitación al baile
ya estaba yo marcando mis honestas posturas.
Y aquel que muchas flores cortó primaverales,
por más que todas ellas a guardar no acertara,
siempre le queda, al menos, un ramo razonable.
¡Sus, y a la obra de nuevo! No pienses ni caviles;
que quien amar no sabe a las floridas rosas
solo encuentra después espinas que le pinchen.
Del sol, hoy como ayer, fulge la enorme antorcha;
de las cabezas bajas aléjate prudente,
y haz que tu vida empiece de nuevo a cada hora.

Johann W. Goethe


Poesía compuesta el 10 de abril de 1813, en Oschatz, en el curso del viaje a Bohemia, como réplica a la canción de Solwig "Antaño amé, ya no amo".

10 comentarios:

Renton dijo...

haz que tu vida empiece de nuevo a cada hora

Muy bello, pero qué terrible carga...

Hay una frase de Miguel de Unamuno que me encanta y que pone de nuevo toneladas de responsabilidad sobre los hombros de uno, es esta:
Vive de tal modo que morir sea una Injustícia...

Pues eso.

Mahatma dijo...

Hermoso!

Luz dijo...

No sé si lo entiendo del todo (no lo entiendo del todo, bah...) pero lo que entiendo me gusta...
Renacer a cada momento :)
Besos!

Luz dijo...

No sé si lo entiendo del todo (no lo entiendo del todo, bah...) pero lo que entiendo me gusta...
Renacer a cada momento :)
Besos!

Sahaquiel dijo...

Renton: Muchas gracias. Excelente frase de Unamuno! Gracias por compartirla. :)
Saludos.

Mahatma: Me alegra que te haya gustado.
Un abrazo!

Luz: De eso se trata la vida; muertes y renacimientos...
Dos besos, uno por cada mensaje... cuack!

Imadia dijo...

"que quien amar no sabe a las floridas rosas
solo encuentra después espinas que le pinchen."

Me quedo con eso. Hermosas palabras y muy ciertas por lo demás.

Sahaquiel dijo...

Imadia: Me alegra que te haya gustado. Gracias por pasar. =)
Besos!

Luz dijo...

tas mas vago que yo, je :P
besos!

Sahaquiel dijo...

Ando con poca inspiración :P
Beso! :)

Anonymous dijo...

ME PARECIO MUY BONITO